domingo 11 de abril del 2021
CULTURA Historias literarias XVIII
20-09-2015 00:27

Sigmund Freud y las anguilas

En 1877, Freud publicó un artículo fundamental para entender su formación como escritor y como científico. Su título era “Observaciones sobre la configuración y estructura fina de los órganos lobulados de anguilas descritos como testículos”. Edgardo Cozarinsky bucea en esa historia del padre del psicoanálisis y lanza una hipótesis.

20-09-2015 00:27

El joven Freud pasó un año en Trieste, dedicado en gran parte a la disección de anguilas en el intento de determinar su sexo y su modo de reproducción. La incógnita ya había preocupado a Aristóteles y a Plinio el Viejo, a quienes inspiró las más fantásticas hipótesis. Años después de que el sabio vienés fuese derrotado por los misterios de la ictiología y se consagrara a los del inconsciente humano se supo que la anguila nace hermafrodita y sólo al madurar realiza el viaje casi inverosímil desde el Mediterráneo o el Báltico hasta el Mar de los Sargazos, en cuyas profundidades define su género sólo para el acto de la procreación. Allí muere y su cría cumple la proeza de volver a aguas europeas. Entre las cualidades que los clásicos atribuían al hermafrodita era, bajo la aparente fragilidad, una resistencia sobrehumana.

Imaginemos al joven graduado de 21 años que en 1877 se iniciaba en la investigación. Sigmund Freud publicó un artículo en las Actas de la Academia Imperial de Ciencias que los historiadores de la ciencia, y en particular de la psiquiatría, consideran capital para entender su formación como escritor y como científico. Su título: “Observaciones sobre la configuración y estructura fina de los órganos lobulados de anguilas descritos como testículos”.
 
Freud llegó a Trieste becado por Carl Claus, catedrático en Viena, discípulo de Darwin y creador de una estación de biología marina en la ciudad que por aquel entonces era puerto principal del Imperio Austro-Húngaro. El proyecto del joven Freud era encontrar los nunca vistos testículos de la anguila. Un par de años antes, el investigador polaco Simon Syrkis había identificado como los desconocidos testículos un órgano par, lobulado, acanalado, en la cavidad abdominal de la anguila. Freud diseccionó unas cuatrocientas anguilas, encontró los órganos descriptos por Syrkis pero no pudo demostrar que fueran testículos.
 
Cincuenta y tres años más tarde: del joven de 1877 al maestro en 1930. En 1927 la ciudad de Frankfurt había creado el Premio Goethe, concedido anualmente a “una personalidad cuya influencia creadora sea digna del homenaje a la memoria de Goethe”. Los primeros premiados fueron el poeta Stefan George, el médico, misionero y músico Albert Schweitzer, y el filósofo Leopold Ziegler. Freud fue elegido como destinatario del premio correspondiente a 1930. En las consideraciones del jurado puede leerse: “Con el método estricto de la ciencia natural, y al mismo tiempo en una osada interpretación de los símiles acuñados por los poetas, su labor investigadora se ha abierto una vía de acceso hacia las fuerzas pulsionales del alma. Su psicología no sólo ha estimulado y enriquecido la ciencia médica, sino también las representaciones de artistas y pastores de almas, historiadores y educadores”.

Freud no pudo recibir personalmente la distinción por hallarse enfermo y fue su hija Anna, quien leyó su mensaje en la ceremonia: “Yo pienso que Goethe no habría desautorizado el psicoanálisis de manera tan inamistosa como tantos de nuestros contemporáneos. En varios aspectos se le había aproximado, por su propia intelección discernió mucho de lo que luego pudimos corroborar, y numerosas concepciones que nos han valido crítica y burlas son sustentadas por él como algo evidente”. Y cita fragmentos donde Goethe propone que los primeros lazos afectivos de la criatura van a ser transmutados en los amores del adulto, donde confía, siguiendo la intuición de Aristóteles, en la sabiduría que revelan los sueños.

De vuelta al fracaso del joven Freud en Trieste. En aquellos años aún no se había descubierto que las anguilas desarrollan los testículos durante la travesía hacia el Mar de los Sargazos, donde se reproducen. Por lo tanto, no era posible hallar testículos en las anguilas de Europa: era necesario el cruce del Atlántico para que la anguila hermafrodita se hiciera macho.
 
Freud iba a basar su teoría y práctica del psicoanálisis tanto en “casos” clínicos como en figuras literarias, desde Jensen hasta Shakespeare; su correspondencia con Stefan Zweig revela hasta qué punto sabía que la literatura suele ser más elocuente que las palabras pronunciadas desde un diván. El Premio Goethe fue el único que recibió en vida y no parece injusto que fuera un premio literario.
 
Entrego a un ensayista la hipótesis siguiente: el fracaso temprano en la detección de los testículos de la anguila echó una larga sombra (o una luz inédita) sobre el futuro estudioso de la castración y la histeria, que iba a elaborar sutiles métodos e instrumentos de disección aplicados al alma humana. Y no parece injusto que el tema termine en literatura: a partir de Homero, Borges recordó que los dioses dan desdichas a los hombres para que éstos tengan tema de poesía

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