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domingo 26 mayo, 2019

Carlos Rosenkrantz: "No tenía duda que votar como lo hice en el 2x1 era lo correcto"

El presidente de la Corte Suprema recordó ese fallo trascendente, y aseguró que decidió "de acuerdo a la razón". Qué pensó cuando conoció a Mauricio Macri.

Carlos Rosenkrantz, presidente de la Corte Suprema, en la entrevista con Fontevecchia. Foto: Pablo Cuarterolo
domingo 26 mayo, 2019

El presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, fue entrevistado por Jorge Fontevecchia para el ciclo Periodismo Puro, que publica el Diario PERFIL y puede verse los domingos a las 22 horas por Net Tv.

En un tramo de ese reportaje, Rosenkrantz habló sobre la decisión de votar a favor de declarar aplicable el cómputo del 2x1 en un caso de delitos de lesa humanidad, y aseguró que en ese momento tuvo la convicción de que fue elegido "para fallar de acuerdo con la razón y no con las emociones".

Además, contó las circunstancias en que conoció a Mauricio Macri, cuando aún no se postulaba a la presidencia entre los años 2011 y 2012. "Me saludó casi sin mirarme, y me dio la sensación de que con esa impronta no podía ganar ninguna elección", fue su particular comentario sobre aquella primera impresión. 

—¿Qué piensa del pedido del expediente de la causa Vialidad solicitado por los otros miembros de la Corte?

—Ese tema está pendiente de reasunción por la Corte, por lo que le pido que me conceda no pronunciarme al respecto.

—Se le atribuye a Alberto Fernández haber sido la persona que solicitó a la Corte que lo hiciera. ¿Fue así?

—No me consta.

—¿Que recurrentemente haya fallos en los que usted está en disidencia con los demás miembros de la Corte obedece a una diferencia conceptual que va más allá de los matices?

—La gran mayoría de las decisiones son unánimes. Ha habido disidencias en casos muy importantes y muy representativos.

—¿En mayor proporción desde que usted la preside?

—Hubo momentos de grandes disidencias. Petracchi escribía muchas disidencias. Hay Cortes en las que los jueces no pueden comunicar el modo en el que votan. Creen que las disidencias dan razones para pensar que en el derecho hay muchas decisiones posibles. El derecho da respuestas correctas, a veces nos es difícil identificarlas, pero están. Las disidencias, en el mundo lego, dan la sensación de que…

—Mitad de la biblioteca a favor y mitad en contra...

—Exacto. Esa expresión no refleja la actitud que debe tener ni un juez ni una ciudadanía. Todos debemos pensar que hay una respuesta correcta y a veces nos es difícil encontrarla. Si pensamos que no hay respuesta correcta, el derecho se convierte en un fenómeno de poder, y si el derecho se convierte en un fenómeno de poder se socava a sí mismo. El derecho es un gran invento que nos permite vivir unos con otros, independientemente del poder que podamos ejercernos recíprocamente. Si lo socavamos, nos quedamos sin nada que haga posible la vida civilizada.

—¿Es exagerada la percepción de que usted no tiene una muy buena relación con sus pares?

—Es incorrecta. Muchas veces tenemos desacuerdos importantes, pero también tenemos muchos acuerdos. Todos sabemos que somos parte de un colectivo y que el funcionamiento y la reputación del colectivo dependen de cada uno de nosotros.

—¿Qué lo llevó a votar del modo que lo hizo en el 2 por 1? ¿Lo afectó en algo la reacción de la sociedad?

—No tenía duda de que votar como lo hice era lo correcto, por muchas razones técnicas y por la convicción de que la barbarie no se puede terminar con barbarie. Los derechos humanos se nos conceden por el mero hecho de que portamos humanidad, y todos portamos humanidad. Son derechos para todos. La reacción me sorprendió, la entendí, emocionalmente la compartí y por eso, el momento fue difícil para mí. Tuve la convicción de que fui elegido para fallar de acuerdo con la razón y no con las emociones, y por eso hice lo que hice.

—¿Hubo un exceso de garantismo al prohibir la retroactividad de una disposición penal más gravosa?

—No hubo exceso de garantismo, retroactividad de la ley penal más gravosa es un punto central de una visión liberal respetuosa de los derechos fundamentales que tiene que tener toda república. Por eso voté como voté, en soledad. Fue un momento difícil. Consideré que una ley que había sido aprobada por todo el Senado, toda la Cámara de Diputados menos uno, endosada por la ciudadanía, era una ley inconstitucional. También con la convicción de que el rol que me cabe requiere muchas veces tomar decisiones que son impopulares.

Fui a darle la bienvenida al presidente Macri, que me saludó casi sin mirarme, y me dio la sensación de que con esa impronta no podía ganar ninguna elección.

—¿Fue un error haber aceptado ser miembro de la Corte en comisión sin aprobación previa del Senado?

—Estaba en Paraguay cuando me llamó el doctor (Germán) Garavano y me dijo que el Presidente había decidido nominarme para la Corte. Me preguntó si aceptaba y le dije 'déjemelo pensar'. Después me dijo que el nombramiento iba a ser en comisión, y le dije 'déjemelo pensar más'. Empecé a analizar la cuestión del nombramiento en comisión. Es una atribución que la Constitución le da al presidente, que se ejerció durante muchos mandatos constitucionales, de modo que no tenía duda respecto de la juridicidad del acto y acepté. Despertó una enorme reacción, incluso de mucha gente que miraba con simpatía la designación y al Gobierno. Si la pregunta es retrospectiva, diría que, analizando paso por paso, no me arrepiento, creo que hice lo correcto. Si hubiera sabido que habría los hechos políticos que sucedieron, lo pensaría nuevamente.

—¿Cuando conoció al presidente Macri?

—Puedo contar una anécdota que refleja mi intuición política. Yo era rector de la Universidad de San Andrés, y el centro de estudiantes invitaba a personalidades de la política con bastante asiduidad. Fui a darle la bienvenida al presidente Macri, que me saludó casi sin mirarme, y me dio la sensación de que con esa impronta no podía ganar ninguna elección. Esto debe haber sucedido en el año 2011 o 2012. Así lo conocí. No creo que él recuerde ese intercambio.

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—¿Después no volvió a verlo hasta que lo nombró miembro de la Corte?

—Una vez más, en 2012. Me invitaron a un almuerzo con treinta intelectuales, académicos, profesionales. Creo que ni siquiera nos presentamos.

—Podríamos decir que, prácticamente, no lo conocía.

—No lo conocía. También me sorprendió que, una vez nominado, tampoco deseara conocerme. Me pidieron que me reuniera con la vicepresidenta, pero el Presidente no quiso conocerme.

—¿Cuál es su relación con Fabián Rodríguez Simón?

—Lo conocí hará cuarenta años. Éramos compañeros de facultad y nos juntamos en un mismo gimnasio: durante una época practiqué con intensidad el boxeo, y él también. Nos hicimos amigos, amistad que continuó hasta ahora.

—Independiente de todas sus calificaciones académicas y profesionales, ¿qué rol le asigna en su designación a la intervención amistosa con Rodríguez Simón?

—Me preguntó si me interesaba ser considerado para la Corte, le dije que sí y el paso siguiente en esta historia es el llamado del ministro Garavano.

—¿Siendo miembro de la Corte mantuvo distancia en la relación personal?

—Se dio de ese modo por nuestras respectivas ocupaciones.

La entrevista completa de Jorge Fontevecchia a Carlos Rosenkrantz.

A.G./H.B.


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