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ELOBSERVADOR / huellas textuales
sábado 15 febrero, 2020

Los rastros escritos que dejan los asesinatos

Una especialista en lingüística forense analiza las transcripciones de los mensajes de WhatsApp de los rugbiers tras la muerte de Fernando Báez.

Sheila Queralt*

Los Pertossi. De los chats surge que lideraban el grupo. Foto: cedoc

Como todos sabemos, el 18 de enero de 2020, a la salida de una discoteca en Villa Gesell, un grupo de jugadores de rugby agredió a golpes a Fernando Báez Sosa, un joven de 18 años con el que habían discutido previamente dentro del establecimiento y quien finalmente falleció a causa de los golpes.

Los agresores, después del suceso, mantuvieron una conversación en un grupo de WhatsApp titulado “los delboca3”. Esta conversación ha sido difundida por los medios de comunicación y ha causado mucha indignación por cómo los agresores hablaban de lo que acababan de hacer. Es un intercambio breve, de apenas unas doscientas palabras.

Como lingüista forense, mi trabajo consiste en analizar este tipo de conversaciones de textos escritos o audios y aportar pruebas lingüísticas a la policía, a los tribunales o a particulares para ayudar a esclarecer lo que ha sucedido. ¿Y qué puede decir un lingüista forense de una conversación de menos de doscientas palabras? O, lo que es lo mismo, ¿qué puede extraer de un texto de unas diez líneas, lo que ocupa una conversación en una página de Word? Pues mucho más de lo que se cree.

Perfil. Si no tuviéramos sospechosos, lo primero que deberíamos hacer sería un perfil lingüístico de los hablantes. Por ejemplo, podríamos determinar su sexo, procedencia geográfica, edad e incluso su nivel de estudios. En el caso de tener sospechosos, podríamos comparar los mensajes o los audios de WhatsApp con los de los sospechosos y determinar si han sido ellos los que los han enviado o no.

Por ejemplo, en el fragmento difundido en este suceso, participan seis miembros del grupo de integrantes de la manada. En este caso, no es necesario ni el perfil ni la atribución, porque disponemos de la información, pero el uso de léxico como “pibe”, “flashar” o “loro”, los tiempos verbales o el voseo, como en “me dice vení [vos] al mercado que pasamos siempre” son rasgos lingüísticos que permiten identificar que son argentinos y jóvenes. Además, a veces incluso se puede precisar de qué zona de Argentina son gracias al análisis de los vocablos que utilizan o de cómo pronuncian ciertos sonidos.

Un análisis lingüístico también puede revelar información sobre el comportamiento de los interlocutores, su relación con la víctima e incluso entre ellos, los agresores.

En esta breve conversación, se pueden observar las relaciones horizontales y verticales entre los interlocutores. En las relaciones horizontales, se observa cómo los agresores adoptan un tono de distanciamiento de la víctima, observable en los términos de tratamiento que usan y el registro de la lengua empleado para referirse a ella y su estado (por ejemplo, “estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos, está la policía, llamaron a la ambulancia... caducó”).

Y la relación horizontal entre los agresores es cercana, con tono de familiaridad. Utilizan términos de tratamiento como amigo, un registro coloquial (observamos, por ejemplo, expresiones como “este Ciro es pajero”, “es más lolo este Ciro” o “estamos esperando ahí tarado”).

Autoridad. En el plano de las relaciones verticales, se puede establecer la jerarquía o autoridad dentro del grupo. A pesar de ser un grupo de jóvenes de la misma edad, se pueden percibir interlocutores más dominantes que otros en el contexto de esta conversación, lo cual no quiere decir que se pueda extrapolar a otros contextos, dado el poco material disponible.

Sin embargo, en este caso se observa cómo Lucas y Ciro Pertossi son los que muestran más dominio en la dirección del grupo mediante el uso de imperativos para dar órdenes (que deben reunirse todos, qué deben hacer e incluso para establecer cómo manejar la situación con un “chicos no se cuenta nada de esto a nadie”).

De esto último también se desprende que los interlocutores son conscientes de sus actos y que deben tomar precauciones como no hablar o controlar sus nervios (“Dejen de flashar” o “Eu amigo dejen de lorear”).

Estas relaciones de grupo también se observan desde el punto de vista de la cortesía. Se puede observar que, a pesar de las referencias malsonantes con que se dirigen unos a otros o las órdenes que imparten, no rompen las normas de cortesía, puesto que entienden que ese lenguaje es el adecuado para el tipo de relación que los une, de colegas.

Conocimiento. Otra información que se puede extraer es el grado de conocimiento sobre el desenlace de la agresión, una cuestión muy importante en el juicio. Cuando Lucas Pertossi hace mención a que ha vuelto al lugar de los hechos y describe lo que sucede (“estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos, está la policía, llamaron a la ambulancia... caducó”), se observa una falta de emotividad, de sorpresa sobre el resultado, e incluso una falta de empatía al referirse a la víctima como “pibe” y a su fallecimiento como “caducó”.

Esa misma falta de sorpresa se manifiesta en el resto de la conversación, ya que ninguno de los demás interlocutores muestra reacción alguna por lo sucedido. No hacen preguntas sobre lo ocurrido, no hay exclamaciones, calificativos… nada referido a la noticia que Lucas Pertossi comparte con los demás integrantes del grupo.

Esa falta de reacción permite determinar que la muerte de Fernando no fue un desenlace no esperado o sorprendente para sus agresores.

*Doctora en traducción y ciencias del lenguaje. Máster en Lingüística Forense, Policía Científica e Inteligencia Criminal y en Criminalística.


Por la boca muere el malo

Sheila Queralt es perito judicial en lingüística forense y directora del Laboratorio SQ-Lingüistas Forenses, único laboratorio privado especializado exclusivamente en lingüística forense en el mundo hispanohablante. Entre otras cosas, el laboratorio realiza análisis del lenguaje criminal, autenticación y limpieza de grabaciones, construcción de perfiles y atribución de autoría ante textos anónimos con varios sospechosos.

Queralt colabora con distintas fuerzas policiales nacionales e internacionales. Recientemente fue nombrada mentora de la Liga Nacional de Retos en el Ciberespacio organizada por la Guardia Civil española.

Es docente e investigadora colaboradora en distintas universidades. Es autora de Decálogo para solicitar una pericial lingüística, coautora del libro Soy lingüista, lingüista forense y de Fundamentos de la lingüística forense. Escribe el blog semanal Por la Boca Muere el Malo, en Archiletras, y colabora en el blog Criminal Fact.


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