sábado 22 de febrero de 2020 | Suscribite
DOMINGO
domingo 19 enero, 2020

Muertes de Nisman

Libros sobre un caso aún sin resolver.

Foto: CEDOC.
domingo 19 enero, 2020

A cinco años de que apareciera muerto en su departamento de Puerto Madero, la historia del fiscal que había acusado a Cristina Kirchner provoca aún más preguntas que respuestas claras. Cinco libros intentan develar el misterio: ¿Quién mató a Nisman? avala con fuerza la tesis del suicidio; Código Stiuso habla sobre los últimos momentos del fiscal y el viaje a Europa con sus hijas; Nisman es una crónica sobre ese 18 de enero de 2015; Nisman debe morir analiza su denuncia; e In memoriam aborda la actitud de la ex mandataria, según la versión de la prima del fiscal de la UFI-AMIA.

 

El viaje de un hombre ansioso

Ya no era Aldo Stiles. Ya no era Jaime. Después de 42 años, volvía a ser Antonio Horacio Stiuso. Había atravesado la dictadura. Había atravesado nueve presidentes. Y al final, también a él le tocaba irse.

Viajó a Uruguay y se instaló en el mismo hotel de Punta del Este al que iba desde hacía décadas. Allí empezó a recibir las noticias. Primero fue Garnica. Su amigo le avisó que Parrilli se había presentado en la base Estados Unidos y le había pedido que adelantara su jubilación. Pasó lo mismo con el Gordo Miguel, con Patrizio, con todos sus hombres de confianza. También Alberto Massino. Uno tras otro debieron firmar planillas y cartas documento para instrumentar lo que sería una limpieza de La Casa de todo lo que tuviera que ver con Jaime. Al menos los más cercanos, iban a caer todos.

Uno tras otro, más de veinte funcionarios y agentes fueron corridos de la Secretaría entre Navidad y fin de año. Más tarde les iba a tocar a unos cuantos callejeros, a delegados del interior, a decenas de analistas y a carpinteros de la base Estados Unidos. Todos los que respondían directamente a la voluntad de Jaime fueron borrados en esos días de fin de ciclo, en un verano caliente e inolvidable.

Es casi imposible imaginar que Jaime no lo haya advertido a tiempo, que no lo haya visto venir. Jaime había hecho ante Parrilli una actuación. Y Parrilli había hecho la suya. 

“Acuerdo de sicilianos” le habían puesto a la obra. Sólo que el final era realmente impredecible. Lo sigue siendo. Entramos ahora en una zona dominada por un secreto difícil o acaso imposible de perforar. Un territorio repleto de incógnitas y algunas de ellas lo serán para siempre. Pero es posible que las dudas sean, en realidad, la clave de todo.

Hay que razonar hacia atrás, como decía Conan Doyle.

Si Jaime sabía que iban a echarlo, ¿pensó en cuál iba a ser su reacción?

La historia nos mostró que siempre planifica lo que va a hacer.

Y que no tiene apuro, porque es calculador y tiene la paciencia necesaria para proyectar una venganza precisa y a su tiempo. En los últimos meses había dejado muchos expedientes abiertos en Tribunales. Denuncias contra agentes inorgánicos de la SIDE, denuncias por amenazas recibidas y otras más que se irán descubriendo con los meses o con los años. Había dejado también denuncias dentro de la Secretaría, para que la dirección de Asuntos Internos tuviera también para entretenerse. Eran sus huellas, por si las dudas, para poder destapar algunas cosas si alguna vez lo considera necesario. También se había tomado el tiempo de sacar sus cosas de La Casa. ¿O alguien pensó que iba a dejar ahí toda su ferretería de espionaje y sus backups y sus secretos?

¿Pero tenía otra carta para jugar?

Hay que razonar hacia atrás.

¿Cuál era la causa de su vida?

¿Cuál era su carta más audaz, esa que le había permitido limpiar a sus enemigos internos de la década del noventa, la que le había abierto las puertas hacia el mundo globalizado del espionaje? ¿Qué carta conocía mejor que nadie? Kirchner lo había dicho.

Nadie conocía esa causa como Jaime.

