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viernes 29 mayo, 2020

La cuarentena sin fin

Atreyu, Falkor y La historia sin fin, un clásico de todos los tiempos. Foto: Cedoc Perfil
viernes 29 mayo, 2020

Me llega una foto de Alberto montado sobre Falkor, el dragón volador del hit juvenil La Historia sin fin (1984). Alberto sonríe en el rol del héroe Atreyu, mientras Falkor es el Estado que sobrevuela con ojitos somnolientos el mundo asediado por la plaga más mortífera, porque es metafísica: La Nada que avanza imparable sobre el universo, que otros llaman Fantasía. El contexto ochentero está intacto: hiperinflación pronosticada, importaciones nulas, billetes rojinegros que parecen australes, sensación de regresión. El meme reza: La cuarentena sin fin.  

La Historia sin fin es una alegoría sobre la depresión, sobre la oscuridad que acecha y busca devorar los pensamientos, cubrirlo todo de tinieblas. “¡No tengas pensamientos tristes!”, le dice Atreyu a su caballo blanco, que se hunde en las arenas movedizas de La Nada, sin poder ayudar a su amigo. “¡Angustioso es que el Estado te abandono!” agrega Alberto –como si bastara con definir la angustia para que cese– mientras conjuga el verbo en primera persona; en ese lapsus, Alberto dice el Estado soy yo, soy yo que te abandono (o no). La frase de Luis XIV naturalizada en pandemia y superyó.

La mirada del Estado Falkor mezcla omnipotencia e incapacidad: promueve la fantasía –imposible de cumplir– de que está en su mano, sin intermediarios, la dación de bienestar. Sobrevuela somnoliento el territorio sumido en el encierro, atenazado por algo peor que el virus, la angustia de no saber qué pasa después. En otros países, la cuarentena sirvió para dotar los hospitales de insumos para poder atender a los enfermos cuando, pasado el shock pandémico inicial, se pasara al desconfinamiento: pero en Argentina, el paradigma es confiarse a esa mirada de Falkor que ahora puede en teoría llegar a todos lados, verlo todo. “Angustia es enfermarse”, abunda Alberto; en efecto, la gente se enferma de otras cosas y no puede ir a atenderse por el parón brutal. Pero no molesten con su angustia, porque el Estado siempre sabe más: es el superyó que habla y te salva. 

En la película, el lobo Gmork le dice a Atreyu: “¿No sabés nada de Fantasía? Está hecha de los sueños y las esperanzas de la humanidad... Ahora está muriendo porque las personas perdieron la esperanza. Y las personas sin esperanza son fáciles de controlar.” Entonces Atreyu, casi Juan Dalhmann en “El Sur” de Borges, empuña el cuchillo y grita: “Si vamos a morir, que sea peleando”.


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