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COLUMNISTAS / deuda incobrable
domingo 9 junio, 2019

Futuro sin porvenir

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por Sergio Sinay

Fernández - Fernández. Para ellos, el pasado parece ser manipulado por el oficialismo. Foto: NA.

Para comprender un evento o un fenómeno que las afecta las sociedades humanas necesitan integrarlo en una sucesión lógica y cronológica, en una línea de tiempo que enraíza en el pasado, retoma al pasado en el presente y desde ahí articula el futuro. Esta idea del antropólogo francés Marc Augé merece ser tenida muy en cuenta, sobre todo en momentos en que una sociedad (en este caso la nuestra, ante un evento electoral) transita un tramo esencial de esa articulación. Pasado, presente y futuro son mucho más que una simple línea temporal, dice Augé, quien reflexiona sobre esto en dos de sus libros: ¿Qué pasó con la confianza en el futuro? y Futuro. El futuro es genérico, se refiere al tiempo próximo sin especificarlo, como una simple consecuencia del existir. Pero además, está el porvenir. En este caso el tiempo hacia el cual avanzamos toma la identidad de los eventos que planificamos o soñamos. Mientras la noción de futuro es meramente descriptiva y cronológica, la idea de porvenir es simbólica e inspiradora.

En momentos de crisis y oscuridad nos hacemos preguntas por el futuro y hasta llegamos a concluir que no lo tenemos, que el país no lo tiene. Pero no es así. Tiene futuro, simplemente porque el tiempo es inconmovible y sigue su marcha. Y tiene pasado, simplemente porque antes de hoy acontecieron otros eventos que conformaron y configuraron la realidad actual. La cuestión es si el pasado resulta apenas una efeméride, una excusa, un refugio para fugar del presente, un mito o un relato manipulado. Para la fórmula Fernández de Kirchner (Alberto)-Fernández de Kirchner (Cristina) pareciera ser lo último mencionado. Para el oficialismo, en cambio, el pasado asoma como la fuente de todos los males y casi merecería ser suprimido. Pero de un pasado manipulado u olvidado (ver el libro Sinceramente o la súbita y preocupante amnesia del candidato Alberto Fernández de Kirchner) no puede nacer un presente confiable.

Un pasado al que se le atribuyen todas las culpas difícilmente permita entender los descalabros actuales.

Mientras tanto, aguarda el futuro. Y no con buen pronóstico, más allá de que será cronológicamente inevitable. No hay futuro sin porvenir, escribe Marc Augé. No basta con que el tiempo avance, en esa marcha debe haber visiones inspiradoras, anuncios de sentido. Volver al pasado no es inspirador y resulta antinatural, no es ése el curso de la vida, el inconsciente colectivo no lo admite. A su vez saltarse el presente y sus circunstancias pretendiendo llegar a un futuro mágico a caballo de un optimismo bobo, es irreal. Relato infantil en boca de adultos que tienen una responsabilidad ante el país que gobiernan o pretenden seguir gobernando.

“La democracia no tiene por finalidad lograr la felicidad de todos, sino crear condiciones de posibilidad para cada uno eliminando las fuentes más evidentes de infelicidad”, escribe Augé. Y agrega: “Un porvenir deseable para todos es aquel en el cual cada uno podría administrar su tiempo y dar sentido al futuro al individualizar su porvenir”. De esto no se habla, esto no aparece en el miserable escenario de la política argentina, todo esto se remplaza por un obsceno festival de chicanas y transacciones en las partidas de truco (y trucos) electoralistas en las que gana el que miente más y mejor. Para estos jugadores, llámense como se llamen y pertenezcan al partido, alianza, coalición, frente o movimiento al que pertenezcan el futuro se limita a octubre (o al ballottage de noviembre) y el porvenir es ajeno a su naturaleza que, como la del escorpión, no cambia.

Arthur Clarke (1917-2008), novelista, científico y explorador espiritual, autor del guión de 2001, odisea del espacio, la imperecedera película de Stanley Kubrick, señaló alguna vez: “El futuro ya no es lo que solía ser”. Perfectamente aplicable a nuestro presente, en el cual el futuro se anuncia como carente de porvenir. Cuando eso ocurre, señala Augé, la existencia se torna inimaginable. Y justamente imaginar un porvenir es la gran promesa incumplida de la política argentina, actividad a cargo de deudores morosos e incobrables.

 

*Periodista y escritor.


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