6th de March de 2021
OPINIóN Hombre y naturaleza
20-02-2021 01:45

La última oportunidad

20-02-2021 01:45

Una de las últimas teorías de las relaciones internacionales en torno al funcionamiento del sistema internacional está marcada por el problema de la relación del  hombre con la naturaleza.

Para la comunidad científica internacional, el consolidado desarrollo del capitalismo ya en su fase final de concentración financiera y  crecimiento indefinido, es materialmente incompatible con un planeta de recursos limitados para producir lo que esos niveles de consumo demanda. A su vez, está incapacitado de absorber el volumen de desechos de magnitudes inconmensurables que genera el tipo de industrialización que lo alimenta.        

Como ejemplo, la situación actual del Covid -19 evidenció que los procesos de devastación forestal interrumpen las cadenas de traspaso de los virus de los animales al hombre.

Las explicaciones y propuestas para replantear esta situación se incorporaron al pensamiento político internacional en la “políticas verdes” (Green Politics) en autores como Andrew Dobson y Robyn Eckerley, y la ecología global (Global Ecology), teorizadas por Chatterjee and Finger y Sachs.

Estas teorías generaron, por una parte, una explicación basada en la evidencia científica de las causas de este desajuste entre la producción y el deterioro ambiental; por otra parte, enunciaron un planteamiento normativo de reestructuración hacia un orden internacional sustentable.

Por cierto, estos nuevos planteamientos se alejaron de la filosofía “ambientalista”, que no cuestiona el orden socio-político y económico de los países y del sistema internacional. Para la “política verde”, es necesario un cambio estructural de un modelo que lo considera como la causa del problema.

Este paradigma de las relaciones internacionales establece tres planteos centrales sobre las raíces de este dilema y de las propuestas para resolverlo: el eco-centrismo, los límites al crecimiento y la descentralización.

En relación con el eco-centrismo, esta visión verde del mundo se opone al antropocentrismo economicista que se basa en un individualismo alejado de la interconexión de los actores naturales y humanos.

Contrariamente, propone una ética y un ordenamiento social e internacional basado en la interrelación sistémica y ecológica de las partes que integran una totalidad viviente que es el planeta tierra.

Los límites al crecimiento fueron expuestos en 1972 por Meadows y otros autores en The limits to Growth, ajustado y ampliado en Beyond the limits en 1992, quienes se oponían al concepto de “desarrollo sustentable”, en tanto este supone la compatibilidad del crecimiento ilimitado con el ambiente.

El planteamiento es muy claro: el crecimiento económico infinito no es compatible con un planeta finito en recursos y su capacidad biológica de asimilar los residuos  de ese modelo de producción. A su vez supone relaciones de poder que implica la falta de distribución de los recursos y la concentración en pocas manos de la renta universal.

Estos fundamentos requieren de un cambio de los estados nacionales y de las organizaciones internacionales. Se requieren estructuras regionales y locales para actuar. La descentralización se presenta como el camino para el reordenamiento de la relación entre los territorios y el diseño de los estados y gobiernos. Esta propuesta se resumía en la militante frase “think globally, act locally” que encierra las necesidad de volcarse a las pequeñas organizaciones en contacto con las realidades locales pero siendo conscientes de la interconexión planetaria del problema.

Los datos empíricos son contundentes en la necesidad de modificar el patrón de desarrollo económico. Como siempre, queda en manos de la política que pueda contener el desenfrenado apetito de consumir y acumular de las personas y las empresas. Esperemos que la última oportunidad que tenemos como Humanidad, no llegue demasiado tarde como algunos pronósticos lo alertan.

*Politólogo y Doctor en Ciencias Sociales. Profesor e Investigador de la Universidad de Buenos Aires.

 

Producción: Silvina Márquez

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