martes 28 de septiembre de 2021
INTERNACIONAL opinión
03-09-2021 23:55
03-09-2021 23:55

Fusiles y feijão

03-09-2021 23:55

Ante un presidente totalmente aislado y debilitado políticamente, esperamos ver qué sucede el 7 de septiembre. Trata de mostrar fuerza, pero las denuncias de corrupción contra él y sus hijos, además de la compra de vacunas, sumadas al rechazo electoral récord evidencian su fragilidad política, su inexperiencia y el amateurismo de su gestión, y explican por qué los sondeos apuntan a su probable derrota frente a todos los precandidatos presidenciables para las elecciones de octubre de 2022. Y, además, es cada vez más probable que ni siquiera llegue a la segunda vuelta. 

Esto explica su mal humor cada vez mayor, sus frases pesadas, y la reducción de la cantidad de gente que lo espera en el “corralito” a las puertas del Palacio da Alvorada, lo que lo impulsa a apuestas cada vez más arriesgadas y a fanfarronadas recurrentes. 

Ya no se preocupa en esconder que 24 horas por día, siete días a la semana, desde el primer día de su mandato, solo piensa y trabaja por su reelección, ni que las políticas públicas no son su prioridad. 

Hay quien dice, como el alcalde de Río de Janeiro (Eduardo Paes, ndr) que no pasará nada el 7 de septiembre y, de hecho, eso es posible. La verdad es que el presidente ve cómo sus triunfos de derriten y juega sus últimas fichas con desesperación, apelando a frases de efecto, como decir que habría apenas tres caminos para él: la victoria, la muerte o la prisión. Como si el pueblo no pudiera democrática y legítimamente elegir a otro mandatario. Ya ha dicho que apenas Dios lo sacaría del sillón presidencial, siempre haciendo cuestión de imprimir un tono mesiánico a su discurso. Como si el pueblo no fuera importante en el proceso político. 

En campaña, rivalizó duramente con Lula da Silva y lo atacó, pero hoy parece desear ávidamente como único adversario en la elección. La polarización lo beneficia, ya que ellos son las dos caras de la misma moneda de la demagogia populista y extremista. Este marco perverso e inmaduro se encontrará en las calles, y el presidente quiere manipular a su masa de seguidores con la brújula del algoritmo de las redes sociales en las manos, provocando desasosiego en el pueblo honesto del país y faltando el respeto a la memoria de la patria en la fecha que conmemora la independencia proclamada en 1822 por Dom Pedro I. 

Falta comida en la mesa, muchos sienten hambre, familias son arrojadas a las calles, lo que se agravó en tiempos de pandemia. Aun así, el propio presidente, que fracasó en la gestión de la pandemia y se mostró insensible ante el dolor por las muertes, habla para que el pueblo compre fusiles en lugar de colocar “feijão” en el plato. ¡Este es el Brasil de Jair Bolsonaro!

*Doctor en Derecho (USP). Procurador de Justicia en San Pablo. Fundador y presidente del Instituto Não Aceito Corrupção.

 @robertolivianuoficial