Alberto Nisman llevaba meses planeando su viaje a Europa. Era el regalo de 15 años de su hija mayor, Iara. En la Unidad Fiscal había informado de su viaje y había puesto una fecha de regreso, para el 19 de enero. Pero el último día del año les dijo a sus secretarias –eran tres– que pensaba volver antes, el día 12 de enero. Su anuncio coincidió con la limpieza en la SIDE. ¿Habló en esas horas con Jaime? ¿Acordaron juntos lo que estaban por hacer? Es imposible imaginar que Nisman haya tomado esa decisión solo. Llevaban meses, tal vez dos años trabajando juntos en la denuncia por encubrimiento contra el gobierno de Cristina. Podía ser una denuncia poco contundente, pero no era una denuncia improvisada, sino el resultado de muchísimas horas de trabajo, de analizar escuchas telefónicas, cruzar datos, hacer recortes periodísticos, analizar el contexto de lo que pasaba en torno al pacto que había intentado Cristina Kirchner con Irán.

Lo único que quedaba por definir era el momento exacto de la presentación. ¿Nisman estaba adelantando su retorno para eso, para activar la denuncia? Nada dijo a nadie de la Unidad Fiscal. A nadie. Como nunca lo hacía, en realidad. Porque Nisman hacía tiempo que había dejado de ser un fiscal como cualquier otro. Nisman desconfiaba de todos sus empleados. De sus secretarias, de las asistentes, de los abogados que trabajaban para él. Tiempo atrás, en 2007, había denunciado a uno de sus fiscales ayudantes por mal desempeño de sus funciones, ya que lo veía poco convencido de la marcha de la investigación. Aquello había sido un verdadero escándalo, que terminó en nada pero que dejó una huella entre todos los empleados. Nisman desconfiaba de sus empleados y ellos temían sus reacciones. Es cierto que les delegaba tareas, pero sólo tareas específicas. Buscar tal antecedente, analizar determinado informe de Inteligencia, hacer un resumen de los entrecruzamientos de llamados. Pero a ninguno de sus cuarenta empleados les mostraba el mosaico global de su trabajo. Ninguno sabía exactamente lo que estaba por hacer. (...) No podemos conocer el motivo exacto del apuro de Alberto Nisman por volver. Era un hombre naturalmente ansioso, por momentos hiperquinético, de esas
personas que cuando toman una decisión tienen que ejecutarla en ese mismísimo momento. (...)

Título: Código Stiuso
Autor: Gerardo Young
Editorial: Planeta
Género: Investigación
Primera edición: Febrero de 2015
Páginas: 448

Datos sobre el autor
Gerardo Young nació en Buenos Aires en 1972. Trabajó en el diario Clarín desde 1993, donde fue editor del equipo de investigación. En 2003 fue uno de los ganadores del premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, de Gabriel García Márquez, por una investigación sobre el movimiento piquetero. En 2006 publicó SIDE. La Argentina secreta (Planeta), un libro con el que, como ahora, se ocupó de indagar en las herramientas menos visibles del poder.

 

El silencio en Le Parc y todo Puerto Madero

Natalio Alberto Nisman se miró en el espejo antes de apretar el gatillo. Estaba cansado, pero decidido. La última imagen que vio en su vida fue la de sí mismo reflejada en ese espejo que llevaba días sin limpiar.

Se miró fijo a los ojos y cayó desplomado. El disparo fue en la sien con una pistola Bersa calibre .22 con la numeración 35099, apenas visible. Hacía pocos días había acusado a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de ser parte de un plan siniestro para encubrir el atentado terrorista a la AMIA.

Era domingo 18 de enero de 2015.

El lunes, el fiscal Nisman debía ratificar ante el Congreso de la Nación lo presentado en la Justicia. La muerte fue instantánea y generó dos estruendos. Uno más violento que el otro. El disparo por un lado y la caída al suelo de ese cuerpo herido de un metro ochenta y dos. Sin embargo, ningún vecino escuchó nada. Mucho menos los empleados de Seguridad Integral, la empresa que vigila el perímetro del edificio Le Parc. Menos aún sus custodios, que estaban abajo en la cochera. Nadie.

La hora del suicidio se estima cerca del mediodía de aquel domingo de enero. Entre las 13 y las 15 horas.

El cuerpo no tenía marcas ni lesiones defensivas. No había rastros de un forcejeo. Tampoco de una segunda persona en la escena de la muerte.

Nisman ocupaba la unidad 4 del piso 13. La puerta de servicio de su departamento estaba cerrada pero sin vuelta de llave. La puerta principal sólo se abre con un código electrónico, al igual que el ascensor, que necesita de una clave para funcionar. Todas las ventanas estaban intactas. De hecho, la abertura que admiten es tan angosta que no podría pasar una persona. El balcón es impenetrable; por lo menos lo es si la intención es no dejar rastros. Además, cuenta con una red de seguridad que aquel día estaba intacta.

