viernes 24 de septiembre de 2021
EDUCACIóN Novedades editoriales
15-11-2020 06:01
15-11-2020 06:01

El desafío de enseñar a aprender en tiempos de crisis

Escrito por los tecnólogos educativos Corina Rogovsky y Francisco Chamorro, el libro “Cómo enseñar a aprender”, recientemente publicado por La crujía, ensaya las claves de la educación en línea. “No se trata de replicar los modos de las clases presenciales en la virtualidad, sino que debe elaborarse una nueva perspectiva para pensar y utilizar los recursos tecnológicos en función de enriquecer los aprendizajes”, anticipa la publicación.

15-11-2020 06:01

Este año ha planteado dificultades y oportunidades para el sistema educativo argentino, que van desde viejas deudas vinculadas con el acceso a las tecnologías hasta nuevos modelos de articulación de la presencialidad y la tecnología. Mientras nos acercamos al cierre de un ciclo lectivo atípico, las autoridades educativas ya planifican el próximo en un contexto de nueva normalidad.

Frente a ello, la posibilidad de compartir experiencias, analizar lo hecho hasta aquí y reflexionar sobre los desafíos futuros en la enseñanza de los aprendizajes, son algunos de los temas sobre los que profundizan Corina Rogovsky y Francisco Chamorro en “Cómo enseñar a aprender. Educación, pedagogía, innovación y tecnología en tiempos de crisis”, libro recientemente publicado por La Crujía. Allí, los autores plantean que el ingreso de la tecnología a las aulas ya no se cuestiona, “sino que el foco se centra en el uso inteligente de la tecnología, dotado de sentido y criterio pedagógico”. 

- Hablar de urgencia en educación es necesario, pero también puede ser una dificultad para trabajar a largo plazo y obtener mejores resultados. Lo cierto es que esta crisis sanitaria que vive el mundo puso en jaque también a la educación. La urgencia es cómo llegar a esos jóvenes que la brecha digital separó de la educación posible en cuarentena. En este escenario, ¿Cuáles son los principales desafíos?

Las desigualdades sociales que existen en nuestra sociedad en sus múltiples dimensiones hoy vuelven a quedar al descubierto a partir de la pandemia ocasionada por el COVID-19. Esta situación refleja como nunca la desigualdad referida al acceso a la conectividad y a dispositivos electrónicos por parte de docentes y estudiantes. Creemos que la reflexión actual en torno a las cuestiones educativas debería poner foco en aportar las herramientas necesarias para afrontar problemáticas en contextos complejos que requieren estrategias innovadoras para su resolución. Estrategias de trabajo en equipo y redes de equipos, que experimentan la colaboración como transformación y cocreación, y que buscan promover aprendizajes duraderos. Hoy más que nunca pierde fuerza la discusión acerca de la inclusión de tecnología en las escuelas. No se cuestiona ya su presencia, sino que el foco se centra en el uso inteligente de la tecnología, dotado de sentido y criterio pedagógico. 

Frente a esta manera de encarar la relación y el vínculo con la tecnología, sostenemos que la inmovilidad, el desconocimiento y el apego a prácticas tradicionales, rígidas, unidireccionales y exclusivamente apegadas al lenguaje textual, no son estrategias que debieran impregnar el paisaje contemporáneo. En cuanto a cómo llegar a aquellos jóvenes que tanto la brecha digital como las características propias del entorno que le toca habitar los ha separado de la educación, nos parece importante apelar desde la propuesta educativa a una combinatoria de estrategias didácticas que integre diferentes modalidades de trabajo, instancias sincrónicas y asincrónicas, espacios de trabajo individual y grupal. Momentos de compartir opiniones y discutir en espacios de diálogo, instancias para confrontar ideas en pequeños grupos para luego construir argumentos potentes, entre otras.

