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domingo 28 julio, 2019

Ciudadanos vigilados

El municipio bonaerense de Malvinas Argentinas anunció un nuevo Polo de Seguridad, que vigilará con 1.200 cámaras y cuarenta centros de control todos los barrios de la comuna

por Sergio Sinay

Control. Al Centro de Monitoreo en CABA, se le suma el Polo de Seguridad bonaerense. Foto: NA.
domingo 28 julio, 2019

El miércoles 24 de julio el municipio bonaerense de Malvinas Argentinas anunció con bombos y platillos un nuevo Polo de Seguridad, que vigilará con 1.200 cámaras y cuarenta centros de control todos los barrios de la comuna. Mientras tanto, el Centro de Monitoreo Urbano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta ya con 6 mil cámaras, con una pared de video de 3,30 metros de ancho por 1,80 de alto, cuatro plasmas de 50 pulgadas y cuarenta monitores LCD de 40 pulgadas. Su última incorporación es el sistema de reconocimiento facial. La gran tendencia del momento, tanto aquí como en el mundo, es enarbolar el tema de la seguridad para ejercer un control creciente sobre los centros urbanos y sus habitantes.

Las cámaras resultan lo más visible del fenómeno, aunque el control sobre la vida pública y privada de las personas llega a resquicios insospechados. Cada tecla que tocamos en nuestras computadoras o celulares, cada acceso a un buscador, cada visita a un sitio quedan registrados y dan lugar a un seguimiento y a un ciberacoso. Se nos abruma desde entonces con publicidad y “sugerencias” referidas a los temas buscados. Cada vez que usamos una tarjeta de débito o crédito ese uso pasa a integrar un inmenso “prontuario” en el que estamos “fichados” hasta en nuestros más mínimos movimientos. Qué compramos, en dónde, por cuánto, cuántas veces. Con quién nos comunicamos a través de las redes sociales, el mail o el teléfono, cuál es el contenido de los mensajes emitidos y recibidos. Se trata de capturar nuestros gustos, tendencias, intereses y, en temporada de caza electoral, también nuestras tendencias como votantes. Incluso la tarjeta Sube informa cuántas veces viajamos, en qué direcciones, dónde subimos y bajamos de los medios de transporte. Las aplicaciones que constantemente se nos incita a bajar son medios de engrosar los datos que vulneran nuestra privacidad y hurgan en nuestra intimidad pretextando mejores opciones de consumo y mucha más seguridad.

Vivimos rigurosamente vigilados. Nosotros, no los trenes, como en la excelente película checa Trenes rigurosamente vigilados, que dirigió Jiri Menzel en 1966, basándose en la novela de Bohumil Hrabal.

En aquel filme un muchacho tímido debía controlar que nadie atentara contra un tren vital para los nazis, mientras intentaba patéticamente seducir a la bella telegrafista de la estación. Corría 1945, y era el final de Hitler. Hoy es el principio del grado extremo de la sociedad de control, con los controlados seducidos por promesas de seguridad a cambio de libertad y de consumo global y fatuo a cambio de su subjetividad, su intimidad, su privacidad.

Lo cierto es que, mientras se suman cámaras, algoritmos y elementos de vigilancia y trazabilidad cada vez más sofisticados y sofocantes, los delincuentes siguen orondamente en lo suyo, el crimen y las noticias sangrientas continúan infectando pantallas y generando la paranoia que tanto conviene a la industria y al sistema de control. Como señala Zygmunt Bauman en su último libro publicado aquí, tras su fallecimiento en 2017 (El mal líquido, en coautoría con el politólogo lituano Leónidas Donskis), en las sociedades contemporáneas aumenta la seguridad policial mientras disminuye la seguridad social. Bullrich’s times.

En la era del capitalismo tardío y el neoliberalismo ideológico y económico, solo importa lo que es negocio. La seguridad lo es, la pobreza no. La educación mucho menos. La salud sí, por eso no está garantizada por el Estado y los ciudadanos quedan presos de sistemas privados y de una industria farmacéutica voraz que, por supuesto, no es objeto de ningún control, como los ciudadanos. Mientras tanto, el intendente de Malvinas Argentinas se ufanaba de haber invertido este año un 6% del presupuesto en seguridad. No es la excepción, sino la regla. Un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) dice, por otra parte, que, sumando todas las provincias y la Ciudad de Buenos Aires, el presupuesto en educación se redujo un 8% entre 2015 y 2016 para mantenerse constante en los años siguientes. Más control, menos educación, triste ecuación.  

 

*Escritor y periodista.


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