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ESPECTACULOS / Diario PERFIL
sábado 16 marzo, 2019

Andy Kusnetzoff: "Hoy es difícil encontrar periodistas creíbles"

El conductor volvió con PH los sábados a la noche por Telefe. Confiesa que sueña con tener en la misma mesa a Mauricio Macri y Cristina Kirchner.

Juan Manuel Domínguez

Fórmula. Cree que para que la mesa de PH funcione debe haber personalidades distintas. Foto: Cuarterolo
sábado 16 marzo, 2019

Andy Kusnetzoff dice: “Ojalá este año la encontremos de vuelta.” Habla de la “magia”, término bastardeado en cualquiera de sus receptáculos (aquí la televisión, pero ya vieron lo que es el mundo en estos días). Después del Martín Fierro de Oro, de 17 años de su clásico radial Perros de la calle, de ganarle en la misma franja horaria a Mirtha Legrand, Andy volvió con PH, con Podemos hablar. El show que él mismo define, frente a la comparación con Mirtha y divertido, como “dinner show” (insiste, siempre, que la base fue Sábado Bus). Pero Andy es distinto, a Nico, a Mirtha, y por eso su show en televisión, sus entrevistas en vivo, su reunión relajada de celebridades a las 22 por la pantalla de Telefe se siente algo distinto. Pero él sin negarlo insiste: “Yo creo que en la televisión está todo inventado. No me quiero adjudicar nada. Pero logramos hacer un programa que puede ser descontracturado y emocional. Lo emocional me gusta mucho. Profundizar en las historias, de una forma que no sea sobria, ni superficial, ni morbosa.”

—¿Qué te divierte de lo que estás haciendo? Hay una búsqueda de lo genuino que quizás es difícil de hallar en otros programas.

—Eso es lo que me divierte. Que haya verdad como hay en la radio. Si nos cagamos de risa, que sea porque nos cagamos de risa. Si hay emoción, que sea porque nos emocionamos. No me pongo así para que me vean y me ponchen emocionado. En la tele me era difícil encontrar un formato donde uno pueda ser genuino animando. Por eso me sentía cómodo buscando historias en la calle. Con gente real no se puede actuar. Y acá logramos que sea muy verdadera. Eso me gusta y es genuino. Me parece fascinante la mezcla de invitados. Hay días que no puedo creer lo que pasó.

—¿Es una reacción a lo que es la televisión?

—Yo lucho para encontrar una mística que yo supe conocer en la televisión y que evidentemente es difícil encontrar hoy. Esa es mi lucha. A mí me gustaba ver La voz el año pasado, y si me gustaba verlo es porque hay algo.

—¿Esa es la mística de la que hablás?

—Hay algo que se puede transmitir y que den ganas de verlo, y que no te quieras ir a ver Netflix, donde ves todas series, películas, probadas globalmente con un superpresupuesto. Si no se produce esa magia, es difícil. Lo que fuimos logrando es que nos den una oportunidad más allá de los nombres. Si vos me decís: “Te doy a Darín y a Susana y… somos todo megaconductores”.

—¿Tenés una mesa soñada?

—¿Cómo un “Dream Team”? Un Macri-Cristina. Resolvámoslo en PH. Son nombres que no son solo de acá. Serrat, Sabina, pero con Pablito Lezcano y Sol Pérez. Eso es PH para mí. Somos todos iguales en esta mesa. Eso me gusta mucho.

—En año de elecciones, ¿están pensando algo distinto?

Yo quiero empezar sin políticos, vamos viendo, y después de mitad de año calculo que sí. Hablamos de historias emotivas y no estamos para políticos en campaña. Pero después de mitad de año la gente va a querer escucharlos. PH hoy tiene que ver más con las historias que con esto de cerrar la grieta que en principio, era más la idea. Porque además es muy difícil. Macri-Cristina es muy difícil. Pero todo es un muy difícil.

—¿A qué te referís?

—Nadie de Cambiemos quiere sentarse con un kirchnerista, los kirchneristas no quieren sentarse con macristas. Es difícil de verdad. Entonces termina habiendo debate entre Aníbal Fernández y Amalia Granata por algo que pasó. No logré  sentarlo a Marcos Peña con Aníbal. Pensarlo es fácil, pero hacerlo es muy difícil. La sociedad nuestra no está acostumbrada. Si no van ni al debate. Imaginate cómo les cuesta juntarse a un debate presidencial.  

—¿Cómo te sentís profesionalmente en este momento?

