La ciudad creció sin ordenamiento

Comodoro Rivadavia: 300 personas siguen evacuadas y, por el riesgo, no pueden sacar sus pertenencias

Los recientes deslizamientos de tierra en barrios de Comodoro Rivadavia revelaron viejas advertencias técnicas. Se habían publicado ya en 2002, alertando sobre la inestabilidad geológica de los cerros de los alrededores. Especialistas señalan que el problema no es natural, sino urbanístico.

DESORDEN. Una ciudad que creció sin ordenamiento territorial Foto: GZA: Gendarmería Naciona / Municipalidad de Cdo Rivadavia

Durante años, el riesgo estuvo a la vista. Literalmente. En los cerros que rodean a Comodoro Rivadavia, en sus laderas intervenidas, urbanizadas y perforadas, y en una ciudad que creció más rápido que su planificación. Esta semana, el último derrumbe obligó a evacuar a 300 personas y dejó 500 viviendas afectadas. Y volvió a poner sobre la mesa una advertencia que no es nueva: el problema no fue el movimiento de tierras, sino la manera en que se permitió, y alentó, habitar esos territorios.

Según relataron los vecinos, y mostraron los medios, muchas viviendas sufrieron daños estructurales graves, con grietas grandes, que cortan paredes y pisos. Hubo derrumbes parciales y hundimiento de cimientos. En algunos casos, las casas quedaron directamente inhabitables.

 

 

Estos desplazamientos registrados hasta ayer y que impidieron el regreso de los evacuados a buscar sus pertenencias ante la posibilidad de más deslizamientos, no sorprendieron a los especialistas. Por el contrario, los memoriosos desempolvaron diagnósticos técnicos que llevan más de dos décadas escritos, señalando la inestabilidad geológica de sectores clave de la ciudad, en particular en torno al cerro Chenque y otras formaciones similares, donde la roca presenta fallas y planos de deslizamiento que, por acción de la gravedad, tienden a desplazarse con el tiempo.

Una ciudad en riesgo permanente

“Comodoro Rivadavia tiene un factor de riesgo permanente”, le dijo a PERFIL Fernando Álvarez de Celis, director ejecutivo de la Fundación “Tejido Urbano”. Álvarez de Celis es licenciado en Geografía, está especializado en economía urbana y trabaja temas de planificación desde hace años. 

El experto detalló que esa ciudad combina varios elementos críticos para esta problemática: lluvias escasas pero extremadamente intensas, asentamientos muy próximos a cerros con terrenos inestables y ausencia de planificación territorial sostenida. “Incluso”, recordó, “hay más de 60 pozos petroleros abandonados dentro del ejido urbano, algo que también contribuye a generar movimientos en el terreno”. De Célis sabe de lo que habla, ya que entre 2016 y 2019 fue Secretario de Planificación Territorial y Coordinador de la Obra Pública. Y fue -en el 2018- uno de los autores responsables del proyecto de “Código de ordenamiento urbano para Comodoro Rivadavia”.

“En 2002 el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) elaboró el ‘Estudio de Peligrosidad Geológica en el Barrio Sismográfico' y allí llegaba a conclusiones claras: “el principal problema del barrio es que se está extendiendo sobre materiales removidos naturalmente (depósitos de deslizamientos), que poseen gran cantidad de espacios abiertos subterráneos, producidos por el sublavado o erosión hídrica subsuperficial”.

 

 

Y advertía: "Esto seguramente originará hundimientos del terreno una vez que el mismo sea sometido a intensa urbanización, causando roturas en las viviendas, ductos y afectando todo el tendido de la red de servicios que el barrio requiera en un futuro”.

Pero Álvarez de Celis recuerda que “esa información no funcionó como límite y las autoridades locales siguieron alentando las urbanizaciones sin ordenamiento, incluso en las laderas de los cerros de la zona. Además, financiaron la extensión de los servicios básicos hacia estos barrios nuevos. Así se fueron consolidando asentamientos en zonas de riesgo alto

Desde su experiencia, el experto subraya que no se trata de sismos ni de eventos excepcionales, sino de procesos geológicos previsibles. “Los cerros están partidos, tienen fallas. Por su propio peso, por la gravedad, esas masas rocosas se van desplazando. No es una sorpresa: es algo que todos saben”, explicó. El problema aparece cuando ese movimiento impacta sobre viviendas, calles e infraestructura construidas en zonas donde nunca debieron emplazarse las personas.

La paradoja, señalan los especialistas, es que el Estado suele intervenir tarde y mal: responde a la emergencia, pero no al origen del riesgo. Se evacúa, se asiste, se prometen viviendas nuevas, pero rara vez se avanza sobre el núcleo del problema: el ordenamiento territorial. “Si el municipio no hubiera autorizado construir ahí, hoy no tendría que gastar millones en resolver una tragedia social”, sintetiza Álvarez de Celis.

En ese sentido, la experiencia de Comodoro Rivadavia funciona como un espejo incómodo para otras ciudades argentinas que crecen sobre humedales, en el cauce de los ríos, en Patagonia, en laderas de cerros con bosques inflamables o en los valles de inundación. El cambio climático, además, acelera y agrava todos estos procesos, al extremar períodos de sequía y tormentas que terminan en inundaciones, volviendo más frecuentes los eventos extremos y reduciendo el margen de improvisación.

El desafío, coinciden los expertos, es político y técnico a la vez: establecer límites claros, hacerlos cumplir y planificar el crecimiento hacia zonas de menor riesgo, aunque esas decisiones no resulten populares en el corto plazo. De lo contrario, la historia volverá a repetirse. Y la próxima vez, el cerro volverá a moverse y habrá barrios de ciudad que estarán donde no debían.

Cuando los asentamientos sin planificar crecen en zonas de riesgo

El cerro Hermitte forma parte de un conjunto de mesetas y laderas que estructuran el relieve de Comodoro Rivadavia, junto al Chenque y otras elevaciones sedimentarias.

Las capas del terreno de la zona están compuestas por areniscas, conglomerados, arcillas y sedimentos marinos, producto de antiguos procesos geológicos.

El suelo bajo los barrios Sismográfica, El Marquesado y Médanos contiene depósitos de antiguos deslizamientos, arcillas expansivas y cavidades subterráneas por erosión hídrica.

 

 

En 2002, el SEGEMAR identificó estos factores como de alta peligrosidad geológica, desaconsejando nuevas construcciones y recomendando controles urbanos específicos.

Pero la expansión urbana posterior, generada en buena parte por el auge del negocio del petróleo, se hizo en gran parte sin evaluaciones previas geotécnicas, con los nuevos asentamientos “creciendo” en las laderas de los cerros. Esto amplificó el riesgo inherente al asentamiento sobre materiales inestables.

Ayer, un equipo de técnicos del SEGEMAR volvió a reunirse con autoridades del municipio y advirtieron que “el proceso iniciado el 19 de enero aún no ha concluido y la situación deberá seguir siendo monitoreada, especialmente ante la llegada de la temporada de lluvias”. En ese marco, recomendó “mantener evacuaciones en sectores críticos, monitorear otras zonas y avanzar en un plan de acción que permita reaccionar con rapidez ante nuevos movimientos del terreno”.

Por su parte, el doctor en geología Nicolás Foix, docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco e investigador del CONICET, en una entrevista realizada este lunes en FM El Chubut, recordó que “la inestabilidad de la ladera sur de este cerro está documentada desde mediados del XX”. Y confirmó que es un lugar con riesgo geológico conocido desde hace décadas.