miércoles 08 de diciembre de 2021
OPINIóN Sustentabilidad y diálogo
17-10-2021 04:05
17-10-2021 04:05

Argentina 4.1

17-10-2021 04:05

En el debate global se ha popularizado un término que refleja el cambio tecnológico exponencial: la economía 4.0. La cuarta escala del desarrollo científico que conjuga elementos físicos-digitales-biológicos a la velocidad del sonido, y que en la post-pandemia ha acelerado su irrupción en múltiples sectores productivos. A menudo tendemos a pensar estos desafíos sólo asociados a tecnologías “duras”: inteligencia artificial, biotecnología, blockchain, computación cuántica, internet de las cosas, etc. etc. Existe también otra dimensión clave, sin la cual todo lo anterior resulta una quimera. La confianza. El diálogo. La escucha atenta. El respeto. La asociatividad. El hilo de oro capaz de zurcir la amistad social. En síntesis: no habrá economía 4.0 socialmente inclusiva sin una Argentina 4.1 cooperante.  Que supere el juego de suma cero que anula y pase a multiplicar, respetando la identidad de cada sector. Tenemos que ser capaces de sincronizar el esfuerzo del Estado, los trabajadores, las empresas, y la sociedad civil en sus varias facetas académicas, científico-tecnológica y organizativa.

Un buen ejemplo de Argentina 4.1 está dado por el consenso construido a partir del proyecto de ley de promoción de la movilidad sustentable, elaborado por el Ministerio de Producción y canalizado a través del Consejo Económico y Social, que apuesta a transformar una nave insignia de nuestra industria nacional: el automotriz. La iniciativa tiene dos objetivos sinérgicos. Por un lado, impulsar una reinvención tecnológica del sector y, por el otro, reducir la contaminación ambiental a partir del uso de energías renovables. Se trata de un régimen de beneficios que alcanza tanto a la demanda, para incentivar la compra de vehículos híbridos y eléctricos, como a la oferta, promoviendo su producción.

La Argentina tiene el potencial para convertirse en un líder regional de electro movilidad. Contamos con abundancia de materias primas como cobre, litio y otras energías renovables. También con un tejido autopartista robusto y recursos humanos y técnicos de alto nivel. A su vez formamos parte de un mercado común regional y suscribimos acuerdos comerciales automotrices con países relevantes en la cadena de suministro como México y Colombia. El triángulo formado por Argentina, Chile y Bolivia concentra el 60% de las reservas de litio del planeta, un mineral fundamental para la producción de baterías que serán cada vez más demandadas a partir de un precio que cayó 89% en los últimos diez años.

Estamos entonces frente a una ventana de oportunidad para reposicionar y ampliar capacidades de nuestra industria automotriz, crear más de 20 mil puestos de trabajo calificado estimados a 2030, movilizar inversiones previstas en 8.300 millones de dólares, y obtener un ahorro acumulado de 10,7 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2).

No hay innovación con mano mágica. No hay innovación sin Estado emprendedor, como reiteradamente lo señala Mariana Mazzucato, asesora internacional del Consejo Económico y social.  Por eso queremos que las compras públicas sean un motor de la innovación. Con este fin, la Administración Nacional tendrá una cuota para la adquisición y el recambio en el caso de la flota del transporte público de pasajeros.

Se creará también una Agencia Nacional de Movilidad Sustentable –presidida por un representante de los científicos- cuya misión será promover el desarrollo tecnológico en un permanente diálogo interministerial con la innovación aplicada y la producción. El 40% de las importaciones automotrices actuales en la Argentina podrían reducirse paulatinamente si logramos avanzar en una transformación de la matriz productiva. A partir de 2041, no se podrán comercializar vehículos con motor de combustión interna nuevos en el territorio nacional.

Otros países ya han iniciado esta transición energética con decisiones de similares características. China, la Unión Europea y Estados Unidos han fijado metas estrictas de producción de autos eléctricos, en el último caso del 50% de la producción total de vehículos para 2030. En nuestra región, México, Chile y Perú cuentan también con programas de transformación de largo aliento.  

En la actualidad, el transporte es responsable de casi un tercio del dióxido de carbono que emitidos cada año. Evaluaciones piloto de autos eléctricos en ciudades de Río de Janeiro, Sao Paulo, Bogotá y Santiago de Chile, mostraron que es posible reducir esta polución entre 62% y 78%. Estudios europeos mostraron también reducciones de más de 50% y una encuesta de Ipsos en Europa reflejó que el 40% de los ciudadanos prefiere autos eléctricos por ser más amigables con el medio ambiente.  

Para la política sanitaria es una mejora sustancial, ya que casi el 90% de los habitantes de los grandes centros urbanos están expuestos a niveles de contaminantes atmosféricos considerados nocivos debido a la polución (Environmental Effects of Electromobility in a Sustainable Urban Public Transport, 2020).

Es cierto que todavía persisten algunas dificultades vinculadas con la escala del mercado, con los costos de los vehículos, la autonomía y el tiempo de carga. De allí la necesidad de trabajar en toda la cadena de valor del sector para ganar interoperabilidad, confianza y facilitar la adquisición y el uso. También debemos atender los desafíos para el mundo del trabajo relacionados con la formación en las nuevas habilidades que requieren las técnicas productivas (The future of work in the automotive sector, OIT).

Esta iniciativa se suma a los pasos dados en el marco del Consejo Económico y Social para contar con una Estrategia Nacional Hidrógeno 2030, otro capítulo central de la transformación energética sustentable que iniciamos a partir de acuerdos básicos y principios de inclusión y federalismo. Tiene que ver también con los compromisos de ambición climática que la Argentina estará ratificando en la próxima Cumbre de Glasgow, y con la prédica de una nueva arquitectura financiera internacional que, entre otros elementos, impulse el pago por servicios eco-sistémicos, el canje de deuda por clima y una banca ética capaz de canalizar los Derechos Especiales de Giro recientemente emitidos por el FMI para una capitalización de las instituciones financieras del Desarrollo –como el BID y la CAF-, y la disminución de las brechas sociales globales.

Naturalmente, no habrá sustentabilidad ecológica posible si antes no recreamos una real cultura del encuentro. La Argentina 4.1 no se construye con el grito altisonante ni la palabra hostil amenazante. Más bien se siembra con la perseverancia del diálogo enfocado, que construye puentes rumbo a mejores orillas. Tenemos que superar el analfabetismo emocional de la fractura permanente. Con paciencia, esa virtud que Von Balthasar definía como “la universidad del amor”.

* Presidente Consejo Económico y Social. Secretario Asuntos Estratégicos.

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