El arma tenía presencia del ADN de Nisman por todas partes. En la empuñadura, en el gatillo, en el cargador. Nisman cruzó su mano izquierda para sostener con fuerza la derecha. Con esta mano portaba el arma, tembloroso. Con esa mano disparó. La trayectoria de la bala fue de atrás hacia delante y de abajo hacia arriba.

El baño quedó regado de sangre en pocos segundos. El fiscal ejecutó el disparo a menos de dos centímetros de su cabeza. Sufrió un “espasmo cadavérico”, es decir que de inmediato el cuerpo adquirió rigidez. Quedó duro en el piso. Tieso. El dedo índice de la mano derecha terminó doblado con el ángulo propio que imprime el accionar del gatillo. Un fenómeno neuromuscular incontrastable. Algo así como el último esfuerzo voluntario del suicida. La última orden que su cerebro emitió.

La sangre no salpicó el espejo pero sí la mesada del baño, donde quedó una marca evidente de que Nisman había estado de pie observando su propia muerte. La trayectoria del goteo hemático indica que antes de que su cuerpo se desplomara en el piso, en el mismo instante del disparo, Nisman escupió sangre por la boca producto de las lesiones internas.

El baño estaba ordenado. Sobre la mesada quedó el estuche de las lentes de contacto, el envase del líquido para lubricarlas, un vaso transparente de plástico, varios potes de cremas y seis pomos de pasta de dientes. También quedó arrugado el paño verde que venía en la caja del arma que le pidió prestada la tarde anterior a Diego Lagomarsino, su asesor informático, el hombre que llevaba más de ocho años junto a Nisman y que conocía como pocos los secretos del fiscal. Una suerte de hacker privado, servil y funcional.

La bañera estaba seca, sin usar. Al costado quedó el cuerpo tirado. El fiscal vestía short negro y remera blanca. Sus pies descalzos apuntaban hacia al lavabo. El brazo izquierdo cruzaba su tórax. El brazo derecho esta flexionado hacia arriba y su mano había quedado sobre el piso, a la altura del rostro, donde la sangre que emanaba desde la parte trasera de la cabeza de Nisman se confundía con la pulserita de tela roja que llevaba en su muñeca. Nisman la usaba para combatir la envidia.

La cabeza quedó ladeada hacia la derecha y apoyada sobre la bisagra más baja de una puerta entreabierta.

El disparo le generó un orificio en la región temporal derecha, sin herida de salida. Debajo del hombro izquierdo, se halló la pistola Bersa modelo 62 con un cargador de tres municiones completas y una en recámara. Entre los pies descalzos y el inodoro del baño, fue encontrada la vaina servida del .22. El disparo resultó certero y terminó con la vida del fiscal.

Sobrevino el silencio en Le Parc. Un silencio ensordecedor. El silencio de la muerte. Nisman quedó tirado más de ocho horas hasta que fue hallado su cuerpo. La primera persona que lo vio fue su madre, Sara Garfunkel, la misma que lo había dado a luz el 5 de diciembre de 1963.

—No hay dudas –dijo el primer médico en llegar a la escena de la muerte. Se trató de un suicidio. De una decisión extrema de quitarse la vida. De un instante de locura y desesperación. De un hombre acorralado que buscó en forma desesperada un arma hasta conseguirla.

—Los datos son contundentes —explicó un policía experimentado.

Un solo disparo, un cuerpo sin lesiones, un departamento ordenado, las ventanas infranqueables, las puertas sin señales de forzamiento, el acceso al departamento custodiado por agentes privados y policías federales. (...)

Título: Nisman
Autor: Facundo Pastor
Editorial: Margen Izquierdo
Género: Ensayo
Primera edición: Septiembre de 2015
Páginas: 280

Datos sobre el autor
Facundo Pastor es periodista y abogado. Comenzó su carrera redactando crónicas deportivas y luego se desempeñó como productor y cronista de radio y televisión. Colaboró con la investigación realizada por Miguel Bonasso para el libro Don Alfredo. Desde principios de 2002 es el encargado de investigar los casos policiales para el noticiero de América 2. Nisman es su primer libro de investigación.

