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EDUCACIóN / La paleoantropología y la investigación de fósiles humanos
domingo 29 diciembre, 2019

“Lo que caracteriza a la evolución de la especie humana es la capacidad de cooperación entre varones y mujeres”

El suplemento Educación dialogó con el paleoantropólogo de la Universidad de Alcalá de Henares, Ignacio Martínez Mendizábal, sobre los avances de la ciencia que estudia la evolución del hombre a través de la investigación de restos fósiles humanos y sobre el trabajo de intercambio con España que tendrán investigadores argentinos.

Foto: UBA
domingo 29 diciembre, 2019

Ignacio Martínez Mendizábal y Mercedes Conde Valverde se desempeñan como paleoantropólogos de la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid y trabajan en los yacimientos de la sierra de Atapuerca de Burgos, lugar donde se encontraron restos humanos de más de 900 mil años que permitieron definir una nueva especie conocida como Homo Anteccesor. 

 

En 1997, el equipo de investigación de Atapuerca recibió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. En el año 2000, la UNESCO declaró a los yacimientos de la sierra de Atapuerca Patrimonio de la Humanidad, dado que se trata, en esencia, de una cueva donde vivieron por más de un millón de años todos nuestros antepasados.

 

Ambos investigadores visitaron nuestro país en el marco del convenio de cooperación académica, de investigación y de extensión que la Universidad de Buenos Aires (UBA) tiene con la Universidad de Alcalá de Henares. Durante la vista, el suplemento Educación tuvo la oportunidad de dialogar con Ignacio Martínez Mendizábal sobre los avances de la ciencia que estudia la evolución del hombre a través de la investigación de restos fósiles humanos y sobre el trabajo de intercambio con España que tendrán investigadores argentinos a partir de un nuevo curso a distancia.

En primer lugar, ¿en qué consiste el convenio firmado entre la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Alcalá de Henares?

Se trata de líneas de colaboración entre ambas universidades a través de las cátedras de Otoacústica Evolutiva y Paleoantropología HM Hospitales de la Universidad de Alcalá y de Biología del CBC de la carrera de Medicina de la UBA, en dos ejes fundamentales que son la investigación y la docencia. En el ámbito de la docencia, la idea es hacer un curso on line de posgrado específicamente en evolución humana, el campo de la paleoantropología, porque como aquí no hay fósiles humanos es una línea que está poco desarrollada en el país y en la que nosotros tenemos muchísima experiencia. La idea es que dentro de un año pueda estar funcionando el curso. 

En lo que respecta a las ideas de investigación en paleoantropología, se puede hacer una colaboración conjunta, aunque no haya fósiles humanos anteriores al homo sapiens en Argentina. No hace falta que un país tenga fósiles humanos viejos para que se desarrolle esta línea de investigación, y los jóvenes argentinos podrían desarrollar su vocación. Estados Unidos no tiene fósiles viejos y son muy potentes en esta área. Queremos que vayan alumnos de la UBA a escavar a Atapuerca supervisados por nosotros, y esto puede ser un embrión del primer grupo de paloantropologos en Argentina. 

Asimismo, nosotros hemos desarrollado dentro del proyecto Atapuerca, en el estudio de fósiles humanos, una línea propia de investigación que está dirigida a abordar el origen del lenguaje. Hemos desarrollado un método para poder estudiar el oído y saber cómo oía la gente de hace más de un millón de años, porque en la audición hay claves que tienen relación con el lenguaje. Si somos capaces de hacer esto, lo podemos hacer con otras especies vivas. Ya tenemos trabajos con chimpancés, y con ello podemos utilizar esos métodos aquí. Hay investigadores argentinos, en distintos campos de la zoología, que han mostrado interés en utilizar estos métodos, con lo cual podemos empezar a trabajar en perros, ciervos y monos. Hay un grupo en Buenos Aires que estudia cetáceos. Entonces, tenemos varias ideas en estas dos líneas centrales: desarrollar un grupo de paleoantropología argentino y llevar a cabo esas líneas de nuestro estudio concreto de la audición a otros grupos de animales.

¿Cuál considera que es el mayor aporte de la paleoantropología para el desarrollo de la ciencia en general y la comunidad en su conjunto?

