domingo 29 de marzo de 2020 | Suscribite
ELOBSERVADOR / Jaqueline Gies
sábado 21 diciembre, 2019

"Mi abuelo fue un genocida nazi"

La investigadora alemana se dedicó a desentrañar crímenes que realizó su familiar directo. Conocer la verdad y que no quede impune es su forma de hablarle también a la sociedad de su país que, a su juicio, sigue siendo muy “fuertemente xenofóbica”.

por Agustina Grasso

En Argentina. Jaqueline Gies en el Museo Ana Frank de Buenos Aires, donde conversó con PERFIL. Robert Gies posa con sus hijos en Praga. El padre de la historiadora tenía por entonces cuatro años. La tía, cinco. Foto: cedoc
sábado 21 diciembre, 2019

Jaqueline Gies está nerviosa. No puede creer que acá en Argentina pueda hablar de los temas que viene investigando hace años de manera tan abierta. Pregunta en alemán, con traductora de por medio, si está bien que lo diga. Desde la Casa de Ana Frank en Buenos Aires, institución que la invitó al país y donde dio algunas charlas, le dicen que sí, que está segura, que hable sin problemas. Y ella lanza un suspiro, de esos que alivianan el cuerpo: “Mi abuelo fue un genocida nazi”. Jaqueline tiene 52 años, es profesora de arte, vive en Berlín, donde tiene una librería con su pareja. Es nieta de Robert Gies, a quien investiga y denuncia. Este hombre ordenó la masacre que terminó con la vida de 192 personas. Luego se escondió en un monasterio y llegó a ser director de Cáritas de Alemania: “Hay una xenofobia aún muy fuerte en Alemania –explica–. No puedo creer que acá se pueda hablar con tantos periodistas tan libremente sobre el tema”, dice sin salir aún del asombro.

—¿De qué crímenes se lo acusa a tu abuelo?

—En 1939, mi abuelo se había mudado a Praga y fue nombrado asesor personal de Karl-Hermann Frank, quien en ese entonces era el destacado líder de las SS y la Policía en Praga. Por lo tanto, todo el sistema de represión en la Checoslovaquia estaba bajo su mando. Después del asesinato de Heydrich, en 1942, Karl-Hermann Frank fue ascendido a ministro de Estado y se convirtió en la persona más poderosa del protectorado. Como su confidente más cercano, mi abuelo fue nombrado jefe de la Oficina del Ministro. El terror contra judíos y checos ya había consistido en una crueldad inconcebible a partir de la ocupación de Checoslovaquia,  pero después del asesinato de Heydrich se incrementó notablemente. Probablemente la masacre más conocida fue la del pueblo de Lidice, completamente destruido cuando los alemanes asumieron que los colaboradores de los asesinos de Heydrich estaban escondidos allí. Todos los residentes varones mayores de 16 años fueron fusilados y las mujeres fueron deportadas al campo de concentración Ravensbrück. Los niños fueron separados de sus padres y en la mayoría de los casos asesinados. Algunos fueron entregados a familias alemanas para ser “re-educados”. Todas estas atrocidades estaban bajo la responsabilidad de mi abuelo. No solo las autoriza y ordena, sino que también las concibe. Miles de personas fueron condenadas a muerte, deportadas a campos de concentración, torturadas y asesinadas por sus acciones realizadas en Praga.

—¿Cómo fue que tu abuelo pudo evitar las condenas?

—Fue al final de la guerra, en 1945. Se escondió en un monasterio cercano bajo el falso nombre de Peter Corres. Mi padre, que solo tenía 9 años al final de la guerra, creía que su padre había muerto; su madre le había dicho eso. Ella vivió con sus hijos en la casa de sus padres en Trier y recibió una pensión por su marido supuestamente “muerto”. De repente, apareció un sacerdote de Colonia e informó que mi abuelo estaba vivo. Recuperó su verdadero nombre y administró un Centro Juvenil Cáritas. En el 1959, mientras continuaba su trabajo gubernamental, comienza una investigación legal en Praga y en 1963 es acusado de la matanza de ciudadanos checos. El estado de Checoslovaquia lo demanda en nombre de las asociaciones antifascistas de VicGm’s. Un año después, la demanda termina en Dortmund con su absolución. El nunca tuvo que pagar por sus crímenes. A pesar de las manifestaciones públicas en frente de su oficina, no renunció, sino que se retiró tempranamente. Muere en 1974 sin haber sido llevado ante la Justicia por sus crímenes.

—¿Hay un interés del Estado por que se sepa tu historia, tuviste alguna respuesta por parte de Cáritas?

—No, no hubo interés. Yo tampoco fui a buscarlo, Cáritas tampoco se expresó al respecto. Por ahora, lo que hago es dar charlas en colegios y espacios donde me invitan sobre todo a niños.