 

Un complot que en realidad es una fantasía

La intención al describir cada una de las pericias que constan en esta causa, con la mayor exactitud posible, es que el lector pueda formarse una idea propia sobre lo que ocurrió con Alberto Nisman. Cada pericia ha sido resumida para facilitar su lectura, pero se mantuvo inalterable su contenido básico, su esencia y su lógica. Se ha puesto la lupa sobre aquellos temas que son motivo de debate entre los expertos.

Las pericias son trabajos de expertos destinados a aquellos que no lo son, como jueces, fiscales, abogados de las partes. Por eso pueden ser entendidas por cualquier persona sin ninguna capacitación especial. Como hemos visto en la causa, los temas médico-forenses y criminalísticos son los únicos importantes para el análisis.

Empezando por lo médico-forense, la autopsia del cuerpo de Alberto Nisman, corroborada en sus aspectos más importantes por la junta médica es categórica: en la muerte del fiscal no participaron terceras personas. Es falso que el cuerpo presentaba “sumisión química”, no estaba drogado ni borracho, a pesar de haber consumido dos ansiolíticos y una pequeña cantidad de alcohol. Su cuerpo no presentaba golpes más allá de los que causó la caída en su cabeza. No hay signos de defensa alguna por parte de Nisman. Aquí empiezan las preguntas sin respuesta. ¿Cómo se dejó dominar Nisman?, ¿por qué se entregó a una ejecución mortal sin presentar ningún tipo de resistencia? Debe ser uno de los pocos casos en el que, sin un motivo lógico, una persona se entrega a su propio homicidio sin oponer ningún tipo de resistencia. Es algo contrario a la propia naturaleza humana, nadie se deja matar.

El disparo, su trayectoria, el lugar en donde entra la bala, donde queda el arma y el casquillo, todo indica compatibilidad on un auto disparo. Nada en el cuerpo de Nisman habla de otra cosa que de un suicidio. La data de la muerte o IPM es coincidente en todos los métodos que se pueden utilizar para fijarla, todos hablan de un mismo horario aproximado entre las 9 de la mañana y las 2 de la tarde del domingo 18 de enero de 2015. Si se agrega el sistema de cálculo de potasio en humor vítreo, se lleva hasta las 6 de la tarde del domingo. El cálculo de Gendarmería, que indica que la muerte ocurrió a las 02.46 de la madrugada, es inaceptable, poco serio y no académico. Los peritos de la querella y de Gendarmería se esforzaron en encontrar golpes y drogas inexistentes, pero sus argumentos chocaron contra la realidad expresada por la autopsia y la Junta Médica. Desde lo médico, no cabe ninguna duda: la muerte es por suicidio.

La criminalística es la disciplina que aplica los conocimientos, métodos y técnicas de investigación de las ciencias naturales en el examen del material sensible significativo relacionado con un presunto hecho delictivo con el fin de determinar su existencia, o bien reconstruirlo, para señalar y precisar la intervención de uno o varios sujetos, llegando así a la verdad histórica del hecho utilizando esta definición, todo el resto de la investigación pertenece a la crimina-lística. En este caso, el elemento principal de análisis para esta materia han sido las manchas de sangre en el baño del fiscal.

Esas manchas indican que el cuerpo nunca fue movido, que cayó naturalmente, que Nisman estaba solo en el baño al momento del disparo, que su cuerpo no fue acomodado y que la puerta del baño estaba cerrada. La ausencia de rastros completos de disparo de arma de fuego en las manos de Nisman no indica que no disparó, hay restos no completos y, además, los expertos indican que un registro negativo no invalida que haya disparado.
El complot asesino es una fantasía. En el caso de que hubiera existido, quedarían muchas cosas sin responder. No se sabe cómo entraron a Le Parc sin ser vistos. Si bien las cámaras dejaban puntos sin registrar, había seguridad privada y efectivos de Prefectura de vigilancia. No se sabe cómo entraron al departamento con las dos puertas cerradas desde adentro. Ni aún contando con las llaves pudieron hacerlo, ya que la puerta principal tenía puesto el pasador y las dos cerraduras de la puerta de servicio estaban cerradas y, en una de las dos, estaba la llave puesta. No se sabe cómo lograron meter a Nisman en el baño sin desordenar nada en la casa, todo estaba en su lugar. No se sabe para qué se quedaron en la casa para navegar en internet desde la laptop del fiscal a las siete de la mañana sin ningún sentido. No se sabe cómo salieron del departamento dejando las puertas cerradas desde adentro; es una maniobra imposible. No se sabe cómo salieron de Le Parc ni cómo saltaron la reja perimetral de adentro hacia afuera siendo ya de día, además sin ser vistos.

