Sucedió algo que no pasaba en Argentina desde hace más de 150 años. El espectacular guacamayo rojo está volviendo y los primeros pichones silvestres argentinos acaban de nacer después de más de un siglo. Si bien el proyecto lleva más de 5 años en carrera, esto recién comienza. La paciencia y la planificación a largo plazo es fundamental.
Todo proyecto de reintroducción no puede ser exitoso hasta que los individuos reintroducidos empiezan a reproducirse y, por lo tanto, a hacer sustentable a la aún incipiente población de guacamayos. Esto es lo que ha sucedido hace una semana atrás. La primer pareja depositó tres huevos hace un mes, los cuales acaban de eclosionar.
El regreso de estas aves a la naturaleza no es fácil. El proceso demora muchos meses de arduo trabajo. Las aves deben pasar de la vida en cautiverio a la vida libre. Deben aprender a volar, a orientarse en su nuevo hogar, a buscar e ingerir frutos nativos y a evadir los depredadores que las acechan, como gatos monteses y zorros
Los pichones indefensos son alimentados por sus padres, pero celosamente vigilados también por el personal de Rewilidng Argentina, quienes eventualmente suplementan con alimento al pichón más pequeño, permitiendo que tenga las mismas chances de crecer que aquel que nació primero con unos días de diferencia. Si bien suelen depositar varios huevos, los guacamayos rojos raramente logran sacar adelante más de un pichón. Y a las parejas primerizas les cuesta aún más.
Mirá los tres gaucamayos rojos que nacieron en libertad en la Argentina tras 150 años
La muerte de un pichón. Poco después de nacer, uno de los tres pichones nacidos fue encontrado muerto, lo cual era probable que ocurriese. Los otros dos pichones se encuentran creciendo de manera óptima, aumentando varios gramos cada día. Si bien la tan ansiada noticia de estos pichones generó una gran alegría en el equipo y en el público general, la misma se vio opacada debido a un acto egoísta de una emprendedora turística en un campo vecino. El equipo llevando a cabo el proyecto tuvo conocimiento de una persona quien, para atraer a los guacamayos a su campo, les ofrecía una bandeja con grandes cantidades de semillas de girasol.
Alertada por el equipo de Rewilding Argentina de que este accionar resultaba negativo para el proyecto y la adaptación de los animales a la vida silvestre, la mujer continuó cebando los animales en su campo para atraer turistas.
Lamentablemente, entre los ejemplares que visitaban este cebadero, se encontraban los padres de los pichones, quienes se alimentaban periódicamente de este alimento, nocivo para las aves debido a su alto contenido en aceite y su baja calidad nutricional. Lo que sorprendió aún más al equipo fue constatar que tanto el pichón que había muerto como los pichones sobrevivientes, habían sido alimentados con estas semillas por sus padres. Este acto irresponsable no solo puso en riesgo el bienestar de los animales, sino que supone una competencia desleal hacia otros operadores turísticos que se benefician del avistaje de estos maravillosos animales en la región sin recurrir a molestarlos ni alimentarlos.
Dar conocimiento sobre este hecho permite concientizar para que no sea repetido nuevamente.
Un poco de historia. El guacamayo rojo habitó las selvas del noreste de Argentina hasta hace poco más de un siglo atrás. En la provincia de Corrientes una de las últimas citas bien documentadas es la del naturalista Alcides D´Orbigny, quien en el año 1828 observó una pareja (y cazó a uno de ellos) mientras navegaba el río Paraná, entre las actuales localidades de Itá Ibaté y Villa Olivari.
Ciento ochenta y siete años después, en el año 2015 comenzaba la ardua tarea de traer de vuelta a esta especie al parque Iberá y a la República Argentina. Era la primera vez que una especie extinta iba a ser devuelta a la naturaleza de nuestro país. La empresa fue iniciada por la Fundación Rewilding Argentina y la Provincia de Corrientes. Más tarde se sumaría la Administración de Parques Nacionales. Los animales a ser devueltos en la naturaleza provenían de donaciones de particulares, zoológicos y centros de rescate de fauna. Actualmente tres de ellos, el Ecoparque de Buenos Aires, la Fundación Temaikén y el Bioparque La Máxima de Olavarría crían pichones para nutrir al proyecto con ejemplares.
El regreso de estas aves a la naturaleza no es fácil. El proceso demora muchos meses de arduo trabajo. Las aves deben pasar de la vida en cautiverio a la vida libre. Deben aprender a volar, a orientarse en su nuevo hogar, a buscar e ingerir frutos nativos y a evadir los depredadores que las acechan, como gatos monteses y zorros.
Poco a poco estas enormes y coloridas aves han ido retornando al Iberá, a Corrientes y a la Argentina. Hoy son varias las parejas consolidadas que vuelan por estos cielos. A veces, incluso, visitan pueblos de la zona, como Ituzaingó, Apipé, Loreto y Villa Olivari. El comportamiento de la inmensa mayoría de los vecinos en este sentido ha sido ejemplar. Los cuidan, los disfrutan y reportan los avistajes al personal de Rewilding Argentina. Saben que el guacamayo rojo no solo trae la espectacular e inolvidable experiencia de observarlos, sino que también ayudarán (comiendo frutos y dispersando semillas) a recuperar los bosques nativos de la región. Y de a poco, como ha sucedido con otras localidades de Iberá, los turistas se acercan cada vez más a disfrutar de la observación de esta y otras especies del recientemente creado Parque Nacional Iberá.