Diseñar entornos que se adecuen a las necesidades y posibilidades concretas de los destinatarios, combinando herramientas digitales y analógicas, accesibles como aplicaciones para transmitir contenidos por streaming sumando canales de interacción y participación, como por ejemplo redes sociales, incluido el whatsapp o cuadernillos de actividades impresos o digitales. A su vez, nos parece importante destacar que hay múltiples frentes sobre los cuales seguir trabajando tanto desde las instituciones educativas como desde las políticas que el Estado pueda proponer, como ser el acceso a conectividad y dispositivos, como la formación docente en cuanto a la apropiación genuina de la tecnología, entre otras cosas.

- Solemos escuchar que muchos docentes y expertos en educación sostienen que “el aula es irremplazable para la educación”. Lo cierto es que el aula como tal es una práctica nacida a fines del siglo XIX y principio del XX. En este sentido, ¿coinciden con la frase? ¿Creen que es el único modelo posible de educación?

No nos cabe duda que siempre existió y aún persiste esta idea de una fuerte vinculación entre los procesos de enseñanza y aprendizaje y la presencialidad, de hecho, muchas veces se hace difícil imaginar un aula por fuera de cuatro paredes. No hay dudas de que el encuentro presencial entre los actores que componen la escena educativa, docentes y estudiantes, es un factor esencial, aunque no podemos desconocer otras instancias y formas de aprendizaje.  Estas nuevas formas son de gran ayuda a la hora de repensar los tiempos y espacios escolares, las aulas virtuales y los espacios educativos más allá del aula.

Para nosotros, un aula es cualquier espacio educativo intencionalmente planificado. En este sentido, con la ayuda de internet y las tecnologías móviles, aparecen conceptos como aprendizaje ubicuo o aprendizaje móvil. Estas expresiones nos permiten dar cuenta de procesos de aprendizaje fluidos, continuos, que tienen lugar más allá de las fronteras físicas de las aulas y escuela.  Aunque parezcan conceptos novedosos realmente no lo son. Lo que sí sucede es que la escuela los desestimó o no los incluyó con fuerza.

Nos preguntamos por la posibilidad de aulas que abran sus puertas a la sociedad, permeables a las voces de sus diferentes actores. Aulas extendidas, que dejen entrar el mundo en ellas en mayor medida que las aulas actuales, con sus tensiones, sus conflictos y complejidades. Nos referimos a aulas que trascienden sus paredes para dialogar y generar encuentros. Apelamos a una mayor apertura y flexibilidad para facilitar herramientas y diseñar experiencias que conlleven a una mejor comprensión de la sociedad. Como decimos en nuestro libro “Cómo enseñar a aprender”, “un aula que no se aggiorna ingenuamente ni se resiste caprichosamente”.

- Una de las transformaciones más evidentes que viene suscitando en las últimas décadas en el ámbito educativo es la incorporación de profesionales con distintas especialidades. Al antiguo modelo en el cual un maestro o maestra ocupaba casi todas las funciones, desde las pedagógicas hasta las administrativas, hoy existe una tendencia hacia la interdisciplinariedad. ¿Qué es y qué hace un tecnólogo educativo?

En primer lugar, vamos a contarles que los tecnólogos educativos,  ya sea -como lo es en nuestro caso- en una red de escuelas o en cualquier tipo de institución y nivel educativo, deben ser capaces de percibir la institución de manera transversal y trabajar de manera constante y continua en un plan progresivo, que integre la tecnología en la propuesta didáctica general.

Se trata de una tarea compleja que implica instancias de diálogo con diferentes equipos, sean equipos docentes u otros equipos institucionales, en pos de un diseño curricular enriquecido en innovación didáctica. En este sentido, involucra también instancias de formación y capacitación en servicio tendientes a la actualización constante.

Desde este rol observamos cómo las resistencias al cambio que veníamos notando hace algunos años, se ven resignificadas por el contexto de aislamiento, de manera que despiertan actitudes y reacciones diferentes en los equipos de conducción y en los equipos docentes. Frente a las resistencias que en determinadas oportunidades se ven legitimadas por el fuerte predominio de la presencialidad en las escuelas, surge la necesidad de encontrar herramientas y aplicaciones que posibiliten la continuidad pedagógica. La tarea del tecnólogo educativo en este momento consiste en acompañar y guiar estas búsquedas, para que se produzcan apropiaciones significativas, valiosas y perdurables por parte de los equipos docentes que apuntan a la no reproducción de prácticas tradicionales, sino que más bien apelan a la originalidad didáctica que deviene de la lectura y comprensión de la manera de producir conocimiento en la actualidad. Una lectura que vincula la inclusión de la tecnología con prácticas culturales y con transformaciones sociales. 

