Un aliado que falta en la mesa argentina: por qué comer más pescado puede mejorar la salud
Rico en proteínas de alta calidad, vitaminas, minerales y ácidos grasos omega-3, el pescado reúne una combinación de nutrientes asociada con beneficios cardiovasculares y neurológicos. Las guías argentinas aconsejan incorporarlo al menos dos veces por semana.
Argentina es uno de los grandes productores mundiales de carne y sus habitantes mantienen una dieta fuertemente carnívora. Pero hay una proteína animal que aparece bastante menos de lo aconsejable en el menú: el pescado. Y la paradoja es que se trata de un alimento abundante en el país y con un perfil nutricional particularmente interesante.
Las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) recomiendan consumir pescado al menos dos veces por semana.
Una de las razones principales para ponerlo más seguido en el plato está en sus grasas. Los pescados, especialmente los denominados “azules” o grasos, aportan ácidos grasos omega-3, en particular EPA y DHA. Según una actualización publicada en mayo de 2026 por Mayo Clinic, estos nutrientes pueden contribuir a reducir ligeramente la presión arterial y disminuir los triglicéridos. Además, una dieta que incluya pescado al menos dos veces por semana se asocia con menor riesgo de enfermedad cardiovascular y, particularmente, de muerte cardíaca súbita.
La recomendación no es aislada. La American Heart Association (AHA) aconseja consumir al menos dos porciones semanales de pescado no frito, priorizando especies grasas como sardinas, caballa, arenque, salmón o atún, por su contenido de omega-3. La evidencia que sustenta sus recomendaciones relaciona el consumo habitual de pescado dentro de un patrón alimentario saludable con menor riesgo de enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular isquémico y muerte cardíaca súbita.
Pero el beneficio no termina en el corazón. El pescado aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales, mientras que EPA y DHA cumplen funciones importantes en el sistema nervioso. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) destaca que estos ácidos grasos de cadena larga se encuentran fundamentalmente en pescados y mariscos y recuerda el papel del DHA en el desarrollo cerebral, de la retina y de las funciones neurales. En su consenso de prevención cardiovascular en niños y adolescentes, además, recomienda pescado graso de mar para incrementar la ingesta de omega-3.
Para los argentinos, la recomendación tiene además una paradoja. El país posee una extensa costa marítima y una importante industria pesquera, pero tradicionalmente consume poco pescado. Datos oficiales utilizados para establecer la campaña nacional “Comé pescado argentino” estimaban un consumo aparente de apenas 4,8 a 5 kilos por habitante por año, muy por debajo del promedio mundial.
En contraste, durante 2025 cada argentino consumió en promedio casi 50 kilos de carne vacuna, cerca de 48 kilos de pollo.
No hace falta, además, recurrir exclusivamente al salmón importado. La oferta local incluye alternativas como caballa, anchoíta, sardinas y otros pescados y mariscos argentinos. La información oficial de la campaña “Comé pescado argentino” destaca que los pescados azules son especialmente ricos en omega-3 y señala que los mariscos también pueden aportar cantidades importantes de estos ácidos grasos. A eso se agregan proteínas, minerales y vitaminas.
También importa cómo llega al plato. Cocinarlo al horno, a la plancha, a la parrilla o al vapor permite aprovechar sus virtudes sin agregar grandes cantidades de grasas. Mayo Clinic señala específicamente que estas preparaciones resultan preferibles a la fritura. Y Senasa recuerda que el pescado debe adquirirse en establecimientos habilitados, conservar adecuadamente la cadena de frío y cocinarse bien, especialmente cuando será consumido por embarazadas, niños, adultos mayores o personas inmunosuprimidas.
¿Y el temor al mercurio? Es una precaución válida, sobre todo durante el embarazo y en los chicos pequeños, para quienes se recomienda evitar especies con concentraciones elevadas de este metal. Pero para la mayoría de los adultos, Mayo Clinic concluye que los beneficios de incorporar pescado como parte de una alimentación saludable suelen superar los riesgos derivados de los contaminantes, siempre que se elijan especies adecuadas y se mantenga una dieta variada.
En definitiva, sumar pescado un par de veces por semana puede ser un cambio relativamente pequeño en el menú, pero nutricionalmente significativo. Y en la Argentina supone además una curiosa oportunidad: comer más de un alimento que el país produce en abundancia, que sus propias guías nutricionales recomiendan y que, sin embargo, sigue ocupando un lugar bastante menor en la mesa que la carne vacuna, el pollo o el cerdo.
cp