jueves 30 de junio de 2022
COLUMNISTAS encrucijada económica

¿Consenso o freezer?

Expectativas sobre cómo se resolverá la crisis del país. Veinte años después, el mismo problema.

17-12-2021 23:55

Veinte años después de los tristemente célebres 19 y 20 de diciembre de 2001, Argentina vuelve a estar en una encrucijada económica fatal, con el FMI como protagonista. La política cambió caras, aparecieron otros proyectos y otros actores, volvimos a tener un boom de las commodities histórico, y un gobierno no peronista terminó su mandato, pero no pudo mantenerse en el poder, y estamos transcurriendo un experimento político novedoso desde 1983: el Presidente que llegó al cargo sin haber construido un liderazgo propio previamente.

Desde 2001 tuvimos diez elecciones, de las cuales la mitad la ganó una fuerza, que no fue la que estaba en el poder (aunque técnicamente 2013 fue una victoria pírrica para el oficialismo). Pero a no engañarse: solo en dos de las cinco derrotas oficialistas el PBI se contrajo. Eso significa que la foto de actividad económica actual influye, pero la clave son las expectativas sobre lo que sucederá. Uno de los mejores ejemplos es lo que sucedió este año en la elección de medio término.

Todo tiene un aprendizaje, duro, complejo, pero el pasado continuo desactiva algunos futuros imperfectos. Nunca más volvimos a repetir la experiencia de tener un presidente de un partido y un gobernador bonaerense de otro. La única vez que sucedió, terminó mal. Luego de 2001 tuvimos dos crisis económicas profundas: la de 2018 / 2019, y la actual. Ninguna de las dos pone en riesgo la continuidad institucional. Algunas “jugadas” solo salen bien una vez. 

El kirchnerismo nunca había estado en el poder derrotado a nivel nacional por una coalición opositora consolidada (con muchos líos internos, vale señalar): en 2009 y 2013 hubo fragmentos que no pudieron consolidarse lo suficiente. Al mismo tiempo, es la primera vez que aquél Cambiemos gana después de salir del Gobierno con derrota. Otro aprendizaje para ambos. La muestra de este ensayo que decidió la ciudadanía es la dificultad para aprobar el Presupuesto 2022. 

Ninguna de las dos coaliciones sabía muy bien de entrada qué le convenía hacer. El oficialismo ¿prefería no tener Presupuesto y seguir ejecutando con libertad por decreto, o parecer más prolijo ante el FMI buscando un consenso (se lo pidió el vocero del organismo esta misma semana)? A la oposición ¿le convenía más colaborar desde la abstención mostrando “responsabilidad”, o propinarle una derrota al Gobierno votando en contra? 

El final del primer acto ya está escrito: el Gobierno se quedó sin su Presupuesto por ahora. Éste es el verdadero resultado electoral. Cuando se huele a cadáver, los sepultureros no esperan al certificado de defunción. Con esto el Gobierno redondea una mala semana. La Corte anuló la conformación del Consejo de la Magistratura, la inflación cede poco, la Fed tiende a aumentar la tasa en los EE.UU. y el FMI dijo que la cosa viene para largo. 

 El Gobierno se quedó sin su Presupuesto. Éste es el verdadero resultado electoral

Esto deja mucha tela para cortar. El Gobierno seguirá gastando por decreto, pero ése no es el punto. Una administración que no puede imponer su agenda luce desempoderada, con todo lo que eso significa para los mercados, los empresarios, los opositores, el FMI y los propios aliados. Sobre todo, estos últimos, ya que a todos los otros se sabía que no le iban a hacer gracia. 

La lógica del poder es impiadosa: ¿qué conclusiones sacarán ahora los intendentes “salvadores”, los gobernadores y los sindicalistas? ¿De quién fue el error, si es que no fue un error buscado? ¿Qué sirve más: una victoria legislativa negociada o una derrota “con épica”? Esta pregunta tiene una respuesta concreta: el 14 de noviembre. El electorado ya dijo lo que tenía que decir. No hay plaza ni discurso que lo cambie.

Para ir más a fondo, veamos un par de datos. Justo antes de la elección general, en la provincia de Buenos Aires, nuestro sondeo indicaba que el 61% consideraba necesario el acuerdo con el FMI y el 18% imprescindible, solo el 9% lo veía innecesario. El 60% de los que votaban a Tolosa Paz lo veía necesario y el 21% imprescindible, solo el 13% lo creía innecesario. Es decir, no hay sustento en los propios votantes para hacerse el revolucionario (Perón entendió esta característica de la cultura política argentina hace escasos 75 años).

¿Fue entonces, éste un acto intramuros del oficialismo y de paso fomentan la grieta, elevando las acciones de los halcones de la oposición? ¿Guzmán recibió así fuego amigo, “sin querer, queriendo”? Muy probablemente. Lo cual no significa que tenga sentido. A las decisiones políticas se las debe analizar y tomar viendo la integralidad del cuadro, no solo el efecto de corto plazo. 
Seguimos con los interrogantes. ¿Acaso el kirchnerismo pensó “para qué voy a sacar Presupuesto ahora, si la negociación con el Fondo viene lenta. De esta manera, gobierno, gasto por decreto y lo vemos en marzo”? El problema es que la negociación avanza si hay Presupuesto razonable, no al revés. La versión de Presupuesto que le cierre al organismo de crédito no podrá ser tan ficticio como éste que se cayó. De modo que lo que sirve no es esto, y si esto se votaba tampoco serviría. 
Al haber algún oxígeno de dólares en el verano con la cosecha récord de trigo, algunos creen que se puede seguir estirando la negociación casi hasta el infinito, dado que luego empalma con “el trimestre de oro” en materia de divisas, y así nos vamos a mitad del año que viene. El FMI no tiene problema mientras le sigamos pagando. Se supone que alguien hizo las cuentas bien finas. “Puede fallar”, diría Tu Sam.

Teniendo en cuenta el resultado de la votación en Diputados ¿podrá el Gobierno impulsar su reforma de la Justicia, la modificación de la Suprema Corte, la reconfiguración del Consejo de la Magistratura o la mayoría para nombrar al Procurador? Difícil. 

Cuando se conocieron los resultados electorales del 14 de noviembre, se abrían dos escenarios para el Congreso: 1) consenso, o 2) freezer. Si empieza así, la segunda alternativa podría imponerse finalmente, ya que a nadie le convendría que el Parlamento funcione. Nadie avanza, pero nadie paga costos. Salvo la Argentina, claro.