miércoles 08 de diciembre de 2021
OPINIóN Asimetría
23-10-2021 23:55
23-10-2021 23:55

Oro enterrado

23-10-2021 23:55

En la Eneida, Virgilio dispone una pena especial para quienes cierran la mano al necesitado haciendo nido sobre el “oro enterrado”. El oro del siglo XXI es fiduciario y tiene en los Derechos Especiales de Giro (DEG) una de sus expresiones de mayor fortaleza.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) decidió el 23 de agosto pasado la emisión y distribución de una nueva asignación de USD 650.000 millones de DEG para contrarrestar el impacto social y económico de la pandemia. Los países más pobres recibieron el 4% de esa nueva distribución. De los nuevos DEG, dos de cada tres fueron asignados a países ricos.

Esta asimetría condujo a que cada vez más voces reclamen una canalización de DEG hacia países de ingresos medios y bajos. Más de 250 ONGs en todo el mundo y académicos de las principales universidades dieron a conocer una carta abierta al G20 y el FMI para pedir una redistribución de DEG, y que se haga de una forma que no imponga condiciones de austeridad ni incremente la carga de endeudamiento público.

América Latina debería tener aquí una consideración particular: es la región más desigual del planeta y a la vez la que más sufrió la crisis sanitaria en términos de víctimas fatales y derrumbe de su economía. La pandemia dejó 100 millones de nuevos pobres en el mundo, de los cuales 25 millones viven en América Latina y el Caribe. A pesar de ello, los países de la región solo recibieron 8% de los DEGs emitidos.

Tiene lugar así la extraña paradoja de una comunidad internacional que celebra la magnitud de una ayuda que llega a destino solo de manera marginal. Que permanece estática en permisos de giro al descubierto nunca invertidos. Valida a su  vez la metáfora del oro enterrado, no totalmente asimilable como cualquier metáfora, pero que grafica muy bien el costo de oportunidad de desaprovechar el esfuerzo multilateral realizado para lograr una emisión histórica.

Con el liderazgo del presidente Emmanuel Macron, Francia decidió ofrecer el 20% de su cuota de DEG para financiar la recuperación de los países en desarrollo. Con seguridad, otros países seguirán ese ejemplo.

El FMI apoya la canalización de DEG voluntaria a través de tres canales. El primero, es la capitalización del Fondo para el Crecimiento y Reducción de la Pobreza (PRGT, por sus siglas en inglés), diseñado solo para atender a países en extrema pobreza. Con África como principal geografía de operación, América Latina cuenta allí con una participación ínfima, habiendo recibido menos de USD 12 millones, apenas 0,4% del total de los desembolsos.

Francia decidió ofrecer el 20% de su cuota de DEG para financiar la recuperación de los países en desarrollo

Una segunda alternativa es la creación de un nuevo Fondo de Resiliencia que incluiría a los países de ingreso medio, que concentran 75% de la población mundial. Es clave que su diseño no desvirtué la naturaleza de los DEG que, con la excepción de un cargo menor por su uso (0,05%), no implica un mayor endeudamiento ni tampoco condicionalidad alguna al tratarse de un derecho de los países miembros del FMI.

La tercera alternativa es la canalización a través de los Bancos Multilaterales de Desarrollo (BMD). En este caso, la principal ventaja es la posibilidad de apalancar los recursos como suele ocurrir en la capitalización de estas entidades. A través de mecanismos de financiación en los mercados, del otorgamiento de garantías o de cofinanciación con el sector privado, los recursos canalizados desde los BMD pueden multiplicar la asistencia al desarrollo.

Esta inyección de liquidez debe servir a la vez para una transformación de los BMD en dos dimensiones. Hacia una Banca de Desarrollo verde, con prioridad de atención en proyectos y programas que contribuyan a cumplir las metas del Acuerdo de París, para acompañar la reconversión de la matriz energética y del ecosistema productivo para el cuidado ambiental. Y Hacia una Banca de Desarrollo naranja, con foco en los saltos de productividad que pueden ofrecer las nuevas tecnologías, en la economía del cuidado, en priorizar el acceso a la salud y a la educación para los trabajos del futuro.

En las cinco emisiones especiales de DEG desde 1970, el FMI autorizó la distribución de 943.000 millones de dólares para asistencia. Solo una cifra cercana al 20% de estos recursos han sido utilizados para la finalidad prevista.

Los países de ingresos bajos necesitarán movilizar 450.000 millones de dólares en los próximos cinco años solo para hacer frente al costo de la pandemia, a la compra y distribución de vacunas, a la inversión necesaria para cerrar la brecha de desarrollo con economías más desarrolladas. La distribución actual de DEG que recibieron no alcanza a cubrir ni el 5% de ese monto. Tampoco son suficientes los 100.000 millones con los que se espera capitalizar el nuevo Fondo de Resiliencia. Necesitamos ingeniería financiera para la multiplicación.

Corresponde a la comunidad financiera internacional establecer acuerdos voluntarios basados en principios de solidaridad para revertir esta situación.  Si no existen vehículos financieros para recanalizar los DEG de forma rápida, eficiente y con alto impacto en el desarrollo, debemos crearlos. Europa lo ha hecho en el pasado con la creación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera que cumple un rol anticíclico ante crisis financieras. Un Fondo para el Desarrollo de América Latina podría tener funciones similares.

Los BMD deben estar más cerca de los países de la región para acompañarlos en sus necesidades

La capitalización y una mayor asistencia concesional son fundamentales para avanzar en una innovación financiera resiliente y contracíclica, donde los BMD puedan cumplir su rol de agentes de transformación.

Los BMD deben estar preparados para ser agentes de multiplicación de esa asistencia, deben ganar en agilidad y flexibilidad, y estar más cerca de los países de la región para acompañarlos en sus necesidades. Es necesario mostrar eficiencia con el uso de los recursos para encontrar soluciones coordinadas a problemas comunes, para alinear más voluntades, para sumar el aporte del sector privado.

Necesitamos velocidad en los últimos pasos para que los DEG lleguen a quienes más los necesitan con proyectos concretos. No importa lo mucho que hayamos recorrido hasta llegar aquí, de poco servirá el esfuerzo si no superamos los últimos obstáculos.

Esta redistribución del oro enterrado puede ser la piedra fundacional de un pacto de desarrollo entre países avanzados y emergentes que supla las deficiencias de financiamiento que acumula el Fondo Verde del Clima. Este debe ser uno de los ejes principales de debate y acción en las próximas Cumbres del G20 en Roma y la COP26 de Glasgow.

Si el desarrollo no es inclusivo, no es sostenible. Con uno de cada tres latinoamericanos viviendo en situación de pobreza necesitamos ser creativos para para evitar que las trabas tecnocráticas dejen bajo tierra los recursos que nuestros pueblos necesitan con urgencia.

* Secretario de Asuntos Estratégicos. Presidente del Consejo Económico y Social.