—¿Cómo llegan a saber realmente quién era tu abuelo?

—Alrededor de 1952, mi padre finalmente obtiene la dirección de su padre y organiza una reunión. Todas las preguntas de mi padre sobre las actividades de mi abuelo en Praga durante la guerra fueron respondidas de manera evasiva o no respondidas en absoluto. Los parientes en Trier tampoco proporcionaron información. Recién en 1997, mi padre lee el nombre de su padre en un artículo del Berliner Zeitung. Dos historiadores habían escrito sobre su investigación de un año sobre los niños de Lidice. Los contacta y recibe más archivos sobre el tema. Por primera vez, encuentra pruebas escritas sobre los crímenes que su padre había cometido. Finalmente, recibe las respuestas a las preguntas que había tenido desde que era un adolescente. Su padre fue responsable de la muerte de miles de personas.

—¿Cómo fue que decidiste tomar este rol de investigadora?

—Durante el tiempo que mi padre obtiene más información, me acerqué mucho a él. Frecuentemente debatíamos el tema y lo ayudé a investigarlo. Desde entonces hemos colaborado en esta investigación. Encontré múltiples fotos de mi abuelo en línea y mientras se las mostraba a mi padre, los recuerdos desaparecidos iban resurgiendo. En 2012, en Praga, cuando estuve en el monumento a los niños de Lidice, me invadieron sentimientos encontrados. ¿Puedo yo, la nieta de un asesino, estar aquí y rendir homenaje a las víctimas? ¿Tengo permitido pedir perdón en este lugar? Me sentí muy avergonzada. No puedo vengar los crímenes que él cometió. No puedo liberar a mi padre de los fantasmas que lo atormentaban. Pero decidí que puedo mantener viva la memoria y revelar la verdad sobre los crímenes cometidos por mi abuelo. Estos han estado encubiertos por mucho tiempo y nunca han sido condenados.

—¿Cómo te imaginás el futuro?

—Quizás escribiendo un libro o llevando el caso a la Justicia.

—¿Y cómo es para vos llevar esta historia? ¿Es una carga?

—No, al contrario. No es una carga. Para mí es una responsabilidad. Una misión. Yo quiero contar mi historia para que no se repita y para que la gente esté informada.

¿Quién fue Robert Gies?

Robert Gies nació en Colonia, Alemania, en el año 1902. Estudió abogacía y en el año 1930 se casó con Hilde con quien tuvo dos hijos, Hedda (nacida en 1931) y Robert (nacido en 1936). En 1933, con el ascenso de Hitler al poder se unió al nazismo. Dos años después, pasó a formar parte de la SS (Schutzstaffel, cuerpo de protección). En 1936 nació su segundo hijo, Robert (el padre de Jaqueline Gies) y un año después pasó a formar parte de la SD, el servicio de seguridad cuyo director era Reinhard Heydrich. Este posteriormente sería nombrado protector de Bohemia y Moravia. En el año 1939, luego de que los nazis invadieran Checoslovaquia, Robert Gies y su familia se mudan a Praga. En Praga es nombrado asesor personal de Karl Hermann, quien era el secretario de Estado del Protectorado de Bohemia y Moravia. Hermann era uno de los líderes de la SS y de la Policía en Praga, el sistema de represión en la Checoslovaquia ocupada estaba bajo su mando. En el año 1941 se divorcia de su esposa y ella vuelve a Alemania con sus dos hijos, con quienes no vuelve a tener contacto hasta después de la guerra. En 1942 la resistencia checa asesina a Heydrich, como consecuencia de ello el terror y la crueldad hacia los judíos y los checos aumentó incluso más. Robert Gies ideó y ordenó la destrucción de Lidice como represalia al asesinato de Heydrich. En el pueblo de Lidice se asesinaron a los 192 hombres que vivían allí, se enviaron a  campos de concentración a 196 mujeres y 88 niños y los niños que se consideraron arios fueron dados a familias alemanas para ser “re-educados”. Durante su servicio en Praga miles fueron sentenciados a muerte, deportados a campos de concentración, torturados y asesinados. En 1945, finalizada la guerra consigue escapar y evitar ser sentenciado, mientras que su superior Frank es condenado a muerte en Praga. Robert Gies murió en 1974 sin ser condenado por sus crímenes y continuó trabajando hasta que se retiró. Siete años antes, ya había nacido Jacqueline Gies, hija de Robert Gies (hijo). En 1997, el padre de Jacqueline comenzó a investigar las acciones de Robert Gies en Praga. Años más tarde, ella se unió a la investigación para poder reconstruir el pasado.


Temas

Comentarios

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 4949

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: María José Bonacifa | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Editorial Perfil S.A.