—Te voy a contar algo bastante íntimo. Ayer hace 15 años se murió Juan Castro, encontré una nota, para una doble página en Viva en 1997. Me la puse a escuchar. Se escuchaba mal. Quería rescatar algo para la radio. No me gustó nada la charla. Buscaba algo, basado en CQC seguramente, que era un poco lo que hacía, y no encontré nada para el aire de la radio. Siento que encontré más claro lo que quiero ser hoy, lo que soy, lo que no soy. Y tratar de ser cada vez más genuino. Que los formatos se acomoden a lo que yo quiero ser y no al revés, que pasa mucho en televisión. A mí me pasó.

—¿Fue difícil llegar a esa claridad?

—Fueron 20 años. La radio fue lo que me hizo cambiar. Ahí encontré quién era yo. Yo tenía 24 años y arranqué explotando ciertas habilidades que tenía en base a la que se necesitaba y lo que necesitaba era un programa, que para mí hoy no podría estar al aire en la forma en que estaba como Caiga quien Caiga. Hace 20 años había una impronta en pleno menemismo que a mí me servía. Tenía contexto. Yo iba mano a mano con Kohan, con Corach, con Menem mismo en un duelo verbal que me servía, pero no profundizaba en nada. Me rindió un montón pero, claro, no sabía qué más había. Hoy mi mayor virtud es saber qué puedo hacer. No trato de ser algo que no soy.

—¿Cuál es ese ideal entonces como periodista?

—Yo siempre creí en lo mismo: cada uno desde su lugar, si vos lo hacés bien y sabés leer, podés mostrar algo como periodista de un personaje o un político. Por ejemplo, cuando hacía a Menem te dabas cuenta que era un tipo superrápido y te dabas cuenta en la nota. Una vez en Moscú, en el 98, viene la KGB y me agarra el cuello. Pasa Menem y le pido que le digan que me suelten porque me estaba lastimando. Me dijo: ¿Qué querés? ¡No hablo ruso! Es gracioso, es un hijo de puta. Es todo. No hace falta a veces hacer el llamado periodismo serio. Muchas veces las entrevistas que ves en un programa político serio está todo pautado y capaz que no te sorprende nunca. Y capaz que en un programa descontracturado muestra la hilacha en un montón de cosas. Es como ver a Lavagna en medias y short y zapatillas. Y algo te produce.

—¿Cuánto cambió el periodismo político desde ese momento?

—Creo que está mucho más claro que hay distintos lados y distintos medios y entonces la supuesta independencia de muchos periodistas… Depende de dónde trabajás vas a poder ejercerla o no. Si me decís que tal periodista entrevista políticos en Youtube, buenísimo, si me decís que lo hace en Clarín, La Nación o Página/12 ya sabés. Creo que está bueno, hace 20 años no lo tenía tan claro y desde 2008 empezó a verse tan claro. Hoy es más difícil encontrar periodistas creíbles. Me decís el nombre y yo te digo si les creo o no. Me gustan María O’Donnell, Tenembaum, Novaresio, Sietecase. Bastante claro. Más allá de las caricaturas.

—¿Qué descubriste de la farándula argentina habiendo hablado tanto con ella?, ¿qué creés hace a la idiosincrasia de nuestra farándula?

—Nada. Yo creo que no descubrí nada de la farándula haciendo un programa de televisión. Lo que descubro es la humanidad de cada persona, la forma de ser de cada uno individualmente y más allá de lo que se conoce. Un político, un artista, un músico, un actor o alguien que tiene una historia. Descubro cosas de las historias, no puedo hacer un análisis como “farándula” en general. Además, porque es completamente ecléctica, acá y en cualquier país. ¿Qué es la farándula?, ¿cuál es el grupo?, ¿dónde cortás? No me veo capacitado para hablar de la farándula sociológicamente por haber hecho un programa de tele.

—¿Intentás escuchar más allá de la caricatura del famoso?, ¿cómo eludís el titular de Twitter?

—Lo que logramos hacer es como un viaje. PH es un lugar donde hay un encuentro, donde se pasa el semáforo y se llega al punto de encuentro. Creando un ambiente íntimo y raro como es ese punto de encuentro y desde ahí que logren abrirse. Se produce una magia que es medio inexplicable y después es mucho más fácil pasar a la mesa. La clave esta en esa experiencia.

—¿Hay una dimensión paralela donde sos periodista político?

—No, ninguna. Hay una dimensión paralela donde soy un ciudadano que lee, se informa y tiene su forma de pensar. Pero no soy periodista político.

—¿Por alguna razón?

—Porque yo soy periodista y puedo entrevistar a un político. Pero el término periodista político implica que tenés que especializarte. María O’Donnell es licenciada en ciencias políticas y se dedica a eso. Me parece que hay que tener un respeto. El curso de periodista dura tres años y te lo da cualquiera. La profundidad es lo difícil de encontrar.


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