OPINIóN
UNA SOCIEDAD FRENTE AL ESPEJO

La gente vota a favor de los villanos… en GH

La nueva edición del reality show puso en el centro a los participantes más polémicos, mientras el público parece premiar las estrategias basadas en la confrontación, el enfrentamiento y la cancelación.

Gran Hermano
Gran Hermano | Redes Sociales

El formato de Gran Hermano es tan versátil que año tras año logra reflejar los cambios que se van dando en la sociedad. Si en ediciones pasadas, el público terminaba premiando al jugador que —en forma auténtica o simulada— encarnaba los “buenos valores” —en apretada síntesis, al muchachito que todos querrían como yerno—, este año van triunfando los “malos”, los villanos, que cada semana señalan a sus víctimas, los cubren de odio dentro y fuera de la casa más famosa del país, y logran eliminarlos o cancelarlos a través del voto popular.

En realidad, ya no hay muchachitos ni muchachotes en esta edición de GH: todos los varones han sido eliminados; solo hay jugadoras y eso garantiza que, finalmente, luego de tantos años, una mujer gane este juego, que es también un reality; precisamente, ese carácter híbrido permite que los participantes reflejen qué está ocurriendo en la sociedad a la que pertenecen. Un formato televisivo imbatible: juego más reality.

Seleccionar cuidadosamente al blanco semanal, pincharlo para que muestre sus peores rasgos, exponerlo frente al resto de la casa y al público, y cancelarlo a través del voto de la mayoría de la gente; las cuatro fases de la estrategia vencedora de este año, las etapas que consagran a los mejores jugadores de esta edición. Obviamente, hay un relato justificador: “es una revolución contra los falsos moralistas”, contra el eje del mal, en beneficio de la verdad, de la autenticidad, como explica Sol, la jugadora que domina la casa desde hace más de dos meses.

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Andrea del Boca y Santiago del Moro

Sol es la jugadora más original, y destacada, de esta edición: en este juego, encarna a una villana muy sofisticada. Si Furia, la magnética jugadora de hace dos años, se brotaba seguido e insultaba a todo el mundo —una suerte de Javier Milei auténtico—, Sol administra la agresión con inteligencia; es elegante y seductora en el complot, así como hiriente e impiadosa con sus enemigos, a quienes logra detonar para que expongan sus facetas más cuestionables. Por suerte, la política no nos ha regalado un ejemplar así. Todavía.

Los primeros meses de este “GH Generación Dorada”, en honor a los veinticinco años del programa, mandaron “los falsos moralistas”, en palabras de Sol y sus fanáticos. Se refieren a un nutrido grupo de jugadores comandado por la famosa actriz Andrea del Boca, que incluía a dos jugadores (Manu y Titi) formateados según los cánones tradicionales, candidatos a ganar el juego si se hubiera repetido el clima de época de las ediciones anteriores. Tampoco eran un coro de ángeles: hacían sus maldades, pero en forma menos ostensible que los enemigos, sin esa llamativa crueldad que exhiben algunas jugadoras.

Santiago del Moro

Solo un ejemplo: luego de una nueva pelea con Campanita, Pincoya miró a una de las cámaras que los enfocan todo el día, y dijo: “A mi gente le pido que, cuando Campana salga afuera, ¡háganla mierda!”. Por si hiciera falta, algunos de sus fanáticos aclararon prontamente que no se refería a ninguna represalia física, sino “solo” a cancelarla en las redes.

Para mí, lo más interesante no es tanto lo que las jugadoras dicen o hacen al calor de un juego, interpretando personajes para ganar el premio y con el cansancio provocado por más de seis meses de encierro. Lo que me llama la atención, y nos muestra —opino— lo mal que estamos fuera de la casa de Gran Hermano, es que sus partidarios vean como algo natural masacrar a una persona en X, Instagram o TikTok solo porque es rival de nuestra jugadora preferida.

Por algo, los sicarios digitales, con su arsenal de noticias falsas, robots y demás, se han vuelto tan importantes en la política; no solo en la Argentina, como demuestra el éxito laboral de algunos compatriotas especializados en ese rubro en Chile, Brasil, Honduras y Bolivia, por ejemplo.

La virtuosidad del formato de GH es tal que en el deseo de ganar el premio los jugadores terminan reflejando a quienes estamos fuera de la casa.

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Por ahora, vencen los villanos gracias al voto del supremo, del público, donde la mayoría parece necesitar a alguien en quién descargar su odio. Siempre con argumentos moralistas vinculados a la verdad, la autenticidad, la honestidad. La cancelación se justifica siempre por su afán purificador, pero ¿de dónde vendrá tanto odio?

GH entró en su recta final y es probable, aunque no seguro, que a esta edición la gane una auténtica villana, lo que rompería el mito de que los malos podían ganar en la vida, pero no en la TV. Al final, la realidad supera casi siempre a la ficción.

Ceferino Reato es periodista, escritor y analista de GH.