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EDUCACIóN / OPINIÓN
domingo 5 mayo, 2019

Educación, proyecto de país

Rodolfo D’Onofrio

El Club Atlético River Plate incorporó tecnología a su instituto educativo. Foto: Prensa River.

Como egresado del Nacional de Buenos Aires y de la UBA, me siento parte de esa maravillosa tradición de la educación de calidad, gratuita y con pretensión de universalidad heredada de la Ley 1420.

Por eso estoy convencido de que reflexionar sobre educación está intrínsecamente ligado a proyectar la Argentina del futuro. No por nada solemos escuchar que la Argentina del siglo pasado tenía una educación de vanguardia: pasamos de una tasa neta de escolarización de nivel primario del 20% en 1869 al 48% en 1914, el 73,5% en 1947, el 90% en 1980 y el 97,9% en 2001. Un crecimiento similar tuvo la educación secundaria: en 1970 la tasa neta de escolarización había alcanzado el 32,8%, pero 30 años después, en 2001, superó el 71%.

El correlato de este crecimiento de las tasas de escolaridad fue, entre muchos otros, el exponencial incremento en la alfabetización: en apenas cuarenta años (1914) el analfabetismo descendió más de 40 puntos porcentuales, rondando el 36%. Ya en la década de 1960 Argentina tenía una tasa de analfabetismo de menos de dos dígitos (8,5%) y hacia el 2001 era de apenas del 2,8%.

Esta rica historia que nos ilumina el presente se ha visto en gran medida extraviada a causa de la lamentable y desgarradora realidad de la pobreza: como indican los últimos datos del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), casi 8 millones de niños –5 de cada 10– viven en situación de pobreza en nuestro país. Por ello, se viene hablando de un proceso de infantilización de la pobreza”, ya que los niños, niñas y adolescentes experimentan niveles casi 1,5 veces más altos que la población total.

Argentina necesita recuperar lo mejor de su tradición educativa para afrontar las deudas del pasado y los desafíos del presente y el futuro. Es imperativo que todos cuenten con acceso a una educación de calidad, independientemente de su socio socioeconómico. Para ello, debemos apostar a fortalecer la inversión en materia educativa, algo que suelo será posible en el marco de la construcción de consensos que permitan poner en marcha una verdadera política de Estado que trascienda los gobiernos de turno.

En este sentido, es necesario convocar a todo el arco político, a las responsabilidades dirigenciales en el ámbito de la sociedad civil, a la comunidad educativa ya la sociedad toda, con el objeto de trabajar en conjunto para saldar una de las grandes deudas pendientes : un verdadero proyecto educativo nacional. Si hace 200 años las naciones que controlaban la superficie marítima con rutas comerciales y armadas navales eran los ostentaban mayores índices de crecimiento económico, hoy las posibilidades del desarrollo de una nación pasan cada vez más por la producción de conocimiento.

Existe, indudablemente, un círculo virtuoso entre educación, empleo y desarrollo. Los países que lideran el mundo y los que pretenden hacer en los próximos años cumplen cada vez mayor valor científico a sus productos y sus servicios. La educación es, en este sentido, en el solo un derecho individual y social, sino una combinación indispensable para el desarrollo de una Nación.

Así como nos quedamos en la periferia del ordenamiento mundial constituido posrevolución industrial como país agroexportador, estamos en carrera para poder tener un mejor posicionamiento en la era del conocimiento y el mundo digital, de donde nuestros recursos humanos son altamente valorados. 

No se trata sólo de innovación, sino también de compromiso con el conjunto y de tener una mirada estratégica de futuro. Recordemos cuando en 1813 Manuel Belgrano de la Asamblea Constituyente un premio de 40.000 pesos por las batallas de Salta y Tucumán, yteo donar los fondos para la construcción de cuatro escuelas. ¿Qué mejor metáfora que esta? Transformar una guerra en escuelas.

Estamos cerca de cumplir 135 años de la sanción de la Ley 1420 de educación laica, gratuita y obligatoria que permitió construir un país pujante y con oportunidades. Si algo aprendí como emprendedor, tanto en mi trayectoria empresarial como dirigencial, es que las personas tienen la capacidad de ser artífices de nuestro propio destino. Y para que todos los argentinos tengan la posibilidad de forjarse un destino en un futuro que se perfila cada vez más exigente es imprescindible una educación transformadora. Una educación pensada en un sentido amplio, es decir, no sólo en lo referido a lo estrictamente académico, sino también a la socialización de valores como la honestidad, la diversidad, el respeto, la solidaridad, el trabajo en equipo, la convivencia democrática, entre otros pilares imprescindibles para la construcción de un mejor país.

Por ello, estoy convencido de que trabajar por la educación está intrínsecamente ligado a la posibilidad de pensar y proyectar la Argentina del futuro.

 

* Economista, empresario y presidente del Club Atlético River Plate.


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