miércoles 07 de diciembre de 2022
INTERNACIONAL tension en washington

Megaescándalo de espionaje, ¿el Gran Hermano se metió en la Casa Blanca?

Es la primera vez que se hacen tantas denuncias de acciones secretas contra un presidente en ejercicio en los Estados Unidos. El rol del FBI y de la Agencia de Seguridad Nacional.

09-06-2013 08:54

Las segundas partes nunca son buenas. Si no lo creen, pregúntenle al presidente norteamericano, Barack Obama, que nuevamente está en el centro de la tormenta, por escándalos de espionaje que amenazan con complicar su segundo mandato en la Casa Blanca. Esta semana se conoció que Washington espía millones de comunicaciones telefónicas de la compañía Verizon, al tiempo que accede –a través del programa de inteligencia Prisma– a información secreta y conversaciones de usuarios de Facebook, Google, Skype, Yahoo!, Microsoft y otros gigantes digitales.

“Nadie está escuchando sus llamadas”, dijo el viernes el jefe de Estado, luego que la prensa denunciara que su gobierno tiene acceso desde fines de abril al registro de llamadas de todos los clientes de Verizon, una de las compañías telefónicas más grandes del país. Obama logró erigirse en el Gran Hermano norteamericano al obtener una orden judicial del magistrado Roger Vinson que le permitió conocer los números que intervienen en las llamadas a cualquier teléfono de la empresa, el lugar y la hora en los que tuvo lugar la comunicación y su duración.

Estas revelaciones demuestran que Obama mantuvo y, de hecho, reforzó el programa que lanzó George W. Bush tras los atentados del 11-S, con la aprobación de la polémica Patriot Act, que limitó las libertades civiles en pos de la lucha contra el terrorismo.

Lo cierto es que el escándalo por espionaje a millones de personas es el más complejo, por la cantidad de ramificaciones, y el más grande que sale a la luz en las últimas décadas en los Estados Unidos. Y se conoce semanas después de que la agencia Associated Press denunciara que el Departamento de Justicia había interceptado llamadas de veinte de sus periodistas y que renunciara Steven Miller, ex titular del IRS (Servicio de Rentas Internas), por hostigar fiscalmente a grupos opositores vinculados al Tea Party.

En tanto, el diario británico The Guardian denunció ayer que Obama les pidió en octubre del año pasado a los servicios de inteligencia que elaboraran una lista de objetivos para posibles ciberataques en el exterior. Según la directiva presidencial secreta, a la que tuvo acceso el medio inglés, la operación “podrá ofrecer capacidades no convencionales y únicas para hacer avanzar los objetivos nacionales estadounidenses en el mundo”.

“No se puede tener cien por cien de privacidad y cien por cien de seguridad”, aseveró el jefe de Estado norteamericano el viernes, agobiado por las filtraciones y las duras críticas en su contra.

Según un comunicado del Ejecutivo, el espionaje digital no tendría como objetivos a ciudadanos estadounidenses, sino a extranjeros. Sin embargo, la paranoia ante el espionaje del gobierno se desató por estos días en los Estados Unidos.

Aunque en el pasado la inteligencia se convirtió en un arma de doble filo y trajo dolores de cabeza a otros mandatarios, se trata de la primera vez que se conocen públicamente tantos detalles sobre operaciones secretas ordenadas por un presidente en ejercicio a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y al FBI. Esos organismos estuvieron en el ojo de la tormenta cuando estalló el Watergate, que llevó, dos años después, a Richard Nixon a la renuncia.

Además, el FBI fue duramente cuestionado por el Congreso tras la muerte de su ex director J. Edgar Hoover, por haber interceptado comunicaciones telefónicas, allanado domicilios sin orden judicial y espiado a líderes de la sociedad civil, como Martin Luther King.

Obama, el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, no sólo retomó el legado de Nixon y Hoover, sino que también olvidó que los principales líderes del movimiento de derechos civiles, entre otros activistas, fueron espiados por sus antecesores. Ahora, el artífice del “Yes, we can” se viste de Gran Hermano y enloda su legado.

En esta Nota