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CULTURA / 30ª Bienal del Chaco
sábado 28 julio, 2018

Un evento que no deja de crecer

Del 14 al 21 de este mes tuvo lugar en Resistencia la 30ª Bienal del Chaco, el concurso internacional del que participaron los escultores ganadores de las últimas diez ediciones.

por Gonzalo Santos

La escultura. Los artistas, durante los siete días del evento, trabajan al aire libre, frente al público. Foto: bienal de chaco

Visitar la ciudad de Resistencia es casi como pasear por un museo de esculturas a cielo abierto. Actualmente son casi 800 las obras que están desparramadas en esquinas, en algunas entradas de bares, en la vereda de los edificios, en bulevares o en las plazas. Acá las esculturas son parte de una “identidad cultural” que empezó a forjarse en el legendario Fogón de los Arrieros, un espacio que nació en la década del 40 como punto de encuentro de escultores y artistas, y donde hoy funciona algo parecido a esos viejos “gabinetes de curiosidades” que alberga pinturas de Soldi, Pettoruti, esculturas de Juan de Dios Mena, que vivió ahí varios años, y una miscelánea de objetos que recuerdan la visita de Borges o de Marcel Marceau. Posteriormente, y a partir de esa tradición, en el año 1988 el escultor Fabriciano Gómez le dio forma a la primera Bienal, que se desarrolló en la plaza 25 de Mayo, y que a partir de entonces no ha dejado de crecer.

Identidad en movimiento. En esta edición, que contó con casi medio millón de visitantes, y por celebrarse treinta años de esa primera Bienal, se convocó a los ganadores de las ediciones anteriores. El lema fue “Identidad en movimiento” y el material, metal y mármol. Como siempre, durante siete días los escultores trabajaron, a cielo abierto en un cuadrilátero que está a unos metros de la costanera que da al Río Negro. El polvo del mármol por momentos forma una nube por la que la gente se deja envolver. A nadie le importa ensuciarse ni pisar el barro que dejó la lluvia, ni tampoco el frío.

Mientras tanto, en otros sectores del predio también se van desarrollando actividades paralelas. En uno de los escenarios está Nito Mestre; en el Domo del Centenario, la inefable Marta Minujín. Llegando al parque 2 de Febrero, que ahora forma un continuum con el predio de la Bienal, hay jóvenes de escuelas de arte de todo el país esculpiendo sobre madera. Unos metros a la izquierda, frente a una carpa con una feria de artesanías, la gente disfruta el arte de los pueblos originarios, como más tarde lo hará con la Orquesta Sinfónica de Chaco, que interpretará Carmina Burana, de Carl Off.

Sonido del universo. Por este tipo de cosas, el ahora intendente de Resistencia, Jorge Capitanich, que nos acaba de recibir en su despacho –estoy con un grupo de periodistas– nos explica que están trabajando para que la Unesco reconozca a la Bienal como Patrimonio Cultural de la Humanidad. El 31 de octubre es la fecha que se fijaron para presentar el inventario de obras, dice. Después tendrán que avanzar con un plan de custodia y preservación de las esculturas, y conseguir el aval de académicos, artistas y diplomáticos. Frente a él, sobre la mesa de madera, muy amplia, hay un libro de Mao Zedong, una de esas ediciones de sus Obras escogidas, y sobre el libro, las llaves de un austero Toyota Etios, con el que pronto, luego de sugerir que la economía va camino de una hiperinflación y de contarnos, entre otras cosas, que recientemente los Qom lo designaron Benaiq –“abeja trabajadora”–, se marchará rumbo a no se sabe dónde.

La premiación, durante la noche del sábado, tuvo lugar en el anfiteatro del Parque 2 de Febrero, junto al lago, y el ganador fue el escultor alemán, Tobel, por su obra Sonido del universo: un bloque de mármol con una voluta que, se supone, amplifica los sonidos. La ceremonia contó con la presencia del gobernador Domingo Peppo y Jorge Capitanich, que se mostraron juntos luego de rumores que hablaban de un distanciamiento, y varias personalidades destacadas del mundo del arte.

Lo que llamó la atención, además de ver al músico Alejandro Acosta “tocando” el theremín –y las comillas son porque se trata de un instrumento que se toca a la distancia, sin contacto físico, y cuyo sonido, similar a la voz de una soprano, se produce por obra y gracia del electromagnetismo–, es que no hubiera funcionarios nacionales, y más concretamente del Ministerio de Cultura, cuya presencia acaso le hubiese dado un poco más de visibilidad a escala nacional a un acontecimiento que pareciera estar mucho más difundido y valorado a nivel internacional.


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