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COLUMNISTAS / opinion
sábado 27 julio, 2019

Fernández, su karma y el periodismo

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por Jorge Fontevecchia

Otra semana agitada con la prensa. Mario Pereyra lo llamó mentiroso en Córdoba (foto), un video muestra que mintió en 2018, y con Morales Solá dio datos incorrectos. Foto: cedoc

El karma acompaña a todo el kirchnerismo. Cada semana el conflicto de Alberto Fernández con el periodismo genera varios nuevos capítulos. Esta semana fueron tres. El primero fue la discusión con Mario Pereyra, emblemático conductor de la radio Cadena 3 de Córdoba, un prócer en su provincia, al punto de que Lavagna dijo que el único lugar donde su candidatura presidencial por el radicalismo le ganó al kirchnerismo en 2007 fue en Córdoba, gracias a Mario Pereyra.

El video de Alberto Fernández derribando a quien lo insultaba sufrió autocensura en algunos portales

Probablemente Alberto Fernández no sabía con quién estaba hablando. Pereyra no solo es el conductor del programa de radio que escucha el 85% de los cordobeses desde hace 35 años y la persona que encabeza todas las encuestas de valoración en su provincia, sino también quien rechazó la oferta de decenas de millones de dólares que le hizo Electroingeniería en el apogeo del kirchnerismo para comprarle Cadena 3 (es uno de sus fundadores), cuando en Buenos Aires Cristóbal López compraba las radios de Daniel Hadad. Para Mario Pereyra, su medio de comunicación no es un negocio, es lo que da sentido a su vida y a los 75 años, todos los días, sin tomarse vacaciones, conduce de 8 a 12 de la mañana su programa Juntos, para volver a la tarde y quedarse hasta la noche cumpliendo su función de director artístico de Cadena 3. Esa autonomía de estar más allá del beneficio económico le permite expresar lo que piensa, y en este caso decirle mentiroso al candidato a presidente que marcha primero en las encuestas.

Alberto Fernández luego volvió a los estudios de TN para ser entrevistado por Joaquín Morales Solá, generando otra controversia al decir que el déficit fiscal que dejó Cristina Kirchner fue de solo 1,8% del Producto Bruto y ahora Macri lo elevó a 6%, cuando el déficit de 2015 fue del 5,9 (3,9% primario más 2% de intereses) y el de 2019 será del 4% (1% primario y 3% de intereses) y sí fue el 6% en 2018 (2,6% primario y 3,4% de intereses). Dujovne aprovechó a contestarle diciendo que, además, al déficit nacional de 2015 hay que agregarle el déficit de las provincias, totalizando así el 8% mientras que ahora las provincias no tienen déficit; entonces la comparación es 8% en 2015 contra 4% en 2019, la mitad de déficit.

Y el tercer episodio fue la difusión del video donde Alberto Fernández empuja con el pecho a una persona que lo estaba insultando mientras que cuando se produjo el hecho, el año pasado, había dicho que la persona se cayó sola. Lo interesante del caso del video es que lo dieron todos los portales noticiosos excepto los de Clarín y TN, una señal inequívoca respecto de lo mismo que denuncia Cristina Kirchner y un anticipo de lo que podría ser un conflicto entre el presidente y su vicepresidenta si la fórmula Fernández-Fernández fuera electa.

Cristina Kirchner, en el acto de presentación de su libro esta semana en Mar del Plata, denunció que el “blindaje mediático” de los principales medios a Macri es comparable al de la dictadura: “Es tan obsceno el blindaje mediático que tienen Macri y Vidal que, como en otras tristes épocas, para entender lo que pasa en nuestro país y en la provincia de Buenos Aires hay que recurrir a la prensa internacional”.

Cualquier blindaje mediático merece crítica pero la vara debería ser la misma para todos. El sábado pasado, el Buenos Aires Times publicó un suplemento en homenaje al valiente periodista Andrew Graham-Yooll recientemente fallecido (ver http://bit.ly/graham-yooll-memoriam). En una de sus notas se recuerda un párrafo que Graham-Yooll escribió cuando el “huevo de la serpiente” estaba incubando, que decía: “Censura por ley o autocensura, ¿qué es peor? Probablemente esto último (...) el acto de suprimir voluntariamente la información o retener los hechos que se teme que podrían generar hostigamiento hace que el escritor, artista o editor sea moralmente corrupto. Difunde la apatía, sofoca la conciencia y mata la obra”. Agregó: “La censura en Argentina no es un pecado del Estado, sino una enfermedad de la sociedad. La cura es ponerse de pie y gritar la advertencia de que la podredumbre está dentro, que la verdad debe ser contada en su totalidad, incluso si se teme por la propia seguridad al gritar demasiado fuerte” (segundo volumen de Index on Censorship, 1973).

El obsceno blindaje mediático que Cristina condena para Macri y Vidal podría incluír a Alberto Fernández

En los años 70, el periodismo había llegado a su cénit con Watergate. En estos tiempos posmodernos pocos le piden al periodismo que arriesgue su vida por una verdad cada vez más inasible; de cualquier forma, haber defendido mentiras sistemáticamente es un karma que al kirchnerismo le será difícil superar.


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