La paleontropología es fundamental para conocer la evolución humana, y la evolución humana es fundamental como base del conocimiento del lugar de los seres humanos en la naturaleza. Esto sirve, desde el punto de vista filosófico, para empezar, pero tiene muchas aplicaciones en medicina. Es el caso de la rama de la medicina que es la evolucionista, que bebe en estas fuentes. Es importante también para los que estudian sociología y psicología. Primero conocer quiénes somos, la naturaleza biológica de las personas. A partir de ahí está la base para el resto de las disciplinas. Es de las piedras millares del conocimiento humano. Aquí en Argentina, por ejemplo, hay equipos muy buenos de antropología molecular, que estudian poblaciones actuales y dan claves para el conocimiento de la evolución humana, pero faltaba la otra pata que es la paleoantropología, y eso es lo que nosotros podemos aportar, siempre con la idea de ayudar a que se desarrolle aquí un equipo. 

¿Qué nuevas oportunidades les ha brindado las nuevas tecnologías para el desarrollo de sus investigaciones?

Hay muchas. Nosotros las aprovechamos para el estudio del oído, que son las técnicas radiográficas modernas y el manejo de imágenes 3D. Se escanean los fósiles y usamos las tomografías. Aquí en Argentina hay equipos que trabajan con estas tecnologías, y a través de la UBA se podrá aportar infraestructura. Hay un espíritu interesante de colaboración y hay muchas cosas que se pueden hacer. La masa crítica y el prestigio de la UBA nos puede ayudar mucho en este sentido, porque somos muy complementarios. Es un impulso para tener un polo de investigación en nuestra lengua, en lengua hispana.

¿Qué rol juega la divulgación en esta tarea?

Al día de hoy, además de la docencia y la investigación, la divulgación es fundamental. Queremos colaborar, por ejemplo, con el Museo de San Pedro, que trabaja para poner en valor el patrimonio paleontológico argentino. En ciencias como la nuestra, que son básicas, su parte aplicada, donde le devolvemos a la comunidad el esfuerzo, es la divulgación. El ser humano tiene legítimo derecho de saber sobre su pasado y por ello la divulgación es importantísima y es nuestra obligación.

¿Cuán parecido es aquel humano del pasado que ustedes investigan con el ser humano de hoy?

Mucho más parecido a lo que nos creíamos. El descubrimiento de Atapuerca es una de las cosas que más ha cambiado la visión de la evolución humana. Ha rellenado el foso que para muchos investigadores existía entre el homo sapiens y el resto de las especies. Parecía que el homo sapiens poco tenía que ver con ellas y era alejado del resto de las especies humanas. Lo que estamos viendo en los fósiles más antiguos es cuán humanas son esas especies. En Atapuerca pudimos ver cómo se ocupaban de los muertos, de las personas discapacitadas, de la caza. Ese cambio de visión fue gracias al descubrimiento de Atapuerca. Allí encontramos toda la evolución humana de Europa, desde los primeros que llegaron, fósiles de hace 1.200.000 años, de una especie que vivió hace 800.000 años y de fósiles de medio millón de años. 

En esta labor de reconstruir la historia de la especie humana, ¿cómo se observaban las diferencias que pudiera haber entre el varón y la mujer?

Ahí tenemos una investigación que toca ese punto, que analiza el dimorfismo sexual, que es la diferencia de tamaños entre los varones y las mujeres. Nosotros somos primates cuya masa corporal varía, y se observó que los varones eran 10% más grandes que las mujeres, en promedio. Se ha dicho que esta diferencia de tamaño ha determinado que el varón ha sido predominante en muchas culturas. Y se ha dicho que esa cultura, como la que nos ha tocado vivir, era la consecuencia de nuestra historia evolutiva, y que los hombres eran más fuertes y salían a cazar, y que por eso las mujeres se quedaron en la cueva con las capacidades más pasivas. Sin embargo, nosotros pudimos demostrar en Atapuerca que la diferencia de tamaño entre varones y mujeres no ha variado en más de medio millón de años. Es decir, que nos comportamos así no por esa historia de la cueva, sino por otra razón. Lo que caracteriza a la evolución de la especie humana es la capacidad de cooperación entre varones y mujeres. El dimorfismo siempre ha sido pequeño. 

Por último, otro tema muy presente en los debates de los últimos tiempos ¿la evolución del hombre siempre ha impactado negativamente en la naturaleza?

Ha sido así. Hasta hace 10.000 años los seres humanos formábamos parte de la naturaleza. Hace 10.000 años empezamos a cultivar y a ser ganaderos. Comenzamos a construir ciudades. Empezamos a crear mitos que dicen que somos distintos a la naturaleza, y que la naturaleza es un lugar para explotar. El impacto es cada vez mayor. Hay una cosa que es cierta: somos la única criatura que puede llegar a destruir el planeta, pero también somos la única criatura libre y consciente. Está en nuestras manos, somos la única criatura responsable de nuestros actos y en esa encrucijada estamos.

 


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