DOMINGO
Cmo se prepararon para reinar

Camino hacia el trono

En Los príncipes, los periodistas Carmen Enríquez Medina y Emilio Oliva Ordóñez revelan el perfil íntimo de los nuevos reyes de España. El libro, que aún no se editó en la Argentina, muestra la fuerte personalidad de Felipe, la adicción al trabajo de Letizia y la cargada vida social de ambos. También se analiza cómo fue el difícil trayecto que los llevó a ser los herederos de la Corona. El rechazo a la plebeya y el rol de Juan Carlos.

Pasado y presente. Al príncipe lo definen como “tímido, sumamente educado, disciplinado y con gran sentido del deber”, a Letizia como cariñosa y alegre. Juan Carlos y el niño Felipe. El rey y su espos
| Cedoc

El príncipe tiene fama de estar bien preparado y de tener una magnífica formación para ser rey. Hubiera podido ser astrónomo –su gran pasión–, abogado, diplomático o  incluso piloto de aviación. Sabía que nunca ejercería esas ocupaciones, pero en todas puso ese empeño que marca su carácter por conseguir lo que se propone.

Dicen los que lo tratan de cerca que al príncipe Felipe no le gusta precipitarse, que es prudente, perfeccionista, tímido, sumamente educado, disciplinado, bondadoso, dialogante y con gran sentido del deber. Hombre reflexivo y a la vez testarudo, cabezón hasta el límite en ocasiones, don Felipe gana en las distancias cortas. En eso, según están de acuerdo todos los que, por alguna razón, han tratado con él.

La historiadora y académica Carmen Iglesias, profesora de lujo del príncipe desde que comenzó la universidad, valora en él su inteligencia, su entusiasmo por el conocimiento y su curiosidad por las cosas, además de su bondad y su falta de rencor; para José Bono, que durante una semana recorrió junto al príncipe una docena de localidades castellano-manchegas en 1998, don Felipe es un hombre prudente, moderado e inteligente, con más interés por ser justo que simpático, “que en eso le gana su padre, el rey”; Guillermo Quintanilla, su monitor de vuelo cuando estuvo en la Academia General del Aire, cree que el príncipe es el mejor alumno que ha tenido nunca; el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Pedro González Trevijano, está seguro de que no ha habido en la historia de España ningún príncipe de Asturias con mejores cualidades formadas que él para ser un gran rey; y Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, cree que el príncipe es responsable, afectuoso y cordial.

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Don Felipe defiende con uñas y dientes su derecho a la privacidad, a ser el Felipe de Borbón y Grecia que figura en su carnet de identidad, sin más privilegios que los de ser marido de su mujer, padre de sus hijas y amigo de sus amigos. Y amistad es, junto a familia, palabra mayor para el príncipe más íntimo. Hombre coherente que desde muy joven anunció que no se sentía obligado a casarse con una princesa y que sólo se casaría por amor, don Felipe forma parte hoy del club de los hombres felices desde que se casó, como prometió, con la mujer de la que se enamoró.

La periodista y princesa

Perfeccionista hasta la exageración, con un afán de superación enorme, obsesionada por no cometer errores y con una curiosidad extrema por aprender. Eso es, a grandes rasgos, lo que opinan los que la conocen bien sobre los rasgos esenciales que trazan el carácter y la personalidad de la princesa Letizia.

Ella, según la opinión de muchos profesionales de la televisión, creó escuela en su etapa como periodista. Para Antonio San José, director de CNN+ cuando Letizia Ortiz entró a trabajar en esa cadena de noticias, la princesa era muy exigente. También my ambiciosa, pero buena compañera a la hora de trabajar, con capacidad para crear espíritu de equipo y transmitir entusiasmo, y sin un ápice de arrogancia o altivez. El académico Luis María Ansón, otro de sus jefes en su etapa como periodista, esta vez del diario ABC, cree que la princesa era más culta que la mayoría de los compañeros con los que trabajaba entonces y una enamorada de la literatura del Siglo de Oro, además de ser una chica moderna y muy avanzada en sus ideas.

