DOMINGO
Usos y objeciones

La grieta del lenguaje inclusivo

1-11-2020-Logo Perfil
. | CEDOC PERFIL

Es bien conocido el debate que se ha suscitado en los últimos años en torno al lenguaje inclusivo. Acaloradas discusiones que no solo se producen en ámbitos públicos sino también en los entornos privados –encuentros entre amigxs, charlas familiares– ponen en evidencia una preocupación acerca de cómo hablamos, que transciende los círculos de lxs especialistas del lenguaje, y que por ello es prácticamente inédita. En efecto, la reflexión acerca de los modos del decir, el rol de las mujeres y las identidades no binarias se ha instalado en los espacios más disímiles –la universidad, la escuela, las redes sociales, los medios de comunicación, los hogares, las calles– y ha desencadenado una serie de debates que, como hablantes, nos debíamos, sobre la lengua, el lenguaje, los discursos, los feminismos, las identidades LGBTTIQA+ y la ideología.

Sin embargo, no se trata de un tema nuevo. En absoluto. Los cuestionamientos acerca del carácter sexista del español surgieron con los movimientos feministas y se forjó en una serie de guías de lenguaje no sexistas, editadas mayormente en España, a partir de la década de 1990, que buscan visibilizar a las mujeres. Por su parte, el lenguaje inclusivo, que puede entenderse como aquel que objeta el binarismo (masculino-femenino), se gestó a partir de los estudios de género y la lucha de los grupos de identidades LGBTTIQA+. Si bien en la mayoría de los países de habla hispana el uso del lenguaje no sexista e inclusivo se ha limitado a los ámbitos de militancia, a los estudios de géneros y a ciertos sectores de la administración pública, en la Argentina ha ocurrido otro fenómeno.

A partir del movimiento de Ni Una Menos (iniciado en 2015) y las marchas y discursos que apoyaron el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (2018 y 2020), el lenguaje inclusivo irrumpió en las voces de lxs manifestantes e hizo visibles identidades hasta ahora soslayadas. De este modo, el discurso, entendido como el espacio en el que se articulan lenguaje, historia e ideología, puso en foco aspectos silenciados que se valieron de la materialidad de la palabra para hacerse ostensibles. Entonces, la x, la @, la e podrían concebirse como marcas lingüísticas que evidencian la otredad, señalan disidencias históricamente negadas, son huellas de identidades hostigadas.

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El lenguaje inclusivo se expandió, cruzó los límites y, de la voz de lxs militantes, pasó a la de lxs adolescentes porteñxs, a la de lxs hablantes de diferentes edades y ciudades del país, para luego expandirse por las redes sociales, series, programas de televisión, instituciones educativas, sentencias judiciales y textos literarios, entre otros ámbitos y géneros discursivos. Todo ello ocasionó un remolino de charlas, debates, artículos, que muestran que, como en casi todo en la vida, no hay una única verdad. En efecto, según las posiciones teóricas asumidas –la sociolingüista, la etnolingüista, el análisis crítico del discurso, la glotopolítica, la retórica, el materialismo histórico, la polifonía enunciativa, entre otras–, nos encontramos ante variadas posturas, ya sea a favor, ya sea en contra, que ponen en circulación distintas concepciones de la lengua, del sujeto hablante, del discurso, del rol de las academias lingüísticas y del criterio de corrección. (…)

En los contextos educativos, el lenguaje inclusivo ha entrado al aula y lxs docentes se encuentran ante un escenario difuso y complejo: estudiantes y docentes que utilizan formas inclusivas en sus discursos, otrxs que se oponen, directivxs que lo aceptan, otrxs que lo prohíben, las familias que se posicionan de maneras disímiles, con exigencias de todo tipo. A su vez, este fenómeno se entrama con la implementación de la Educación Sexual Integral, las resistencias existentes y la necesidad de problematizar los usos lingüísticos en relación con las identidades sexogenéricas. En este sentido, el análisis en torno al lenguaje inclusivo profundiza algunos de los planteos y saberes presentes en la ESI que es imprescindible tratar en las aulas de los diferentes niveles educativos, sobre todo teniendo en cuenta la configuración de un escenario conflictivo donde hacen su aparición discursos conservadores en torno a las sexualidades e identidades no binarias, como por ejemplo el discurso que enarbola el eslogan “Con mis hijos no”, que asocia la implementación de la ESI a la llamada “ideología de género” –invención conceptual en la que se plantea el “adoctrinamiento de la teoría del género y la colonización ideológica” de niñxs y jóvenes–. De allí que la reflexión y teorización en torno al lenguaje inclusivo en las instituciones educativas deviene una instancia capital en la formación de estudiantes y docentes para lograr una sociedad más igualitaria e inclusiva. (…)

Una de las objeciones más recurrentes reside en que el lenguaje inclusivo es propuesto de modo consciente y planificado por un grupo minoritario, que suele ser caracterizado como culto, de clase media y urbano. Para José Luis Moure (2018), no se trata de “un cambio ‘desde abajo’, es decir, como una progresiva y por lo general lenta necesidad expresiva de un número considerable de hablantes, sino como una propuesta ‘desde arriba’, numéricamente minoritaria, nacida de un grupo de clase media que busca imponer con marca en la lengua un valor en torno a un reclamo social”. Asimismo, Concepción Company Company asegura que por naturaleza el lenguaje es inclusivo y que lxs hablantes son libres para usarlo y nadie debe forzarlxs a hablar de determinada forma: “Cualquier imposición en cómo usar la lengua es un acto autoritario” (2019: en línea).

Por su parte, Alicia Zorrilla, la actual presidenta de la Academia Argentina de Letras, sostiene que las formas inclusivas son ajenas a la morfología del español y lo “deforman”, apelando a la idea de la existencia de una lengua “pura”. Así lo explica: “Creo que no debemos deformar la lengua para defender causas. Tenemos que saber usar las palabras y que nuestros discursos tengan contenido rico, valioso, para defender causas. La lengua no tiene por qué renquear”. 

*Autoras de Lenguaje inclusivo y ESI en las aulas, editorial Paidós (fragmento).