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DOMINGO / Empatia
domingo 17 mayo, 2020

¿Cómo estás?

Lorena Marino*

domingo 17 mayo, 2020

La empatía implica escuchar con una mente abierta, generosa y sin prejuicios. Es estar en el aquí y ahora poniéndonos en los zapatos de quien nos habla; se trata de tener comprensión y compasión.

Desde mi punto de vista, es imposible liderar si no se tiene empatía con lo que les sucede a los colaboradores. Necesito ponerme en el lugar del otro y tratar de comprender su dolor o molestia. Saber lo que le pasa es fundamental para entender qué sucede cuando a veces una persona no rinde el cien por ciento. Siempre indago qué está pasando antes de hacer un cuestionamiento.

La empatía implica estar presente, dedicarle tiempo a la otra persona, a lo que nos está contando, y ver de qué manera podemos ayudarla. No es solo escuchar, también se trata de dar una sugerencia, acompañar. Ser empático es entender desde qué lugar la otra persona te dice las cosas, comprender su contexto. A veces, frente a algo que nos dice el otro, automáticamente nos salen los prejuicios. Es un trabajo arduo lidiar con eso para poder entender que todos somos diferentes, que cada uno tiene sus modos y estilos. Y respetar a cada uno con sus particularidades, aunque no las compartamos. (…)

Estoy convencida de que para liderar a los demás, primero hay que conocerse mucho a uno mismo.

Otro punto que considero fundamental es que, así como intento ponerme en los zapatos del otro, también estoy atenta a mi realidad en el momento en que hice determinada acción o tomé alguna decisión: aprendí a manejar el perdón conmigo misma y la autocompasión. Fue lo más difícil, porque por lo general uno se castiga bastante y también lo hace con el otro. A veces uno se castiga porque hizo o dejó de hacer algo ya que lo evaluamos en función de los resultados que otros esperan y no de lo que nosotros queremos.

Para esta manera de liderar que llevo adelante, respetar los tiempos de cada uno es fundamental. El liderazgo que necesitamos es aquel que registra al otro, el que lo tiene en cuenta, lo escucha, lo conecta y lo potencia. Estoy convencida de que esta forma de liderar empodera a los dos: líder y liderado. Es un liderazgo empático, cercano y horizontal. Un líder que tiene en cuenta al otro abre los espacios para que las personas se potencien, aumenten su rendimiento, tengan iniciativas, sean creativas y felices.

Tener en cuenta al otro implica también entender que no todas las personas se transforman con este método. No todos tienen el deseo de transitar un cambio pero si, como líder de un equipo, uno aplica estos conceptos, aquel que no quiere cambiar se ve impactado de todos modos. Es como tirar una piedra al agua, inevitablemente todo se mueve. Lo que suele pasar es que el clima que se genera a su alrededor lo impulsa a modificarse. Porque el trabajo siempre es con todos. Y también es un desafío aceptar que hay personas que no quieren crecer, que están bien con el rol que tienen y uno debe aceptarlo. Porque en el estilo de liderazgo que yo llevo adelante, no hay que imponer nada; yo soy muy respetuosa de los tiempos que tiene cada uno y que no necesariamente coinciden con los míos. Cada uno elige qué hacer y en qué momento. Pero sí es importante generar niveles de conversación con todos.

Henry Cloud, uno de los referentes del liderazgo servicial, usa una pregunta para conectar con las personas. ¿Dónde estás?, dice él. La mía es ¿cómo estás? Este tipo de preguntas indaga sobre dónde está esa persona por dentro, qué siente, qué desea, qué le pasa realmente. Para Cloud, la respuesta puede ubicarse en uno de cuatro posibles cuadrantes. El rincón uno es aquel en el que la persona no tiene ninguna conexión, se siente sola o desconectada; aun cuando esté rodeada de gente se siente aislada. Es el lugar del desapego y el desinterés. El rincón dos, por su parte, es el de la mala conexión. Está en un equipo pero no cree que su aporte sume. No se sienten buenos y pueden generar conflictos buscando adeptos para combatir a un supuesto enemigo. En el rincón tres están los que tienen una falsa buena conexión, son aquellos que evitan estar en contacto con las personas que les pueden observar que hacen algo mal, solo escuchan a quienes los adulan, y se alejan del resto. No son realistas. Por último, en el rincón cuatro se encuentran los que tienen una verdadera conexión. Es el espacio del aprendizaje, se reconocen los errores y hay un vínculo sincero con el líder y el equipo. Se sienten valorados porque su aporte es reconocido. En este último rincón es donde deseo que estén las personas que lidero y todos los días trabajo para que así sea.

Confío mucho en los resultados que genera escuchar al otro, ponerme en sus zapatos y tratar, por todos los medios que están a mi alcance y pensando de un modo creativo, de destrabar los conflictos y de solucionar los reclamos que alguien pueda tener o las necesidades que puedan surgir.

También considero que la adaptación es fundamental. Tener capacidad para asumir los cambios y saber gestionarlos. Porque los cambios no son fáciles de manejar. Para nadie. En lo personal, planifico mis cambios y me gusta renovarme cuando siento que algo cumplió un ciclo.

Eso no quiere decir que no me dé vértigo o incertidumbre, que no me provoque todo lo que usualmente implica un cambio. Todo cambio genera adrenalina y dudas acerca de si uno podrá en el nuevo rol. Pero intento dejarme fluir y confiar en mí.

Y adaptarse, además de ser capaz de abrazar los cambios, se vuelve necesario para ayudar a lograr el acuerdo que se requiere para que todos se sientan parte, tanto dentro como fuera de nuestros equipos. En muchos casos se necesita desarrollar nuevas competencias para adaptarse a la realidad cambiante.

*Autora de Crear valor juntos, editorial Planeta (fragmento).


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