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OPINIóN / Fernández - Fernández
sábado 18 mayo, 2019

Nunca la imaginamos segundona

Un análisis de fondo y forma del modo en que CFK decidió anunciar su candidatura.

por Silvia Ramírez Gelbes

En un video, Cristina anunció que acompañará a Fernández. Foto: (Captura de Pantalla)
sábado 18 mayo, 2019

El desayuno del 18 de mayo de 2019 tuvo un condimento extraordinario. De manera tan inesperada como la aparición de Sinceramente (¡hay que reconocerles que saben guardar bien los secretos!), la voz de la ex presidenta Cristina Fernández nos sacudió desde un videíto de casi 13 minutos. Anunciaba la fórmula que disputará un lugar en las PASO por Unidad Ciudadana: Alberto Fernández-Cristina Fernández.
Con el tono calmo y sin estridencias que ya había estrenado en la Feria del Libro, aunque todavía más grave –lo que, por asociación inconsciente con la voz masculina, le da una tonalidad paternal y, en consecuencia, ligada a las nociones de certeza y de protección–, la ex presidenta comienza su razonamiento recordando que ese día (el sábado 18) comienza la Semana de Mayo.


Conviene advertir, en este punto, que en su libro menciona el 25 de Mayo como una de sus fechas favoritas (“Yo amo el 25 de Mayo, no descarto que posiblemente tengan que ver en ese amor Billiken y los actos del colegio”). Y destacar que, para reafirmarlo, en este video incorpora el 16º aniversario de la asunción de Néstor Kirchner a la Presidencia a sus efemérides oficiales.
En muy pocas horas, este discurso ha levantado –desde luego– mucha polvareda. Por el anuncio imprevisto, por la jugada inopinada, por el garrotazo a las expectativas (si ella va de candidata a vice, ¿se animará el ingeniero Macri a ir de vice en una fórmula con María Eugenia Vidal?). Salga pato o gallareta, la doctora ha pegado primero.
Pero no quisiera ocuparme del contenido político del discurso (que eso lo harán mucho mejor los cientistas políticos), sino, antes bien, de la forma. Y de la semántica que auxilia a esa forma. 
Para empezar, no olvida Fernández (Cristina Fernández) las recomendaciones secuenciales de la retórica. De hecho, su breve alocución en la cadena (inter)nacional de las redes sociales respeta las partes de todo discurso que se precie: exordio, exposición, argumentación y epílogo.
El comienzo o exordio busca captar la buena predisposición del público. Este discurso lo hace por medio de rememorar sugestivamente la larga trayectoria política de la ex presidenta y de aludir a su pertenencia al ideario peronista con una apelación (chistosa) al apotegma justicialista: “Primero, la Patria; después el movimiento; y, por último… una mujer”. O sea, ella.
La exposición comienza con una frase programática que es un verdadero golpe de gracia. Sí, mientras mucho se especulaba acerca de la fórmula Cristina Fernández-Alberto Fernández, la voz en off enuncia una frase sorprendente que revela la decisión de un  enroque y nos deja con la boca abierta: “Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice”.
Pero no se queda allí. La narración de la historia que fundamentará su argumentación enfatiza una cadena de sustantivos que puede entenderse como un descenso a los infiernos. El descenso a los infiernos que, en esta exposición, describe el itinerario del gobierno macrista: la estafa electoral, la frustración, la perversidad, la dependencia, la obscena timba financiera.
No solo eso. El apoyo multimodal de las imágenes le permite insistir en sus dichos: gente durmiendo en la calle, boletas de luz con sumas exageradas, los carteles luminosos de las casas de cambio que exhiben el valor de las monedas extranjeras. Y el contrapunto de la amplia sonrisa de Christine Lagarde (titular del FMI) en una comida de la Casa Rosada o el festejo bailado de un Macri triunfante enaltecido en el escenario por una profusión de cotillón PRO.  
Pero ¿cuál es su argumento? Que la clave de esta fórmula que la lleva en un segundo lugar es articular lo que el país necesita para gobernar los próximos cuatro años, porque “expresa lo que se necesita para convocar a los más amplios sectores sociales y políticos y económicos también”.
Inteligente movida. Cristina sabe que, entre muchos otros pormenores, los posteos en las redes reflotarán –como ya están haciendo– las críticas que Alberto Fernández le hacía en otros tiempos y que ella muestra (tibiamente) aceptar: “La experiencia de ser presidenta no estuvo exenta de errores”. Es que el solo hecho de situarse como vice (“Nunca me desvelaron los cargos políticos”) y por debajo de quien se le enfrentó, qué duda cabe, la representa como la antítesis de lo que la oposición le ha criticado con insistencia: la representa como una mujer humilde. Y como una mujer con vocación de consenso.
Y es la figura de esa mujer humilde y democrática lo que, en el epílogo, junto con imágenes que multiplican la bandera y los colores patrios, se establece en tanto garante de una convocatoria. La convocatoria (ya adelantada en su libro y en la presentación de la Feria) para fundar un nuevo contrato social de ciudadanía responsable. Un contrato que rechace la queja y ofrezca una propuesta. Un contrato que permita la reconstrucción del país: “un país mejor es posible: ya lo vivimos, lo acariciamos y lo sentimos”.
Cristina Fernández nos ha sorprendido a los argentinos. Nunca imaginamos que elegiría el lugar de segundona. La supusimos primera o nada. Cabeza de fórmula o nada. Dueña del discurso o nada.
En definitiva, no sé a usted, pero a mí me parece que el anuncio suma. Solo un detalle me decepciona: no existen los debates vicepresidenciales. 
 


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