Autores como Kurzweil y Harari, que proyectaron el impacto de la revolución tecnológica, anunciaron hace años que los seres humanos llegaríamos a ser inmortales dentro del siglo XXI. Se referían en realidad a la prolongación radical de la vida, concepto que hoy se denomina extensión de la vida saludable. Esta posibilidad ha dejado de ser ciencia ficción, es un campo de inversión masiva que, en el año 2026, recibirá más de 740 mil millones de dólares. El mercado de la longevidad es amplio y abarca desde biotecnología avanzada hasta suplementos y medicina preventiva.
Una de las líneas de trabajo que ha anunciado grandes progresos recientemente es la recuperación de células viejas. Esta labor se inspira en los descubrimientos de Shinya Yamanaka, ganador del Premio Nobel de Medicina en 2012, quien halló que las células maduras pueden reprogramarse a un estado de célula madre, logrando así “rebobinar” el reloj biológico de las células adultas. Este año ya han comenzado los primeros ensayos clínicos en humanos para tratar enfermedades como el glaucoma, “rejuveneciendo” el nervio óptico mediante reprogramación en vivo.
Por otro lado, se necesita eliminar las células senescentes. A medida que envejecemos, algunas células dejan de dividirse pero no mueren, emitiendo toxinas que inflaman y envejecen los tejidos circundantes. En este ámbito, se ha avanzado en la creación de fármacos diseñados para eliminarlas.
Se necesita eliminar las células senescentes. A medida que envejecemos, algunas células dejan de dividirse, pero no mueren emitiendo toxinas que envejecen los tejidos
Medicina de precisión. Gracias a la inteligencia artificial, actualmente es posible analizar el genoma, el epigenoma y el proteoma de una persona en tiempo real. Hay herramientas que permiten medir la edad biológica exacta del individuo –que puede diferir de la cronológica– para probar tratamientos antienvejecimiento y observar su efecto real en meses. Estos esfuerzos han progresado con la tecnología actual, pero su desarrollo se acelerará en los próximos meses por la aceleración de la creación del conocimiento.
La reprogramación parcial, que pretende rejuvenecer los tejidos sin que pierdan su función, se aplica en estudios clínicos iniciales en seres humanos. Asimismo, los senobióticos que limpian el cuerpo de células envejecidas, están en una fase avanzada de aplicación. El uso de IA y Big Data para predecir y frenar el deterioro celular se ha integrado ya en la medicina de élite.
En cuanto a la bioimpresión para fabricar repuestos de órganos, la técnica ya opera con tejidos simples y se encuentra en pleno desarrollo para producir órganos complejos. El tránsito de la impresión 3D a la 4D, mediante el uso de elementos inteligentes, permitirá además imprimir nanoelementos minúsculos que, tras ser introducidos en el cuerpo, cobrarán el tamaño necesario al llegar al sitio en el que deben operar.
Durante millones de años, la evolución humana dependió de eventos fuera de nuestro control. El último fue el fin de la Era del Hielo hace 11.500 millones de años, cuando subió el nivel del mar
Impacto social y evolutivo. La expectativa de vida va a ser mucho mayor. Su crecimiento limitado de los últimos años ya desestabilizó los sistemas previsionales al acercarse a los cien años. Resulta imposible prever cómo se realizarán los cálculos actuariales cuando los niños que nacen hoy tengan una expectativa de al menos 200 años, lo cual es prácticamente seguro.
Durante millones de años, la evolución humana dependió de eventos fuera de nuestro control. El último fue el fin de la Era de Hielo hace unos 11.500 años, cuando el nivel del mar subió aproximadamente 120 metros y se hundieron regiones como Doggerland, la llanura que conectaba a Gran Bretaña con la Europa continental. Aquel cambio climático fue el motor de la revolución agrícola porque el clima se volvió más estable y las estaciones más predecibles. Algunas poblaciones dejaron de depender de la caza y la recolección. En regiones como el Creciente Fértil y el alto Yangtsé comenzó la domesticación de plantas y animales, dando origen a la agricultura y a las primeras ciudades. En aquel entonces, habría sido inútil discutir los límites de los cotos de caza de nómadas que habitaban tierras que hoy yacen en el fondo del Mar del Norte, como es hoy discutir la mejor legislación laboral para el siglo XX.
En la actualidad ocurre algo semejante, pero más dramático. La evolución se acelera a niveles inimaginables por la aparición de seres inteligentes creados por el hombre. Es probable que se conviertan en una nueva especie que convivirá con cíborgs: seres humanos mejorados por la tecnología, incompatibles con las instituciones creadas en la Ilustración para sociedades de otro tipo.
Es necesario realizar un diagnóstico objetivo para afrontar esta nueva etapa de la historia, en la que se producirán muchos más bienes y servicios con escasa participación del trabajo humano.
La educación, tal como la concebíamos, perdió su sentido. Adoctrinar niños es como enseñarles a escribir con cincel en lugar de entrenarles en el uso de computadoras. Las instituciones democráticas deben ser repensadas para esta “sociedad de la muchedumbre”. Los nuevos liderazgos están obligados a aprender el lenguaje del scroll infinito, al mismo tiempo que cultivan la razón como única manera de afrontar la vida de forma ordenada.
*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.