- Por último, ¿Cómo consideran, desde la propuesta del libro, que se puede continuar enseñando en este contexto y qué creen que debería cambiar a partir de esta crisis en el ámbito educativo?

El tiempo y el espacio se reconfigura, por eso, nos parece que es necesario repensar la figura del aula, diseñando espacios educativos más permeables, que posibiliten un ida y vuelta con el entorno, y en este sentido, nos parece importante pensar en la posibilidad de sistemas educativos que combinen instancias de presencialidad y virtualidad. Para ello, será necesario diseñar estrategias didácticas complejas que desafíen al contexto e interpelen a todos los actores.

Se trata de reconocer las nuevas reglas que la virtualidad propone sin aferrarnos a una mirada romántica de lo que hemos resignado. Frente a este nuevo escenario, será necesario enfocarnos en aquellos procesos que cada una de las instancias, tanto presenciales como virtuales, sincrónicas como asincrónicas, propicia. En síntesis, se trata de servirse de todos los recursos que tenemos disponibles con la intención de construir nuevos espacios comunicacionales.

Así como el tiempo y el espacio se reconfiguran, también los roles de los docentes, estudiantes y directivos se resignifican. En el libro hablamos de docentes interpelados y estudiantes en el centro de la escena. Para nosotros esto implica salirse de pautas preestablecidas para resignificar el rol docente en tanto profesional de la educación que diseña sus propias clases, selecciona recursos variados, conforma junto a otros educadores comunidades de docentes que investigan y se nutren a través de la colaboración entre pares.

Sabemos que estos jóvenes, si bien han nacido inmersos en un entramado tecnológico que los/as dotan de cierta pericia y destreza en relación con el uso de tecnología, deberán descubrir cómo potenciar esas habilidades y conocimientos para fomentar una apropiación inteligente y desafiante de la misma.  En ese camino de descubrimiento y de reapropiación, es donde la escuela y los docentes deberán ocupar un rol central que guíe y oriente el proceso. Independientemente del contexto social en el que cada estudiante se encuentre inmerso, hay rasgos de época que son comunes y persisten. Por eso, a estos estudiantes decimos que no podremos plantearle consignas cuya resolución implique un “copy-paste” de información disponible en la Web, tampoco pedirle que memorice una serie de datos inconexos ni que replique lo ya existente. Debemos desafiarlos a construir nuevas interpretaciones, a una lectura crítica de los miles de datos que lo rodean, a comunicarse en muchos y variados lenguajes y formatos, a surfear entre diferentes tecnologías, a cuestionar las fuentes de información que consume, a evaluar la calidad de los contenidos disponibles en la web, a este estudiante deberemos desafiarle a producir contenido relevante, argumentar sus ideas, trabajar colaborativamente, dialogar, generar acuerdos, escuchar y debatir. 

En este contexto complejo e incierto que plantea permanentes desafíos y transformaciones, es necesario también repensar las formas de gestión en las instituciones educativas. Entendemos que hoy en día, la tarea de gestionar y ejercer la autoridad directiva es una tarea en equipo, dejando lejos la imagen unipersonal y verticalista construida históricamente alrededor de la figura del directivo. La colegialidad en la conducción se torna imprescindible, y nos parece importante considerar la conformación de equipos directivos capaces de liderar el proyecto institucional en sus distintas dimensiones, habilitando la palabra y construyendo un estilo participativo para que los diferentes agentes de la comunidad educativa, docentes, estudiantes y familias, puedan ocupar un rol activo en el desarrollo del proyecto institucional. A su vez, es necesario articular el proyecto institucional hacia afuera, en diálogo permanente con su contexto. 

 

 

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