domingo 27 de noviembre de 2022
OPINIóN opinión

Take my Breathe Away

08-10-2022 23:55

Del año 1985 recuerdo las formaciones completas de Boca, Racing y River y a la pareja francesa de mi padre saltando en topless en el balcón y fumando porro al grito de: hijos de puta, se van a morir en la cárcel, la concha de sus madres! Estaba escuchando el alegato final de Strassera, lo cinematográfico de la historia que estoy narrando es que frente a  ese balcón que da a la avenida Luis María Campos (sí, ese personaje de la historia argentina, militar él, Luís María Benito Campos, también aparece en el film de Santiago Mitre) está el Hospital Militar Central.

En el film de Santiago Mitre no hay francesas saltando en tetas, no suena Take Me Home en el estéreo con un Genesis imposible (la única canción que grabaron juntos Peter Gabriel y Phil Collins), con Luis Moreno Ocampo (interpretado por el correctísimo Peter Lanzani), chamuyándose a una minita, nadie tiene sexo, nadie va Palladium a ver a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, todo es solemne, solemne y lento, ¿la gente en 1985 caminaba más despacio? No hay delicias de los 80, no hay lugar para darle aire al film, que es de una previsibilidad infantil.

Pero el cine no es solo arte audiovisual. La Teoría de la Einfuhlung, desarrollada por Friedrich Theodor Vischer, parte de una hipótesis que dice que la realidad física (el mundo material) se corresponde con una realidad psíquica, para sintetizar: la teoría de la proyección sentimental; y ahí Santiago Mitre es implacable. El marco ideológico de su film es claro, el peronismo con su decreto de exterminio no queda exento de haber sido el actor intelectual del terror que generó el estado argentino en el Proceso de Reorganización Nacional.

Sin la participación afectiva del espectador no hay film político posible, y el film, si de algo se lo puede definir, es de exhibir la emotividad a flor de piel de Darín y de Lanzani. Mitre apela a un espectador que busca la verdad, que es incómoda para un partido que exuda derechos humanos; pero Mitre no olvida a Ítalo Lúder, figura siniestra de la política argentina porque, como director independiente, no debe rendirle pleitesías a ningún partido gobernante.

Así, es un guión honesto de Llinás (ya indiqué que me aburre) y es una dirección honesta la de Mitre, insisto, no es mi tipo de cine, de ninguna manera, pero para un público más ideologizado que cinematográfico funciona como un manifiesto: hubo una época en donde un grupo de jóvenes recién recibidos junto a un oscuro personaje de la planta judicial del Estado, se le plantan a un grupo de asesinos de la calaña más insoportable, los juzgan y los meten en cana. Destaco que haya cierta centralidad narrativa en los jóvenes, el film apela a una juventud que va a vivir el proceso en una biopic y no me parece para nada mal.

Con  respecto a la técnica audiovisual del film, la fotografía y la dirección, puedo escribir ríos de tinta. Mitre no es Thomas Vinterberg, no es Richard Linklater, ni de cerca Ken Loach. Pero, como hablaba con un amigo, se trata de un film ATP, el público al que apunta no necesita contraplanos geniales, cámaras voyeurs, ni intimidad entre el director y el actor; cuanto más “documental” el relato más claro es (para mí una claridad aburrida, pero no soy un espectador común). Mi preferencia es que Luis Moreno Ocampo tuviera una escena de amor en donde suene Take my Breathe Away, ganadora del Oscar en 1986 como mejor tema original de la película Top Gun, de Tony Scott, con su chica amando al héroe, como Ulises volviendo a su tierra, más allá de los grises vientos de Ares.

 

*Realizador audiovisual y periodista.

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