Entonces sólo era la periodista Letizia Ortiz, pero ahora que es princesa de Asturias; quienes han tratado con ella coinciden en lo esencial de su carácter, que ya se mostraba con fuerza en su juventud: curiosidad constante, ansia de aprender, gusto por conocer y entender y una inteligente necesidad de perfeccionarse. Así la define Graciano García, director emérito de la Fundación Príncipe de Asturias, quien cree además que ella ha llevado a cabo su tarea con determinación, cumpliendo con sus obligaciones de manera responsable y entregada. “Doña Letizia es afable, cariñosa y alegre. Natural y espontánea; todo fortaleza y bondad, como me dijo un día su abuela”, termina diciendo el creador de los cada vez más prestigiosos premios Príncipe de Asturias.

Según José Bono, ella se parece mucho más a los españoles que cualquier otra princesa de Asturias en la historia; Manuel Marín, actual presidente de la Fundación Iberdrola y antes presidente del Congreso, cree que doña Letizia es una mujer espléndida, plenamente consciente de la situación en la que está, Alberto Ruiz Gallardón cree que es “inteligente, observadora y atenta”, y Gregorio Peces-Barba piensa que es “muy sensata y que se toma muy en serio su profesión”.

Los rasgos negativos que apuntan algunas personas entrevistadas son la impaciencia, un nerviosismo a veces incapaz de contener, y el hablar demasiado, dando la impresión de ser ella quien lleva la batuta en la pareja. En definitiva, ser “un poco mandona”, defecto que no se perdona en un país como el nuestro. Para el maestro de diplomáticos Felio Villarrubias, “lo que más le ha costado es acostumbrarse a callar y a no creer que está al mismo nivel que el príncipe, aunque se nota que se ha ido corrigiendo, seguramente, gracias a la reina”. Cristina Acebal, directora de la revista Diez Minutos, cree que mandona es, aunque no le parece un defecto.

Su preocupación por el perfeccionismo puede también considerarse un rasgo negativo, según el testimonio de algunos entrevistados por los autores de este libro. Pero, en líneas generales, todos coinciden en que es una persona cercana, cálida y amable, inquieta, muy profesional y preocupada por lo que ocurre a su alrededor en la sociedad.

Nadie puede decir que no haya cumplido como princesa de Asturias. “Ser reina no debe de ser fácil, pero la princesa ha hecho milagros en cinco años”, opina una persona muy relacionada con la Casa del Rey que prefiere no revelar su identidad para este libro. Y concluye diciendo que “aunque la aristocracia, el sector más duro con ella, la ponga verde a sus espaldas, delante de ella tendrá que inclinar la cabeza y hacerle la reverencia”.

Trabajo, familia, ocio, amigos, aficiones…

Por decirlo de una forma castiza, los príncipes, y quienes los rodean, tienen un “convenio colectivo” bastante exigente. Muchas horas extra, numerosos días festivos de guardia, imaginarias permanentes, exclusividad total, plena dedicación, exigencia de “atención al público” exquisita, y pocas, por no decir ninguna, posibilidades de réplica a las críticas que puedan recibir, por injustas que sean. Pocas personas responderían a una oferta de empleo que se anunciara en estas condiciones.

Los números cantan: en 2009, según los datos de la Casa del Rey, el príncipe llevó a cabo 243 actividades oficiales, 86 de ellas en el extranjero; concedió 120 audiencias, 77 de ellas individuales y 43 colectivas, en las que recibió a 1.119 personas; realizó cinco visitas oficiales al extranjero, acompañado de su mujer; asistió a la toma de posesión del nuevo presidente de El Salvador, también junto a ella; y estuvo presente en los actos de investidura de los primeros mandatarios de Panamá y Ecuador. Ese mismo año, la princesa Letizia estuvo presente en 213 actividades oficiales, 68 de ellas internacionales; concedió 19 audiencias propias y acompañó a su marido en otras 42.

Además, ambos estudian dosieres, repasan discursos y planean agendas con sus equipos de trabajo, por lo que pocas dudas pueden quedar de que buena parte de su rutina diaria la dedican a lo que es su función. Los dos saben que son piezas fundamentales de la Corona –él más que ella, es obvio– y ejercen como tales a través de sus numerosas actividades, de su presencia en todos los sectores de España y de su acción exterior.

