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DEPORTES / apenas un gol
domingo 21 junio, 2015

Lento y relajado como un reggae

A pesar del tanto de Higuaín en el arranque y de que controló la pelota, a Argentina le costó romper el cerrojo de Jamaica. El viernes, por cuartos.

por Redacción Perfil

Foto: AP

Desde Viña Del Mar

Las dos caras de la moneda mostró la selección argentina en la Copa América de Chile. Por un lado, la ratificación del primer lugar en el Grupo B, y por otro, una preocupante victoria por 1-0 ante la débil Jamaica, dejando la idea, otra vez, de una caída física en los últimos veinticinco minutos.
El equipo argentino, que ahora espera como rival de cuartos de final para el próximo viernes a las 20.30 en este mismo estadio Sausalito entre Ecuador (tercero del Grupo A) y el que quede quede tercero del Grupo C (Brasil, Colombia, Perú o Venezuela), comenzó bien el partido: llegó hasta la puerta del área de Jamaica y generó varias ocasiones de gol. Pero en la segunda parte todo se hizo más anodino y la imagen se fue desdibujando hasta transmitir que los centroamericanos podían arañar un empate que hubiera llevado el liderazgo a un sorteo con Paraguay.
El tempranero gol de Gonzalo Higuaín, con una media vuelta con apenas 10 minutos de juego, hacía prever una goleada porque se esperaba que Jamaica adelantara algo sus líneas, pero los dirigidos por el alemán Winfried Schäfer prefirieron seguir igual, con un esquema 4-4-1-1 inamovible y muy compacto, cerca de su arquero Dwayne Miller.
De cualquier forma, eso no debería ser jamás una excusa para una selección de los quilates de la argentina, con el mejor jugador del mundo (Lionel Messi) en sus filas, al punto que al final, la mayoría de los rivales lo esperaban para compartir algunas selfies en el propio campo de juego o en el área de la zona mixta.

Cuesta creer, entonces, que más allá de algunos buenos pasajes en el primer tiempo, con varios remates cercanos al gol y alguna llegada de Angel Di María frente a Miller, en el segundo tiempo el equipo argentino optara por un ritmo tan cansino como intrascendente. Tampoco se entendió el primer cambio, no tanto por la salida de Javier Pastore, que no repitió la actuación ante Uruguay porque estaba amonestado, sino por el ingreso del tucumano Roberto Pereyra.
Lo de Pereyra podría haberse entendido si al jugador de la Juventus lo hubieran ubicado por la banda derecha para abrir a la defensa rival, con Di María haciendo lo mismo por izquierda, pero su posición fue hacia el medio, perdiendo fuelle por allí.
Gerardo Martino, el director técnico argentino, optó entonces por Carlos Tévez en lugar de Higuaín, pero el Apache se perdió en la misma dinámica colectiva con un problema que ya es recurrente: el quedo físico en los últimos 25 minutos, y ya incluso la pelota, que antes era monopolio albiceleste, comenzó a dividirse con los jamaiquinos.

“Estamos como estamos en lo físico. Espero que con seis días de descanso mejoremos en este aspecto”, se sinceró Javier Mascherano pocos minutos después del final del partido. Y la sensación es que desde los cuartos de final, en eliminación directa, esta condición física puede ser letal.
Martino pretende que todos colaboren cuando se pierde la pelota en lo que él llama “retroceso” escalonado desde el último delantero hasta los volantes, buscando el “equilibrio” pero no es algo que se vea hasta aquí. Todo lo contrario: el equipo se desinfla, cede el protagonismo, pocos marcan y el rival de turno se da cuenta de que avanzando un poco, tal vez pesque algo en aguas revueltas.
El cambio final de Eric Lamela por Angel Di María, más allá de pretender recuperar cierta tenencia de la pelota, se produjo en un momento irreversible, cuando Jamaica iba con lo poco que tenía y Argentina aguantaba esperando el final para volver lo antes posible a La Serena. Y descansar.
Demasiado pobre para lo que representa el rival y para lo que significa la historia del fútbol argentino. Se ganó y punto. Para destacar, poco más que el resultado y la estadística. También Martino se plegó a esta idea. Al cabo, lo único rescatable de anoche.

 

El mejor, cien veces

Hay dos elementos que rigen el paso por Lionel Messi por la selección nacional, que ayer llegó a su partido número cien. El primero nadie lo discute: el mejor jugador del mundo siempre quiere estar, siempre dijo presente, para jugar con la celeste y blanca.
El segundo es más polémico: cómo puede evaluarse su actuación, desde su debut con expulsión en 2005 contra Hungría y con los 46 goles que lleva.
Ayer, cumplió su partido cien en la tónica de muchos de los anteriores: destellos y esfuerzo. El 10 de la selección, volvió a demostrar que quiere un título, después de los tres mundiales en los que estuvo -Alemania, Sudáfrica, Brasil- y de las dos Copa América - Venezuela y Argentiuna- precedentes.


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