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COLUMNISTAS / opinion
domingo 3 noviembre, 2019

¿El pueblo nunca se equivoca?

por Jorge Fontevecchia

Ganadores 2015/2019. Foto: cedoc

Perón, en su discurso ante el Congreso de Filosofía en 1949, dijo: “Alejandro, el más grande general, tuvo por maestro a Aristóteles. Siempre he pensado entonces que mi oficio tenía algo que ver con la filosofía”. Continuamente repetía: “El pueblo nunca se equivoca” y, como buen lector de filosofía, seguramente estaba influenciado por el idealismo histórico de Kant, la noción de progreso y su ejemplo de la Revolución Francesa como tesis, el terror que generó después como antítesis y la creación de la democracia posterior como la síntesis.

Aquella extensa exposición de Perón en el Congreso de Filosofía que luego se editó como La comunidad organizada en formato de libro, constaba de veintitrés capítulos y el último se titulaba “Sentido de proporción. Anhelo de armonía. Necesidad de equilibrio”. Terminaba diciendo: “El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad”.

El rechazo tanto a Cristina en 2015 como a Macri en 2019 habría creado el albertismo que pronostican

“El pueblo nunca se equivoca, ni siquiera cuando se equivoca…”, escribió Hernán Brienza en su Carta de un periodista argentino, apesadumbrado por el triunfo de Macri en 2015, un texto premonitorio en varios aspectos que finalizaba diciendo: “Volveremos, como hicimos siempre”.

El pueblo, cuando se equivoca (muchas veces lo hizo, como con Hitler, el extremo máximo), “necesitaría” cometer ese error para aprender y/o para que aprendan otros pueblos con su fallido ejemplo. El fracaso sería un proceso necesario para el éxito, terapia y aprendizaje ineludibles para producir una síntesis

Verdadero es lo útil. “La única verdad es la realidad”, otra de las frases repetidas de Perón, era una cita de Aristóteles. El resultado de las elecciones del domingo anterior sigue esa lógica. Si Macri hubiera ganado, la protesta social posiblemente habría estallado sin contención. Macri además no hubiera podido llevar adelante las reformas que su visión económica precisaba ni hubiera sabido instrumentar otra economía. Como dijo en julio antes de las PASO Guillermo Calvo, el economista que previó la crisis de México en 1994, un gobierno peronista podría “aplicar el ajuste con apoyo popular, culpando al gobernante previo”. Un gobierno peronista, concluyó, “es lo mejor que le puede pasar al país”.

Para Macri, el resultado de estas elecciones pudo ser lo mejor que le podía pasar. Perdió, pero por una diferencia tanto menor a lo previsto que le permite hoy retirarse mejor de lo que esperaba y aspirar, aparte de las zozobras judiciales que pueda enfrentar, a descansar más allá de su declamada intención de ser el jefe de la oposición. La cara distendida de Macri recibiendo a Alberto Fernández el día después de las elecciones parecía representar, independientemente de la pose sonriente guiada por el marketing político, una muestra del peso que se sacó de encima, la mochila de plomo que ahora cargará Alberto Fernández. Y que Macri haya alcanzado el 40% hasta puede serle positivo al Frente de Todos para mantenerlo unido, porque si hubiera ganado por mucho la soberbia podría haberlos tentado a más peleas internas.

 La misma lógica es aplicable a las elecciones de 2015. El kirchnerismo ya estaba sin salida, entrando en lo que Marx llamaba el ciclo de farsa. Solo alguien con la popularidad deportiva del Macri de entonces podía juntar los votos de una parte de la clase baja necesarios para vencer al peronismo en un ballottage; parafraseando a Guillermo Calvo, “era lo mejor que le podía pasar a aquel país”. Macri fue también lo mejor para el peronismo, pudo volver a unirse y volver a ganar cuatro años después.

Si el pueblo no se equivocó al rechazar al kirchnerismo en 2015 y al macrismo en 2019, le toca a Alberto Fernández ser la síntesis de la tesis y antítesis que Cristina Kirchner y Mauricio Macri representan en la actual sociedad argentina. Las fotos civilizadas de Macri con Alberto Fernández y las de María Eugenia Vidal con Axel Kicillof podrían ser señales de un proceso de digesto social de amalgamamiento. De ser así, se estaría produciendo el triunfo cultural de la tercera vía (la síntesis es un proceso de tres pasos). Suena demasiado bueno para una Argentina que viene sufriendo décadas de fracasos y es lógico desconfiar, pero no es imposible que el devenir comience a ser positivo algún día y se haga realidad el eslogan de la campaña de publicidad de Mercado Libre durante las elecciones: “Lo mejor está por venir”. Empresa paradójicamente propiedad de un empresario confeso macrista, Marcos Galperin, el primer empresario que recibió Alberto Fernández después de su triunfo en las PASO (ver reportaje en página 36).

Mercado Libre es otra paradoja argentina: es la única empresa incluida en el ranking de las 25 mayores empresas del mundo que no es ni de Estados Unidos ni de China. Mercado Libre hoy vale 30 mil millones de dólares y fue fundada hace solo veinte años por Galperin mientras era estudiante universitario de posgrado, un caso comparable con el del fundador de Amazon, Jeff Bezos, o el fundador de Microsoft, Bill Gates. Más meritorio aún en el mercado latinoamericano, que representa solo el 6% del comercio mundial y que, además, se trate del éxito de un argentino, cuando el país acumula la mayor cantidad de fracasos económicos.

Que vengan tiempos de síntesis o de repetición hará toda la diferencia. Síntesis es una palabra de origen griego que significa composición, como sucede en la química, pero en filosofía hace de la integración de lo unido algo de mayor valor. Para Kant no hay conocimiento sin síntesis, conocer es sintetizar. La producción de síntesis tiene un carácter creador, al unir se produce lo unido. Es trascendente: no hay progreso sin síntesis. La síntesis no deja la realidad como era sino que la transforma, haciendo a los yuxtapuestos –en este caso el “matrimonio” de Cristina Kirchner y Mauricio Macri– mutuamente engendrables.

No hay progreso sin síntesis. La síntesis no deja la realidad como era, la transforma en algo nueva. Es creadora.

La dialéctica hegeliana es la piedra angular del positivismo. ¿Lo mejor estará por venir, como sostiene el eslogan del aviso de Mercado Libre?


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