En definitiva, el trabajo del príncipe sigue siendo, como en su etapa de estudiante, una carrera permanente en la preparación para ser rey. Doña Letizia, por el contrario, ha tenido que buscar su propio espacio en las actividades de la Casa. Ha ido tanteando sectores en los que ofrecer su ayuda y ha centrado su atención en asuntos relacionados con la salud, la infancia o la educación. Súmese a lo anterior patronazgos y actividades con ONGs, las fundaciones que preside don Felipe, las inauguraciones o visitas de apoyo a centros de diversa naturaleza o las reuniones que mantienen con grupos profesionales de actividades variadas y tendremos dibujado, más o menos, el mapa de lo que es su agenda de trabajo. Sólo queda esperar, como decía el bisabuelo de don Felipe, Constantino I de Grecia, “que siempre se esfuercen en conseguir ser perdonados por ser príncipes”.

En cuanto a la familia, los príncipes viven de forma muy intensa la relación con sus hijas, las infantas Leonor y Sofía, con mucha responsabilidad, queriendo disfrutar de cada uno de los momentos únicos que brinda la paternidad y poniendo el foco en el cuidado, la educación y el bienestar de sus hijas. “Queremos ser los mejores padres para nuestras hijas”, afirmaba el príncipe tras el nacimiento de la pequeña Sofía, hace ahora tres años y dieciocho meses después de la llegada de la mayor, Leonor. Esta declaración de principios es realmente el eje que guía la vida de la pareja.

Una pareja feliz, a todas luces, pues la primera conclusión a la que llega el lector tras repasar los detalles de su matrimonio y el camino que han recorrido juntos es que los príncipes se quieren. Y entre ellos, desde el principio, ha habido un reparto de tareas que persigue mantener el equilibrio de la balanza familiar. Para ambos está claro que sus prioridades pasan por atender en primer lugar a su familia, sin olvidar ni relegar en ningún momento la tarea institucional a la que los obliga su condición de príncipes.

Don Felipe y doña Letizia juegan con sus hijas, les leen cuentos, están con ellas en la hora del baño y en las comidas, las llevan al circo, las acompañan al colegio –el príncipe por la mañana y la princesa por la tarde, como corrobora una de las madres que acude con sus hijos al colegio Santa María de los Rosales donde van las infantas, el mismo al que fue el príncipe–, y participan activamente en todos los actos y actividades organizados por el centro escolar.

En el caso de las relaciones con el resto de la familia, si se hace caso de lo que cuentan determinadas personas a media voz desde hace ya un tiempo, la relación entre la consorte del príncipe de Asturias y su familia política no atraviesa por los mejores momentos. Se habla de un enfriamiento entre doña Letizia y la infanta Cristina, muy unida a ella al principio de su noviazgo con don Felipe, y también de ciertas interferencias en su relación con el rey. Fuentes próximas al Palacio de la Zarzuela que prefieren no salir del anonimato lo achacan a que la princesa no ha hecho todo el esfuerzo que debía hacer de puertas para adentro de palacio. Con los amigos está claro que su círculo se ha ampliado al sumar cada uno los que ya tenía antes de su relación. Letizia ha aportado a ese reducido y cercano círculo de amigos que mantienen a personas de los distintos medios de comunicación en los que ha trabajado: Sonsoles Onega, Inma Aguilar, Juan Seoane, María Oña, Alex Grijelmo, Pepa Fernández, Lorenzo Milá o Alfredo Urdazi, son algunos de ellos. Por parte de don Felipe hay que añadir a algunos compañeros de colegio, como Alvaro Fuster y Javier López Madrid, sus primos Pablo y Nicolás de Grecia, el regatista Fernando León, o extranjeros como Christopher Dennis y Christopher von Reiche. Con ellos comparten el poco tiempo de ocio que tiene los príncipes en su residencia cercana al Palacio de la Zarzuela o en restaurantes y locales de moda de la capital.

Deporte, música, lectura, baile y cine son algunas de las aficiones que comparten los príncipes de Asturias, entre ellos y con sus amigos. El además es un enamorado de los perros, algo que no entusiasma tanto a doña Letizia, según dicen quienes la conocen bien. (...)

¿Qué dicen los sondeos?

En cuanto a los príncipes, se mantienen en los puestos altos de los sondeos que se hacen para valorar la confianza y el cariño de la gente hacia quienes ocupan cargos públicos. En 2009 el ranking lo encabezaba Adolfo Suárez, seguido de Barack Obama, el rey Juan Carlos, el príncipe Felipe, la reina Sofía y la princesa Letizia. Los políticos quedaron mucho más atrás: Trinidad Jiménez ocupaba el puesto decimotercero, José Luis Rodríguez Zapatero el 23 y Mariano Rajoy el 32.