DEPORTES
ENTREVISTA A MANU GINBILI

"Los asados son en mi parrilla a gas"

El jugador de los Spurs cuenta cómo pasa sus días cuando no está dentro de la cancha. Si bien ya está súper adaptado al american way of life, acepta que hay costumbres de las que no puede separarse. Encuentros con su compañero Fabricio Oberto, mucho Internet y películas son sus cables a tierra. En la parte deportiva, sostiene que no cambió su juego, sino que el cambio está en que San Antonio ya no gana tanto. Todavía no definió si va a jugar el Preolímpico con la Selección. Y si bien vaticina un buen porvenir para el básquet argentino, reconoce: “No veo otra camada como la nuestra”.

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NMEROS. Este ao, Manu promedia 16,3 puntos por partido. | Cedoc

Desde el mismo día en que Argentina perdió el bronce con Estados Unidos en el Mundial de Japón, surgió un interrogante previsible pero aterrador: ¿seguirían en la Selección estos jugadores que tantas alegrías le dieron al básquet nacional? Las opiniones de los protagonistas se dividieron: algunos aseguraron que el ciclo estaba cumplido, otros que continuarían el proceso y la mayoría, que prefería dejar pasar un tiempo para anunciar su decisión. Emanuel Ginóbili fue uno de ellos. A pesar de que le preguntaron una y mil veces acerca de su futuro, se mantuvo precavido. Pero Manu sabe que el Preolímpico se acerca y por eso, decidió aclarar un poco el panorama. Un panorama que hoy por hoy está oscuro. “Es delicado el tema. Todavía no dije ni que sí ni que no. Pero lo que pasó con Pau Gasol en el último Mundial no causó mucha gracia acá (NdR: se lesionó en la semifinal del Mundial y recién volvió a jugar en Memphis en diciembre). No va a ser tan fácil que se cedan jugadores como en los torneos anteriores. Hay que hablarlo, por ahora ni me bajo ni digo que vaya a estar”, explica a Perfil, con tono sugerente.

—Ya no depende tanto de vos entonces…
—Comparado con otros años, está mucho más complicado. Yo creo que si me pongo duro, por una cuestión legal, me tendrían que dejar ir. Pero también hay un acuerdo tácito en el medio: ellos son los que me pagan y yo considero que tengo que escucharlos. Es así. Si fuera un Juego Olímpico seguramente dirían que sí, pero es un Preolímpico...

—Estás más cerca del no…
—(risas) No te voy a dar la declaración del año… pero está más difícil que en otros años.

El Manu casero. El día que Ginóbili descendió con su querido Bahiense del Norte, lo primero que hizo fue salir corriendo y llamar a su padre, Jorge, que estaba en Mar del Plata. Le pidió perdón por no haber evitado perder la categoría. Lloró en el vestuario y después todo un día en su casa. No quería ver a nadie. Hoy, Manu cambió. No ha dejado de lado su sed de gloria, pero matiza todo.

—¿Nunca te enojás?
—Soy un tipo tranquilo, no me saco con facilidad y trato de estar de buen humor. Obviamente, después de una derrota me siento mal, pero se me pasa rápido. Diez años atrás sufría horrores cuando perdía y  lo mismo disfrutaba cuando ganaba. Hoy trato de manejarlo con calma.

—¿Qué hacés cuando no jugás?
Soy muy casero, aunque por ahí vamos con mi mujer al cine, a algún restaurante, o nos juntamos con Fabricio. Y si no, peli en casa o alguna serie (Prison Breack y Lost, son sus dos preferidas). Me gusta navegar por Internet, ver la página (manuginobili.com) o dormir la siesta tranqui. Nada del otro mundo.

—¿Y con Oberto, qué onda?
—Afuera de la cancha nos vemos muy seguido. Cuando jugamos de visitantes comemos todos los días juntos, salimos a dar alguna vuelta, y en San Antonio también nos juntamos, aunque obviamente que menos porque están nuestras esposas. Muchas veces nos encontramos a comer asado.

—¿Asado?
—Exacto. Los asados son en mi parrillita a gas. No es lo mismo, pero lo hacemos mucho. Tengo una como la de Delfino.

Ginóbili es un apasionado de la información. Desde San Antonio controla todo, está al tanto de todo, lee todo, se informa de todo; su vida es on line. Así, no es difícil imaginar por qué, apenas doce horas después de que su hermano Sebastián ganara el clásico marplatense con un doble sobre la hora, pidió en su página que por favor alguien le pasara el video. Tampoco es complicado imaginarse desde dónde le llegó el primer llamado a Alejandro Montecchia el día en que se lesionó en un partido por la Liga Nacional, en la otra punta del continente... “Traté de ponerlo de buen humor hablando de todo un poco”, aseguró Manu aquella vez.

—De chico eras como un enfermito del básquet. Te leías todo, sabías los nombres de los jugadores, las estadísticas. ¿Todavía mantenés esa pasión?
—No sigo tanto como antes, sólo me mantengo bien informado. De la NBA estoy al día, primero porque es mi trabajo y después porque me interesa ver cómo les va a los otros argentinos; de la Liga Nacional también, porque tengo conocidos, está mi hermano (Sebastián) y (Alejandro) Montecchia. Después, al básquet local de Bahía lo sigo siempre, a la liga de España también porque están Scola, Pepe, Prigioni; a la Euroliga, cuando puedo, la miro; a la liga italiana porque dejé varios conocidos… (silencio).

—Pero entonces...
—(Risas) Sí, sí, la verdad es que sigo igual.

Entre Oberto y la futura Selección
No es una referencia que merezca una confianza absoluta. No porque sus análisis no sean serios, sino porque están teñidos de cierto cariño. Imparcialidad difidente, en todo caso. Aun así, Manu opina de quien no sólo es su compañero de asados. “Oberto está bárbaro. Tuvo algunos altibajos en los últimos partidos pero ya volvió a levantar. Incluso recuperó la titularidad. Acá en San Antonio, la verdad es que están chochos con él, la gente y el resto de los compañeros. Se lo nota más adaptado a la ciudad y a los sistemas de juego del equipo”, comenta.

¿Y en tu caso? Hoy, que estás muy adaptado, ¿cuál considerás que es tu peor defecto como jugador?
—Tal vez, ahora, mi principal defecto está relacionado con que arriesgo de más en algunas jugadas. Pero estoy conforme con mi juego, he evolucionado con los años y maduré mucho.

—Hablando de años, ¿cómo ves el futuro del básquet argentino para las próximas temporadas?
—La verdad, no veo otra camada como la nuestra, pero hay una buena Selección para el futuro. Delfino es clase ’82 y Scola ’80; es decir, la transición no va a ser tan brusca. Después, más adelante, no los conozco tanto a los chicos. Me han hablado y he visto un poco a algunos jugadores como Sahdi, De los Santos, Gerbaudo, jóvenes con talento. Ojalá puedan mantener el prestigio alcanzado.