No se sabe por qué Lagomarsino entregaría su propia arma con fines criminales. No se sabe por qué un miembro de su custodia declara que el fiscal le pidió un arma. No se sabe para qué los asesinos llevaron el arma al baño en el paño verde en el cual le fue entregada por Lagomarsino.

Por todo lo expresado, desde el punto de vista criminalístico no hay ninguna duda: la muerte de Alberto Nisman se trató de un suicidio.

Título: ¿Quién mató a Nisman?
Autor: Pablo Duggan
Editorial: Planeta
Género: Investigación
Primera edición: Septiembre de 2018
Páginas: 568

Datos sobre el autor
Pablo Duggan es periodista y abogado. Actualmente tiene programas en Radio 10, radio Delta y en la señal de cable C5N., donde hasta hace unos meses  participaba del programa Involucrados. Es autor de Perdón, María Marta, una investigación sobre la muerte de María Marta García Belsunse,  por el que fue condenado Carlos Carrascosa. Elogió el trabajo de archivo y los testimonios del documental de Netflix, pero cuestiónó que tenga un final abierto.  "La mentira es decir que aún no se sabe si fue un homicidio o un suicidio", sostiene.

 

La fiscal que estaba a punto de jubilarse

El video policial también registró la vaina vacía del proyectil que mató a Nisman sobre una mancha de sangre seca –con dos pelos que luego desaparecieron–, al igual que gotas de saliva. La especialista en ADN Gabriela Novoa luego certificó que le había llegado el arma, el cargador y los proyectiles en bolsas de plástico, pero todo con la sangre de Nisman que podría haber contaminado material genético de otras personas. Ni siquiera se encontró el ADN de Lagomarsino, que había manipulado el arma unas horas antes y había estado presente dos veces el sábado en el departamento.

Más tarde, Fein le ordena a una perito (que estaba vestida con ropa particular y sacaba cosas de una caja de seguridad que Nisman tenía en el baño): “Hay que registrar todo”. Se ve, entonces, cuando la perito saca con sus manos –sin guantes– un fajo con 10 mil dólares, un billete de 5 libras esterlinas, una memoria digital, la llave del Audi Q3 y una caja roja marca Touro con un disco duro de computadora, entre otros elementos. Luego, Natalia Gimena Fernández, camarera del bar Johnny B. Good y testigo del procedimiento, vio cómo una mujer de la Prefectura tomó con sus manos sin guantes el celular de Nisman –que no paraba de vibrar– para desbloquearlo, a pesar de que ya tenía puesto un polvo blanco para buscar huellas. En opinión de Fernández, había un clima de “risas y jolgorio” en el procedimiento.

Un par de prefectos, ya avanzada la madrugada, le dijeron que en vez de tomar mate “deberíamos pedir vino. Lástima que seas la única chica acá”. En otra escena se ve a peritos, vestidos sí como corresponde, revisando el tacho de basura donde se observa una cáscara de banana y papeles rotos. Pero hay otros embolsando elementos secuestrados sobre la mesa del living, quizás también contaminando huellas u otras pistas en ese sector del departamento. La madre de Nisman permaneció en el departamento durante todo el operativo. Ya Berni le había dicho al juez De Campo que había pedido quedarse “por la documentación de su hijo que había ahí”, sin dar detalles. Incluso, estuvo presente hasta las 6.50, cuando dos prefectos se llevaron el cadáver, cubierto con una bolsa negra, desde Le Parc hasta la morgue donde se haría la autopsia.

La última escena del video es el piso del baño lleno de pisadas sobre las manchas de sangre y todo completamente desordenado.

A nadie se le ocurrió vallar el baño. A nadie se le ocurrió tomar registro de las personas que entraban y salían. A nadie se le ocurrió hacer un “camino del indio” con baldosas elevadas y tratar el lugar como un “recinto sagrado”, como dice el criminalista francés Alejandro Lacassagne. ¿Actuaron así violando los protocolos para preservar la prueba o por negligencia?, ¿porque es así el promedio de los procedimientos policiales en la Argentina?, ¿o para facilitar una limpieza de huellas de un eventual asesino y su equipo, dejando una “zona liberada”? Esta última frase se usó en la dictadura.

