La marcha atrás del Gobierno con el tarifazo
ensombrecería aún más el escenario fiscal, ya golpeado por la recesión y los
desembolsos pre-electorales. En caso de que el ministro de Planificación, Julio de Vido, no logre
desarmar la trampa de subsidios que armó en los últimos seis años, por el costo político que le
implica, y que en octubre, fecha en la que vence el freno a las subas, decida mantener los
desembolsos que el estado realiza para compensar a las empresas por la compra de combustibles
importados que no se sustentan con las tarifas,
la expansión del gasto necesariamente golpeará a la obra pública y a las transferencias
hacia las provincias.
Frente al cierre de los mercados voluntarios de créditos y el agotamiento de las fuentes de
financiamiento público como la ANSES, el Banco Nación y Banco Central, la expectativa de los
consultores privados era que, pasado el primer semestre, marcado por las elecciones del 28 de
junio, el gasto dejara de expandirse a tasas que casi triplican el crecimiento de los ingresos. En
la primera mitad del año, el gasto primario creció al 31% y los ingresos sólo lo hicieron al 12 por
ciento.
“El aumento del gasto del segundo semestre debía alinearse con el de los ingresos para
obtener un resultado primario en términos del PBI de por lo menos la mitad del de 2008; lo que
permitiría cerrar el cuadro fiscal total”, explicó a PERFIL Ariel Barraud del IARAF.