jueves 26 de mayo de 2022
DOMINGO Signos de puntuación
06-03-2022 03:10

Mitos y leyendas

06-03-2022 03:10

De acuerdo con la leyenda, el signo de interrogación tuvo su origen en Egipto o Roma, pero probablemente tengamos que volver a Aquisgrán para encontrar la fuente. ¿O deberíamos ir a Medio Oriente?

El signo de interrogación es fácil de manejar; rara vez causa controversias y ofrece pocos casos límite respecto a su existencia, dudas y reflexiones a altas horas de la noche. Estamos tratando con un signo de puntuación que nos brinda una ayuda útil para la escritura. Sin embargo, se dice que el signo de interrogación tiene apenas 1.200 años. Pero ¿puede ser correcto? Dos mitos cuentan diferentes historias: “Los antiguos egipcios amaban los gatos. De acuerdo con la anécdota, un día, un hombre observó sorprendido a su gato. Quizá sospechaba de algo; en cualquier caso, estaba perplejo. El hombre notó que la cola del gato se curvó dibujando algo parecido al actual signo de interrogación. Se dice que estaba tan encantado que dibujó la cola rizada y comenzó a utilizarla mientras escribía preguntas sobre el fenómeno”. No hay fundamentos científicos que respalden la veracidad de ese mito.

“La Roma medieval es el escenario de otra ingeniosa explicación acerca de cómo llegó a existir el signo de interrogación. La palabra latina quaestio significa ‘pregunta’, y supuestamente fue abreviada a qo, con una variante en la que la ‘q’ se colocaba sobre la ‘o’, creando algo similar al signo de interrogación de hoy”. La historia es lógica y suena cautivante, pero no hay estudios de la Roma medieval que apoyen la teoría.

Más allá de la veracidad de estas bonitas leyendas, lo cierto es que el signo de interrogación fue otra de las innovaciones introducidas por Alcuino, el maestro, monje y ministro de Educación en el imperio de Carlomagno. Muchos de aquellos que iban a leer o a editar textos antiguos en latín tenían una lengua materna diferente. Trabajaron duro y necesitaban de toda la ayuda y el apoyo que los signos de puntuación pudieran proporcionarles. ¿Cómo podían saber si una oración determinada era una declaración sobre el mundo o una pregunta? Conocemos la respuesta, y puede resultar sorprendente que nadie haya pensado en eso. Pero esto aconteció alrededor del año 800 d. C.; la caída del Imperio Romano tuvo como uno de sus resultados el debilitamiento de la lectoescritura en amplios sectores. (...)

Sin embargo, Alcuino tomó cartas en el asunto. Creó el punctus interrogativus, el signo de interrogación. Visualmente, el nuevo signo era una combinación de tilde sobre un punto, aunque en algunas versiones faltaba el punto. Los signos de puntuación se hicieron muy populares y rápidamente fueron utilizados por los escribas a lo largo de todo el Imperio Carolingio, es decir, de toda Europa central. Eso facilitó las cosas al creciente número de personas que preferían leer en silencio y también proporcionó un mensaje claro para aquellos que leían los textos en voz alta.

“Ya vienen”.

El significado es claro: estoy diciendo que vienen ahora.

“¿Ya vienen?”.

El significado cambió: ahora estoy preguntando si ya están en camino. Esta es una información importante para un lector, y si voy a leer el texto en voz alta, es preciso cambiar la entonación de la oración tan pronto como me doy cuenta de que se trata de una pregunta. En los siglos posteriores a su creación, el signo de interrogación se hizo popular, aunque no siempre se usó de acuerdo con la idea original. No adquirió su forma final y uso definido hasta el Renacimiento veneciano. En su famoso manual de puntuación y tipografía, Orthographiae ratio, publicado en 1566, Aldo el Joven especificó el signo que debería ser utilizado después de preguntas que requirieran una respuesta.

El signo de interrogación fue originalmente una ayuda para los predicadores, que necesitaban saber si se enfrentaban a una acusación o a una pregunta. Si fuera una pregunta, alzarían la voz al final de la oración, como solemos hacer. Más tarde, el signo de interrogación también se incluyó en un marco gramatical. Indica el final de un significado completo, que en este caso es una pregunta.

En consecuencia, el signo de interrogación moderno es el resultado de una colaboración entre escribas de Aquisgrán y Venecia, pero ¿es posible que el origen de este signo se encuentre en un lugar completamente diferente, sin tener que recurrir a mitos divertidos? Chip Coakley es un experto en manuscritos que trabaja en la biblioteca de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. En 2011, identificó lo que puede ser el signo de interrogación más antiguo del mundo, en una Biblia escrita en siríaco que data del siglo V d. C. El siríaco es una lengua de Oriente Medio que tuvo su apogeo antes del violento avance del islam. Coakley le dijo a la revista de investigación de la Universidad de Cambridge que a lo largo de los años se había interesado cada vez más en pequeños componentes del lenguaje, como por ejemplo la puntuación.

El signo de interrogación del antiguo siríaco se parece a los dos puntos que usamos hoy: dos puntos, uno encima del otro. Zawga elaya, tal su nombre original, se coloca sobre una palabra cerca del comienzo de la oración para indicar que se trata de una pregunta. Se utiliza solo cuando puede haber dudas sobre si la oración es una pregunta o no, es decir, no en preguntas que en noruego comienzan indefectiblemente con palabras cuyas primeras letras son “hv” (y en inglés “wh”).

¿Podríamos habernos arreglado sin el signo de interrogación como lo conocemos hoy? ¡Difícilmente! El signo de interrogación no es difícil de manejar. Por lo general, la única regla para su uso es sencilla y tiene como objetivo marcar una pregunta directa: “¿Qué vas a tejer para tu próximo nieto?”.

También lo usamos cuando la pregunta está implícita: “Estás tejiendo algo para tu próximo nieto, ¿no?”.

Pero no podemos usarlo si la pregunta es indirecta; entonces usamos un punto: “Le pregunté si estaba tejiendo algo para su próximo nieto”.

El signo de interrogación también se utiliza después de lo que se conoce como “preguntas retóricas”, es decir preguntas en las que la respuesta está dada de antemano o donde no se espera una respuesta: “¿Sos estúpido?”.

    

*Autor de Signos de civilización.  Ediciones Godot (fragmento).

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