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OPINIóN / opinion
domingo 31 mayo, 2020

El coronavirus obliga a un modelo más sustentable

domingo 31 mayo, 2020

A partir de la crisis sanitaria, económica y social generada por la pandemia de Covid-19, la humanidad pareció entrar en pausa. Esta situación inédita tuvo efectos inesperados en el ambiente. Fotos satelitales mostraron menor presencia de contaminantes en los cielos, circularon imágenes de aguas claras en los canales de Venecia, y se avistaron animales salvajes en las ciudades.  

Pero son mejoras transitorias, fruto del derrumbe de la actividad económica como consecuencia del aislamiento social obligatorio. Hoy el mundo se debate cómo y cuándo salir de la parálisis, y qué consecuencias tendrá en la economía y el modo de vida de las personas.

El modelo económico que prevaleció hasta ahora, basado en la explotación de las personas y la naturaleza; y la acumulación de siderales ganancias en manos de unos pocos, es una de las causas primarias de la emergencia ambiental y está en la génesis de la pandemia que lo puso en crisis.

La salida a esta nueva recesión global no debe lograrse a costa de aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero: o se correrá el riesgo de caer en una crisis ecosistémica mucho más compleja que la provocada por un virus.

Es preciso cambiar las formas de producción y consumo hacia otras más sustentables, que satisfagan las necesidades actuales sin comprometer las de generaciones futuras.

Según proyecciones de la ONU, para 2050 seremos 9 mil millones de habitantes y esto impulsará un aumento del 70% en la demanda de alimentos, 50% más de energía y 50% más de agua potable.

El cambio climático, la contaminación de aguas, suelos y aire; la pérdida de biodiversidad y la generación exponencial de basura no son una amenaza sino una realidad.

La pandemia también planteó un falso dilema entre salud y economía: no hay economía sin salud. Y sin ambiente no hay salud ni economía posibles.

Lejos de implicar un freno al crecimiento económico y el bienestar, la transformación de los actuales modelos de producción y consumo representa una oportunidad de verdadero desarrollo con equidad para América Latina, la región más rica y diversa en recursos naturales y humanos, pero también la más desigual.

Pero el cambio no solo está en manos de los gobiernos, empresas y grandes líderes, sino también en nuestras decisiones simples y cotidianas a la hora de comprar, alimentarnos, transportarnos, vestirnos o vacacionar.

En todo el mundo organizaciones campesinas alzan su voz en defensa de los recursos naturales. Y movimientos urbanos que promueven una vida sustentable los apoyan. A ellos se suman grupos de jóvenes liderados por la adolescente sueca Greta Thunberg –creadora del movimiento Fridays for Future (viernes por el futuro)–, quienes exigen a las autoridades políticas ocuparse ya mismo de la emergencia climática.

En este camino Argentina –al igual que otros países de la región– enfrenta desafíos que van desde su modelo de agronegocios basado en el monocultivo de la soja, hasta la megaminería, la deforestación y la necesidad de impulsar la economía circular para poner en marcha una industria del reciclado. La implementación de un modelo económico sustentable en la región presenta retos y oportunidades. Hacen falta regulaciones que lo impulsen, pero también un cambio cultural y educativo.

Por un lado, existe una gran oportunidad de valorizar materiales que hasta hoy se descartan a partir de una gestión adecuada de los residuos. Pero por otra parte, la industria del reciclado trabaja por debajo de su capacidad debido a la falta de separación en origen.  

La llamada “economía circular” ayudaría a América Latina a dejar de depender de las industrias extractivas y las prácticas agrícolas que impulsan la deforestación, y en su lugar, crear valor reaprovechando materiales que hoy se desechan. Sin embargo, el lugar de los países latinoamericanos en un nuevo orden económico circular y bajo en carbono no debe ser el de “basurero del mundo”.

La humanidad tiene hoy la chance de hacer un cambio radical de paradigma. La buena noticia es que las tecnologías para hacerlo (energías renovables, nuevos materiales biodegradables y de alta eficiencia) están disponibles, permiten el desarrollo económico y la creación de empleos verdes. Pero hacen falta decisiones políticas para lograr un desarrollo equitativo y sostenible.

 

*Periodista especializada en Ciencia, Ambiente y Negocios. Autora del libro: Economía verde. Innovación y sustentabilidad en América Latina (Editorial Almaluz).


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