La primavera llegó pero el frío se quedó. Los consumidores tienen la
confianza baja, según todos los estudios que la miden. No es para menos,
los precios subieron más que sus salarios y es imposible mantener el ritmo de
gastos a los que la mayoría de la población accedió con la recuperación de la economía hasta el año
pasado.
Además, la
oferta de empleo está al mismo nivel que en 1998, cuando comenzó la recesión que
terminó con la convertibilidad. Esto hace que la seguridad de los ascensos o las mejoras salariales
se esfume para los estratos medios y el terror a perder el puesto reaparezca en los más bajos.
Quienes piensen que la retracción que se observa en el consumo de servicios públicos como el
transporte, la electricidad y el gas se encuentra en la cautela de los argentinos por la crisis
financiera global se equivocan. Eso surge de la interpretación de una encuesta realizada por la
Universidad Abierta Interamericana entre mil personas del área metropolitana de Buenos Aires, en la
última semana de septiembre, en la que
63,5% de los consultados aseguró que
no está tomando ninguna medida ante el vendaval.
La Fundación Mercado aseguró en su último informe que el consumo de largo plazo, determinado
en la
compra y construcción de viviendas, se mantiene estancado en los niveles de los
últimos cinco meses. Sólo 1,3% de las familias piensa comprar una vivienda y un 1,5% piensa
construir.
La tendencia de compra de automóviles tuvo nuevamente un
retroceso: de 2,9% en agosto a 2,4% en septiembre.
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Las diez luces rojas del enfriamiento económico
Sólo el 1% piensa en comprar una casa, la demanda de servicios y las ventas en shoppings ceyeron mientras que las expectativas de mejoras salariales se evaporan.