Cuando el Ejército salía a hacer un operativo clandestino e ilegal, ordenaba a la comisaría del lugar que no interviniera y dejara una “zona liberada”. En contra de esta última hipótesis, va el hecho de que hasta ahora no se sabía que el Estado argentino tuviera equipos secretos de asesinos profesionales y limpiadores de huellas, como los que tienen los países desarrollados.

Como el expediente fue caratulado como “muerte dudosa”, la investigación quedó en ese momento en manos de la fiscal Fein y no de la jueza de instrucción Fabiana Palmaghini por una cuestión de procedimientos.

Antes del caso Nisman, Viviana Beatriz Fein (61 años) estaba a punto de jubilarse tras el nacimiento de su primera nieta. Había sido designada en 1992, durante el gobierno de Carlos Menem, sin concurso. Su primera oficina estaba en el edificio de Paraná 425. Recién en 2007 su Fiscalía, la número 45 del fuero penal ordinario, se mudó a la calle Tucumán 966. En su carrera hasta ahora no había investigado casos con connotación política, sino crímenes comunes. Como caso sobresaliente de su carrera en 2010, investigó el robo de cien cajas de seguridad del Banco Macro.

El escándalo Ciccone también rozó su despacho: recibió una denuncia contra José María “Naringa” Núñez Carmona, socio del vicepresidente Amado Boudou, por estafa y administración fraudulenta. También investigó una denuncia por un robo en la sede del sindicato de Camioneros de Hugo Moyano. Pese a que ahora investiga un caso de interés de la ex SIDE, la CIA y el Mossad de Israel, entre otros servicios de inteligencia, sigue con la costumbre de fumar Marlboro con las ventanas abiertas de su despacho, a la vista de cualquiera que quisiera filmarla… Antes de empezar con la investigación de la misteriosa muerte de Nisman, la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, le ofreció nombrar dos fiscales para que la ayudaran, pero lo rechazó. Sólo aceptó dos asesores de prensa y contratos para nombrar más empleados.

Tampoco quiso dejar las otras causas y dedicarse en exclusiva al tema Nisman.

En Tribunales se la considera una fiscal honesta y trabajadora, pero que se había dejado “entornar” por asesores de Gils Carbó. (....)

Título: Nisman debe morir
Autor: Daniel Santoro
Editorial: Ediciones B
Género: Investigación
Primera edición: Octubre de 2015
Páginas: 352

Datos sobre el autor
Daniel Santoro se desempeña como editor especializado en casos de corrupción de la sección “El País” de Clarín. Licenciado en Comunicación Social, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Es socio fundador y ex presidente del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y de la Academia Nacional de Periodismo de la Argentina.

 

La esperada y criticada cadena K

Estoy indignada! ¿Oíste la cadena?”. Quien se dirige a mí es una periodista enojadísima porque Cristina Fernández de Kirchner, la presidente de los cuarenta millones de argentinos, en su primera aparición pública luego de la muerte de mi primo Alberto, hace ya ocho días, no expresó palabras de condolencia hacia la familia, en una cadena nacional tardía. (...)   

Un plano abierto que abarca a Cristina y su circunstancia –inválida, la pobre, en una silla de ruedas– se va cerrando sobre ella –inmaculada– para fijar la imagen en un cuadro más acotado que la tiene de medio cuerpo al comenzar a hablar, en un estar acogedor de la quinta de Olivos; el campo florido que permea por la ventana; la foto de Néstor –su difunto–, un reloj, una copa de agua, son los objetos sobre la mesa de apoyo que completan la apacible puesta en escena. Es 26 de enero de 2015. Mi primo Alberto, fallecido el 18 del mismo mes, aún yace en una cámara frigorífica.

Transitamos un duelo insoportable pero ella, antagónica, viste de blanco. No de azul o beige o gris o lavanda. Blanco. Ella conoce más que nadie lo que es el luto, porque lo llevó por más de tres años por su marido y ex presidente Néstor Kirchner. Nadie pretendía que lo llevara en esta ocasión, pero de ahí a aparecerse impoluta, antípoda, blanquísima, se lee –siendo generosa– como una –otra– provocación. Ningún día de duelo nacional, ni banderas a media asta. No es que yo esperara algo distinto porque hace tiempo ya que no espero más nada por parte de ella. Me corrijo. Sí espero algo: que llegue a diciembre y realice un traspaso democrático del mando presidencial. Como corresponde. Nada más. Sólo eso. Y espero, por el bien de todos los argentinos, que lo cumpla. El acontecimiento trágico de mi primo Alberto nada tiene que ver con éste, mi íntimo deseo; es anterior. Entonces: sólo espero de ella que termine de una buena vez su mandato y que se vaya por donde vino.

