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De amor y hambre

“Estaba pensando qué mundo extraño es este, donde tiene que estallar una guerra para que un tipo tenga una segunda oportunidad”.

julian Maclaren Ross 12082018
Julian Maclaren-Ross. | Cedoc

“Estaba pensando qué mundo extraño es este, donde tiene que estallar una guerra para que un tipo tenga una segunda oportunidad”. La frase es de Richard Fanshawe, cuando ya faltan pocas páginas para terminar De amor y hambre, la novela de Julian Maclaren-Ross de la que él es protagonista absoluto. Tengo una tesis: por más sofisticado que sea un libro, por más abarcador que intente serlo –el Ulises, La montaña mágica–, lo que hace que funcionen esa maquinarias elefantiásicas es que en el fondo esconden siempre una historia de amor.

Tengo otra tesis: los personajes, como los seres de carne y hueso, tienen una vida útil y después perecen como una computadora obsoleta. Lo difícil es capturarlos mientras están vivos. Maclaren-Ross lo logra. Contemporáneo de cierta aristocracia de las letras inglesas, escribe con una potencia lírica pasmosa, con una habilidad para los diálogos fuera de serie. La historia de De amor y de hambre es sencilla:

Un tipo –Fanshawe– recibe el encargo de un amigo de cuidar a su esposa mientras este se embarca para trabajar en un crucero. Ambos trabajan vendiendo aspiradoras y no venden ninguna. De ahí el hambre. Y el amor es la concreción del “regalo envenenado” –Lacan dixit– que recibe Fanshawe de su amigo, enamorándose de Sukie, la mujer en custodia. La novela sucede entre hoteles de mala muerte, caminatas, cigarillos y peleas. Es heredera de la genial Down and out in Paris y London, de George Orwell.

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Maclaren-Ross se enamoró perdidamente de la mujer de Orwell hasta que murió a los 52 años envuelto en una enfermedad paranoica

A propósito, Maclaren-Ross se enamoró perdidamente de la mujer de Orwell hasta que murió a los 52 años envuelto en una enfermedad paranoica. La edición que yo tengo de esta novela es de Sudamericana y la solapa parece escrita por un ensayista genial. Ahora hay una reedición de La Bestia Equilátera que está en librerías. Orwell resurge en Ross y Ross cruza el océano y, dejando el dandismo de lado, se convierte en Charles Bukowsky. Ya lo dijo Bajtín: “Nada muere para siempre, todo sentido tendrá su fiesta de retorno”.