POLICIA
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‘Hijos del poder’, en la mira por un asesinato impune

Gabriel, el primogénito del gobernador José Alperovich, y el hijo de su secretario privado son sospechosos en el crimen de Paulina Lebbos. Pistas, dudas y acusaciones.

En familia. Gabriel Alperovich con el papá gobernador y su hermana Mariana, en un acto de 2013.
| Gentileza La Gaceta

desde Tucumán

Los hijos del poder son el fantasma que sobrevuela la investigación de la muerte de Paulina Lebbos (23). Así se sienten esas cuatro palabras dentro y fuera de los Tribunales de Tucumán, y últimamente más que nunca debido a la decisión de extraer muestras de ADN a una docena de hombres mencionados en la causa. Entre ellos, a Gabriel Alperovich, hijo del gobernador José Alperovich y de la senadora Beatriz Rojkés, y a Sergio Kaleñuk, hijo de Juan Alberto Kaleñuk, ex gendarme, ex jefe de Policía y mano derecha de Alperovich.

“Nosotros colaboramos siempre con la investigación pese a que mi cliente no está imputado y a que su participación en la causa responde a informaciones endebles y arbitrarias”, explicó a PERFIL Fabián Nahas, abogado de Gabriel Alperovich. Además, dijo que Alperovich no pudo ir este viernes a dejar las muestras porque le avisaron que existía esa alternativa con media hora de anticipación. “Queremos que el cotejo se haga para desvincular definitivamente a Gabriel de este asunto que lo involucra injustificadamente y por motivos políticos”, expresó Nahas.

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Los nombres de estos “hijos de” aparecieron en el expediente a partir de distintas versiones y testimonios escasamente documentados que sugieren una fiesta desmadrada en Raco o en El Cadillal, dos localidades próximas al paraje campestre donde aparecieron los restos mutilados de Paulina, el 11 de marzo de 2006. De todas las alusiones a “los hijos del poder”, la llamada “pista El Cadillal” es la que tuvo mayor desarrollo. Esta hipótesis indica que el crimen habría ocurrido en una vivienda ubicada en ese sitio que pertenecía a Kaleñuk, pero que ya no existe.

El problema es la vejez de los hechos investigados. “Y que todas las pistas y pruebas recolectadas durante siete años nunca fueron analizadas ni profundizadas. Aún no es posible descartar nada”, apunta una fuente de la fiscalía de Diego López Avila, a cargo de la causa desde junio de 2013.
El secretismo que cercó a la investigación durante la gestión del fiscal Carlos Albaca; los actos de encubrimiento policial –constatados en una causa paralela con sentencia condenatoria– y el convencimiento de Alberto Lebbos de que el gobierno de Alperovich protege a los asesinos de su hija abonó la teoría de que la muerte de Paulina era a Tucumán lo que la de María Soledad Morales había sido para Catamarca: un crimen perpetrado al calor del oficialismo.

En aquel entonces, Sergio Kaleñuk tenía 26 años y era asesor de la Secretaría General de la Gobernación. Su padre se desempeñaba como secretario privado de Alperovich, el mismo cargo que ocupa en la actualidad. Gabriel, primogénito del gobernador y de Rojkés, es un año mayor que Kaleñuk “junior” y siempre tuvo perfil bajo, aunque no tanto como su hermano menor, Daniel, que aparentemente pasó y pasa largas temporadas fuera de la provincia. Los hijos de Alperovich, en principio, trabajan en sus profesiones y en los muchos negocios de la familia, y en general evitan a la prensa.

Aunque la noticia de la extracción de sangre y saliva de Alperovich, Kaleñuk y otros diez hombres sea en sí misma un triunfo a la luz de las vicisitudes que soportó la investigación, Lebbos duda de su efectividad. “Venimos pidiendo el cotejo de ADN desde hace años. Ellos hicieron lo imposible para evitar esto”, opinó. Mientras el hijo del gobernador aguarda una nueva citación, el hijo de Kaleñuk deberá presentarse mañana a las 11.30 en el laboratorio del Poder Judicial, donde lo esperan una bioquímica, Lebbos, y un enjambre de cámaras y cronistas.