viernes 21 de enero de 2022
OPINIóN Columna de la UB
07-12-2021 11:02
07-12-2021 11:02

Pasado, presente y futuro de Jerusalén

Incontables páginas fueron consagradas a narrar la historia de Jerusalén. Hubo quienes se rehusaron a admitir que ésta fuese una mera ciudad.

07-12-2021 11:02

Incontables páginas fueron consagradas a narrar la historia de Jerusalén. Hubo quienes se rehusaron a admitir que ésta fuese una mera ciudad.

A dieciséis años de la fundación del Estado de Israel, en 1964, el profesor y activista Don Peretz la llamó una ciudad dividida contra sí misma. Tres años luego, como corolario de la Guerra de los Seis Días, Israel arrebató al Reino Hachemita de Transjordania la amurallada Ciudad Vieja y junto a ella, una constelación de aldeas a su alrededor. Dicha región, Jerusalén Este, quedó bajo el ejido municipal, en virtud de una línea trazada por autoridades militares que rescataron las virtudes tácticas de su topografía; los palestinos, la reclaman como capital de un futuro Estado.

En 1980, una ley con jerarquía constitucional formalizó la anexión de este territorio que fue integrándose al proceso de metropolitización urbano. En el nuevo milenio, investigadores como Alice Hills se refirieron a Jerusalén como una ciudad “post-conflicto”, Michael Dumper, como una ciudad dividida o multi-fronteriza, y Meir Margalit como una “no-ciudad”. Estas categorías remiten a aquellas instancias que produjeron una diferencia entre las dos poblaciones etno-nacionales que la habitan: la judía israelí y la árabe. Mientras el primer grupo goza de la ciudadanía del Estado que ejerce las funciones de gobierno, a los miembros del segundo les atañe el status de residentes permanentes.

 

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Jerusalén, Al-Quds, la dorada, ha sido anhelada e imaginada por milenios. Ruina sobre ruina, su nombre fue invocado por alcanzar las más altas esperanzas, y en su suelo, la humanidad viene ensayando la torpe coreografía de compartir la Tierra. En la década de 1990 se logró la paz entre Jordania e Israel, quienes acordaron la custodia compartida sobre el Monte del Templo o Explanada de las Mezquitas, uno de los sitios más sagrados para el judaísmo y el islam, en el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Mientras tanto, el gobierno israelí y la dirigencia de la OLP negociaban, con el auspicio de los Estados Unidos, la creación de la Autoridad Nacional Palestina: una entidad que facilitaría la progresiva institución de un Estado palestino. Sin embargo, los desacuerdos sobre, entre tantos puntos, el retorno de los refugiados, los límites territoriales definitivos y la cuestión jerosolimitana provocaron que los plazos se volvieran imposibles de cumplir. Para comienzos del nuevo milenio, el proceso de paz se había estancado y una nueva Intifada estalló tras la visita de Ariel Sharon al Monte/Explanada.

Los 2000 atestiguaron postales de enfrentamientos, desalojos, detenciones, muertes. Un muro de separación zigzaguea desde entonces las fronteras ambiguas entre palestinos e israelíes y, enhebrado a los pasos fronterizos, crea una trama urbana sumamente compleja. Si continuamos esta crónica hallaremos una situación inédita para Jerusalén al comienzo de la siguiente década. En 2009, Nir Barkat asumió la alcaldía de la ciudad.

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¿Quién es este personaje y por qué es importante? A fines de los 80s, Barkat cofundó una empresa, BRM Technologies, abocada a crear softwares de antivirus. Pronto pasó a patrocinar e incubar otros emprendimientos vinculados a la alta tecnología. Su prolífica carrera lo convirtió en uno de los hombres más ricos de su país. En los años de la Segunda Intifada, decidió llevar su vocación recién descubierta por lo público a la política y se presentó como candidato independiente al cargo de alcalde de Jerusalén.

Si bien Barkat no logró su cometido en 2003, sí consiguió un puesto como concejal. Desde la Municipalidad, se vinculó con los sucesivos primeros ministros de Kadima, Ariel Sharon y Ehud Olmert. Asimismo, armó un equipo de asesores compuesto por Michael Porter, padre del planeamiento estratégico, y Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York y empresario, quienes le ayudaron a formar una plataforma original para relanzarse. Efectivamente, esto ocurría mientras Olmert fracasaba en reencauzar las negociaciones de paz con los palestinos. El actuante primer ministro era criticado por su disposición a dividir Jerusalén, lo que habría permitido que una porción de la región Este fuese la capital soberana palestina.

Barkat, quien se había afiliado a Kadima, no tardó en romper filas con Olmert. Nuevamente como candidato independiente, se presentó a las elecciones de 2008 y triunfó. El año siguiente, asumió como alcalde y gobernó hasta 2018, inaugurando una década donde la cuestión jerosolimitana fue repensada enteramente. Para dejar atrás los años de la Segunda Intifada y consolidar la presencia demográfica e institucional israelí sobre la ciudad, Barkat apostó por presentar a Jerusalén como una marca: una más antigua y efectiva que la de la Startup Nation que caracteriza actualmente al país.

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Este alcalde-empresario no vería entre palestinos e israelíes las marcas identitarias de nacionalidades y etnias diferentes. En cambio, apeló a ambos a partir de una subjetividad común: la del homo economicus. Para Barkat, si unos y otros se comportaran como emprendedores, es decir como actores presuntamente racionales y capaces de calcular los costos y beneficios de sus acciones, entonces comprenderían que vivir en una Jerusalén israelí, apaciguada a partir de la bonanza material, sería un incentivo eficaz para no dividir la ciudad. En otras palabras, Barkat apostó a un modo de volver más tolerable, más sustentable, la soberanía israelí: como resultado esperado, que la ciudad dejase de estar dividida contra sí misma.

 

* Ignacio Rullansky, profesor de la Universidad de Belgrano y autor de “Jerusalén abierta. Conflicto étnico y neoliberalismo durante el gobierno de Nir Barkat (2009-2018)”, publicado por Teseo Press

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