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ESPECTACULOS / Paolo Genovese
viernes 15 junio, 2018

“No me gustó ninguna remake de ‘Perfectos desconocidos’”

El director italiano analiza su éxito de cine y teatro. Presenta Los oportunistas, su nueva película, donde plantea que la moral es relativa y depende de la situación en que se encuentra cada persona.

Analía Melgar

Crítico. El director italiano cree que en la época actual todo el mundo consume cualquier cosa sin ponderar las consecuencias. Foto: CEDOC
viernes 15 junio, 2018

El italiano Paolo Genovese, que se volvió casi mundialmente famoso por Perfectos desconocidos, ahora presenta su nuevo film: Los oportunistas (ver crítica en página 2). Allí logra, entre otras proezas, sostenerse en una sola locación, un bar. “La idea es esta –explica Genovese–: casi todo es posible, pero a cierto precio. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para obtener eso que es posible? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar?”.

—¿Cómo dialoga esta película con el presente del mundo?

—El motivo de esta película es la situación del mundo, en llamas, donde todos toman lo que desean sin tener en cuenta las consecuencias. Se trata de buscar, dentro de nosotros, nuestra parte más oscura; de juzgarnos a nosotros mismos, en un momento en el cual todos juzgamos a los otros. Somos todos buenos, pero ¿hasta dónde?

—¿Estás proponiendo que no existe la moral absoluta?

—Absolutamente no existe la moral absoluta. Si para salvar a tu hijo tuvieras que matar a una persona, ¿lo harías? No es importante la respuesta. El hecho de pensarlo muestra que la moral es muy móvil y depende de la situación de vida.

—¿Ya viste la versión argentina de “Perfectos desconocidos” (dirigida por Guillermo Francella)?

—En unos días iré, pero vi la versión española de Alex de la Iglesia…

—¿Te gustó?

—No… A ningún autor le gustan las remakes. Es como si me dieras a tu hijo y yo te lo devolviera con el pelo verde: no te gustaría. Como autor, cada pequeña cosa está pensada, y no quisiera que nadie le cambiara ni una cosa [a mis obras]. Cuando otros las hacen, me di cuenta de que no debo verlas.

—Pero has dado tus derechos para que se hagan…

—Sí, pero me he arrepentido [sonríe], porque las remakes son dolorosas para un autor. [Aunque] de Perfectos desconocidos hay remakes en Grecia, Turquía, España, Francia… y son prácticamente idénticas y les han cambiado muy pocas cosas, no me gustan.

—¿Te ha gustado alguna versión?

—No.

—¿Cómo te llevás con este hijo que es “Perfectos desconocidos”?

—Es un vínculo extraño. Es un hijo gordo e incómodo. Me hablan solo de Perfectos desconocidos, pero yo hice otras diez películas, todas exitosas. Sin embargo, estoy feliz de que Perfectos desconocidos haya hecho que el cine italiano diera vueltas por el mundo.

—¿Qué rasgos identifican al cine italiano?

—La identidad del cine italiano siempre ha sido el hombre en el centro de la historia: el perdedor, con sus vicios, miedos, debilidades, el hombre verdadero que al mismo tiempo intenta ser héroe. En el fondo, los personajes de Los oportunistas o de Perfectos desconocidos están llenos de defectos, pero son queribles. [Por otra parte], reflejan mi país, como ellos, lleno de defectos, de contradicciones, de cosas que no funcionan, pero maravilloso y, por eso, muy querible. Como lo es Buenos Aires.

 

Italia, la UE y la magia del cine

—¿Cómo percibís actualmente a Italia?

—Por primera vez, no hay un partido ni de derecha ni de izquierda ni de centro, sino dos partidos relativamente nuevos [Cinco Estrellas y la Liga]. Estamos viendo qué sucede, un poco preocupados.

—¿Qué posición tenés en relación con la Unión Europea?

—Italia debe permanecer en la Comunidad Europea y la CE debe estar más fuerte, más unida; debemos ser un único país y tener una política común. Dividirse no sirve para nada. Pero creo que somos manipulados y condicionados por intereses de lobbies financieros que no permiten hacer una política comunitaria justa.

—Estás presentando tu película, pero tenés puesta una remera de la serie Narcos…

—Me gustó mucho Narcos. La serialidad está cambiando el público. La competencia del cine ahora no es con otros films, sino con las plataformas: Netflix, Amazon, Google. Son dos realidades que deben convivir. [Pero] se debe proteger al cine porque, si no, corre riesgo de desaparecer. Las políticas culturales pueden mostrar la importancia del gran esquema colectivo indivisible que es el cine. Ver cine en una sala es una sensación especial y justifica el enorme trabajo de los directores: estoy meses para el audio, meses para la voz, para que se escuche una gaviota, un perro que ladra, una música. El sonido debe ser perfecto; la luz debe ser perfecta. Estos pequeños detalles se aprecian en una sala. Allí hay aún una magia.


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