El problema es el daño que ella sea capaz de hacer en el transcurso. Pienso en un inquilino al que no le renuevan el contrato del departamento que habita y, ante el inminente e inevitable desalojo, acata a desgano pero antes de irse daña las paredes y tajea las alfombras. En fin. Puede resultar paradójico lo de enfrentar al gobierno y a la vez defenderlo, pero no es ni más ni menos que el sostenimiento de las instituciones y las autoridades legítimas, elegidas por el sufragio ciudadano.

Retomo. La cadena. El anuncio: la disolución de la Secretaría de Inteligencia (SI), en beneficio de la creación de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia). Esa, la misma SI que fue funcional al gobierno durante más de una década, usada a su antojo y con arrojo, y que ahora les urge quitársela de encima. Por pecaminosa y oscura. Porque quema. El anuncio tardío no deja de ser importante e imprescindible. Empero, evocando al filósofo canadiense Marshall McLuhan, “el medio es el mensaje”, e interpelada por una puesta en escena más, me animo al siguiente análisis que subyace más allá de lo anecdótico del anuncio.

Es bien sabido, desde siempre, que nuestra presidente es autorreferencial. Narra de manera superlativa, casi mendaz, sus hazañas y padecimientos. Apela –a mi entender, ya sin efecto– al marketing de la lástima, sobreactuando por cadena nacional, desde ser víctima de una enfermedad terminal, hasta la mera torcedura de un tobillo.

Franklin Delano Roosevelt padeció poliomielitis en plena ascensión de su carrera política. Sin embargo, ni mientras fue gobernador de Nueva York, ni ejerciendo la Presidencia de los EE.UU.  se presentó en público sentado en su silla de ruedas que sí usaba irremediablemente en el seno de su vida privada; por el contrario, se sostenía de pie, apoyado disimuladamente sobre un par de muletas o por sobre el hombro de su hijo, para mostrarse entero ante la ciudadanía. Y me atrevo a afirmar que, de estar vivo, hubiese repudiado el monumento en su memoria del año 1997, en el que aparece sentado en su silla de ruedas, como nunca antes se había dejado ver.

Localmente, abundan los ejemplos de políticos que padecen alguna enfermedad o cierta capacidad disminuida y no hacen uso de ello para inspirar compasión. Gabriela Michetti, del PRO; Martín Insaurralde, que atravesó un cáncer; el diputado Jorge Rivas, tetrapléjico; o el mismo Daniel Scioli, quien sufrió la amputación de un brazo tras protagonizar un accidente motonáutico.

Esta estrategia comunicacional de victimización en lo personal se amplía en lo político en cuanto a sus denuncias de estar gestándose un golpe –blando– de Estado, en acusar de destituyentes a medios opositores, en atribuir al Poder Judicial de conformar un nuevo partido político con pretensiones de derrocarla y en advertirnos a todos que, si algo le llegara a suceder a ella, miremos hacia el Norte.

Cristina se instala en la zona en donde se siente más cómoda: el conflicto como hábitat de confort, y allí se asienta porque salir de ahí implicaría reconocer a un otro que pudiera tener razón. Alineada en esa perspectiva que se basa en la deformación sistemática de los hechos, sobreactúa
el conflicto forzándolo a una escalada –o derrumbe– imprevisible y fuera de control. El asesinato de mi primo Alberto es una clara secuela de su desajuste.

Algunos políticos sostienen que el hecho de instalar un enemigo y sostenerlo en el tiempo no es más que una argucia política, una estrategia efectiva de enfrentamiento constante.(...)

Título: In memoriam
Autora: Andrea Paula Garfunkel
Editorial: Margen Izquierdo
Género: Ensayo
Primera edición: Mayo de 2015
Páginas: 192

Datos sobre la autora
Andrea Paula Garfunkel nació en Buenos Aires. En el año 2012 obtuvo el Primer Premio Literario. Es autora de seis novelas, aunque jamás imaginó que su primer libro publicado sería uno de no ficción: In memoriam, un homenaje a su primo Alberto, el texto que nunca hubiese deseado escribir.


Comentarios

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 4913

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: María José Bonacifa | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Editorial Perfil S.A.