jueves 24 de junio de 2021
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05-06-2021 23:35

El efecto Berglas

05-06-2021 23:35

Todo truco tiene una explicación. Los prestidigitadores lidian todo el tiempo con pequeños traidores que de vez en cuando develan sus secretos, cosa que en muchos casos contribuye si no al derrumbe, sí al decaimiento de la fama de algunos. Pero el caso de David Berglas es otro: nadie consigue explicar un truco suyo.

Beglas es un conocido ilusionista británico de ascendencia alemana que escapó con sus padres de la Alemania nazi a los 11 años. Sus inicios en la magia datan de 1947, y solo tres años después creó lo que aún se conoce como “el efecto Berglas”, llamado también “el Santo Grial de la cartomagia”. Berglas tiene 94 años y sigue afirmando que no puede revelar el secreto de su truco, porque según él no se trata de un secreto en sentido estricto.

El truco de Berglas es muy similar a casi todos aquellos en los que el ilusionista le pide a una persona que elija una carta y un número, por lo general entre 1 y 52. Por ejemplo, alguien elije una reina de trébol y el número 22. El ilusionista, que tiene un mazo de cartas en la mano, muestra que la carta 22 es precisamente la reina de trébol. En inglés este tipo de juego se conoce como ACAAN, que es el acrónimo de Any Card at Any Number (“cualquier carta en cualquier número”). Los ACAAN existen desde hace siglos con muchísimas variantes y cualquier verdadero ilusionista tiene al menos uno en su repertorio. 

Hace un par de semanas el periodista David Segal escribió sobre Berglas en el New York Times, diciendo que a veces al espectador se le pide que escriba el número, otras que mezcle el mazo, pero entre todas las diferencias hay siempre un aparentemente imprescindible hecho común: en cierto momento, el ilusionista toca las cartas. Puede ser un toque imperceptible de apariencia totalmente inocua, pero las toca. El secreto de Berglas reside en que no las toca nunca.

En la mayoría de los casos es probable que el ilusionista haga su truco porque sabe de memoria dónde está cada carta, y manipulando el mazo con destreza puede hacer que esa carta termine donde él quiere. En el caso de Berglas, la explicación más simple podría ser que quien elije la carta es un cómplice suyo, pero el propio Berglas responde a Segal que acusar a un ilusionista de haber usado un cómplice para un ACAAN es un poco como acusar a un atleta de haberse drogado: algo que roza la infamia.

No hay una explicación para el efecto Berglas. Hay un libro de más de 400 páginas, publicado en 2011 y escrito por Richard Kaufman que se titula, justamente, The Berglas Effects. “Efectos”, no “efecto”, porque la tesis del libro es que Berglas usa una combinatoria de estrategias, supeditadas al contexto y al público. Al parecer Berglas utiliza una serie de técnicas y mecanismos mentales para hacer que cierta persona termine eligiendo determinada carta y determinado número. 

David Segal se puso en contacto con Berglas y fue a verlo a su casa londinense.  Segal cuenta que durante su conversación, Berglas le pidió que eligiera una carta y un número. Segal eligió el 7 de diamante y el 44. Luego Berglas siguió hablando de otra cosa, como si nada. Llegado a un punto, Segal le pidió ser testigo de una performance, pedido al que Berglas reaccionó fastidiado y con indignación, explicando que le resultaba una descortesía que alguien fuese a su casa a pedirle una exhibición privada. Incluso se enojó. 

Segal se disculpó y de pronto Berglas le pidió que abriera un cajón y sacara de él tres mazos de cartas, que estaban allí desde hacía mucho tiempo. Berglas le pidió que eligiera un mazo y buscara en él la carta número 44. Pero la carta 44 no era el 7 de diamantes. El 7 de diamantes era la carta 43.