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CULTURA / turner en argentina
domingo 7 octubre, 2018

Cucharadas de leche y brandy

El Museo Nacional de Bellas Artes presenta, por primera vez en el país, una exposición de Joseph Mallord William Turner, con obras de la Tate Collection de Inglaterra. Curada por David Blayney Brown, son 85 acuarelas que dan cuenta de más de medio siglo de producción creativa. Será la primera exposición paga del museo.

por Laura Isola

Almirante. 85 obras de más de 50 años del gran pintor inglés, pertenecientes a la Tate Collection. Foto: MNBA

Hay dos anécdotas, un poco contradictorias entre sí, que pueden resultar muy ilustrativas para una posible presentación de algo así como “la vida y la obra de un artista”, en este caso, la de Joseph Mallord William Turner.

La primera fue durante una exposición en la cual a uno de sus cuadros se le cae un pedazo de cielo pintado. Lejos de molestarse con el asunto, dicen que dijo: “Lo único que importa es dar una impresión”. Eso es lo que quería él. Sin embargo, Turner, que fue un alumno precoz e ingresó a la Real Academia de Artes con 14 años, sabía que la historia del arte de su tiempo, fines del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, todavía no estaba preparada. De hecho, los impresionistas y también los pintores abstractos posteriores vieron en Turner un precursor.

El segundo relato involucra a John Ruskin, escritor, crítico de arte y muy amigo de William. Ruskin le reprochó que no hubiera pintado los ojos de buey de los barcos. Turner le dijo que el contraluz no dejaba verlos. Ruskin le devolvió el comentario: “De acuerdo, pero usted sabe que los barcos tienen ojos de buey”. La respuesta de Turner fue definitiva: “Yo no pinto lo que sé sino lo que veo”.

Entonces pintar lo que se ve para causar una impresión sería, sencilla y profunda, la fórmula de este pintor inglés. Eso está presente en el conjunto de acuarelas que se presentan en los distintos núcleos expositivos que organizan la muestra J.M.W. Turner. Acuarelas. Esta reúne 85 trabajos de más de cincuenta años de labor de este gran pintor inglés, pertenecientes a la Tate Collection: la obra temprana –realizada a fines del siglo XVIII–, los paisajes ingleses de 1805 a 1815, su producción como artista viajero entre 1815 y 1830, las experimentaciones de luz y color, y sus trabajos de madurez –creados en las décadas de 1830 y 1840–, con las obras más tardías, de tormentas y naufragios, realizadas en sus últimas dos visitas al norte de Francia, en 1845.

Una vez fue a comer con Charles Dickens, y de esa noche el autor de David Copperfield recordó que tenía una especie de bata roja sin intenciones de quitársela durante toda la velada y mucho más interesado en el paisaje que se veía por la ventana que en cualquiera de las conversaciones. A lo único que consagró toda su existencia fue a la pintura. Llamaba “hijos” a sus cuadros y tuvo dos hijas a las que no reconoció. Nunca se casó. Es más, detestaba a los artistas de esa condición, preocupados por estupideces como “esposas” o “cosas del hogar”, en vez de lo importante. Que para él era el arte.

También la aparente contradicción entre las dos anécdotas iniciales, apelar a los sentimientos, pero valerse de la vista como el órgano privilegiado, lo que ves es lo que es, podría estar en consonancia con ese espíritu alterado que tuvo mucho a lo largo de su vida pero, sobre todo, en los últimos años. Fue tomado por loco; incluso la reina Victoria, se cuenta, no quiso entregarle la Orden de Honor de Caballero porque lo consideraba demente.

Los últimos días de Joseph Mallord William Turner fueron así: cucharadas de leche y brandy que ni siquiera él mismo podía servirse. Sophia Booth, su amante y cuidadora, una viuda veinte años menor que él, se los proporcionaba en el domicilio del barrio de Chelsea en Londres, donde vivió hasta su muerte en 1851, casi como un ermitaño. El acta de defunción dice que esto fue a los 79 años; según datos de la época, a los 81. Pero efectivamente falleció a los 76: había nacido en 1775 en Covent Garden, hijo de un fabricante de pelucas y un ama de casa que cuando él era muy pequeño se volvió loca.

En los últimos años de su vida los vecinos no sabían muy bien quién era o cuál era el nombre de ese señor que habían visto pasar alguna vez: un caballero petiso y fuerte con la cara muy roja y la nariz muy grande. Le decían “Puggy” Booth, o con un poco más de respeto: Almirante Booth, ya que decía haberlo sido. Antes de sus amoríos con esta señora, vivió treinta años con su padre, que era casi su único amigo.

El “pintor de la luz”, el gran artista británico que había conocido el éxito a los 24 años después de haber sido el joven precoz que a los 14 ingresó a la Real Academia de Artes de Londres, entró en la oscuridad. No solo por este encierro y aislamiento sino también porque estaba ciego.

J.M.W. Turner. Acuarelas
De martes a viernes de 11 a 20 y sábados y domingos de 10 a 20.
Museo Nacional de Bellas Artes. Av. del Libertador 1473. CABA.
Hasta el 17 de febrero de 2019
El valor de la entrada será de $ 100, exceptuando de su pago a jubilados, menores de 12 años, personas discapacitadas y grupos educativos. Los martes el ingreso será libre y gratuito para todo público.


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