POLICIA
La inexplicable confusin de los Garca Belsunce

La odisea para encontrar el famoso "pituto"

La bala habia sido encontrada por integrantes de la familia, que la confundieron con un "pituto" que se utiliza para los estantes. El hallazgo demandó dos días de trabajo entre excrementos y mucha maquinaria.

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Una retroexcavadora, una autobomba, un detector de metales y dos días de trabajo demandó a bomberos, peritos y un acusado de encubrimiento, hallar entre excrementos el famoso "pituto" del Caso García Belsunce, que era en realidad una de las seis balas con las que mataron a María Marta y que sus familiares habían arrojado a un inodoro.

La tercera jornada del juicio oral cumplida hoy y en el que el viudo Carlos Carrascosa está imputado por el homicidio, tuvo como tema excluyente a ese trozo de metal que los familiares de la víctima dijeron haber confundido con un "pituto" para sujetar estantes. En realidad era una bala calibre 32 milímetros largo, la primera que le dispararon a distancia a María Marta y que no llegó a penetrar en el cráneo.

La búsqueda del "pituto" se inició el 18 de diciembre de 2002, tres días más tarde de que el fiscal instructor Diego Molina Pico tuviera por acreditado por la autopsia que la socióloga de 50 años había sido asesinada a balazos.

Los propios familiares de la víctima fueron quienes le contaron al fiscal que en el piso del baño donde apareció muerta María Marta habían encontrado un trozo de metal achatado que confundieron con un "pituto" de estantería y lo arrojaron al inodoro.

Este es uno de los puntos centrales de la acusación de Molina Pico, porque está convencido de que quienes participaron del "conclave del pituto" se dieron cuenta de que era una bala y la arrojaron al inodoro para deshacerse de la prueba.

El "pituto" fue encontrado por el medio hermano de María Marta, John Hurtig; luego el hermano, Horacio García Belsunce (h), lo levantó con papel higiénico del suelo -como aprendió "de las películas", según dijo- y, tras consultarlo con Carrascosa, el padrastro de la víctima, Constantino Hurtig, lo tiró al inodoro.

Al enterarse de este acontecimiento, Molina Pico no dudó en creer que lo que habían desechado por las cañerías era una de las balas y así fue como ordenó su búsqueda.

De acuerdo al informe leído hoy ante el Tribunal Oral Criminal 6 de San Isidro, el primer día se inspeccionó con un detector de metales el inodoro y la cámara séptica ubicada en el patio lateral de la casa y no se encontró nada.

Pero al segundo día, el 19 de diciembre de 2002, los bomberos voluntarios de Pilar llevaron una autobomba con la que tiraron agua a presión por la cañería del inodoro y pusieron una malla en la desembocadura para ver si aparecía la pieza de metal, también con resultado negativo.

Entonces utilizaron una retroexcavadora para abrir el pozo ciego de la casa, luego lo desagotaron de líquidos con una bomba y fue un bombero quien se introdujo con una pala para ir extrayendo con un balde muestras de barro y excrementos. El contenido de ese balde era volcado y desparramado sobre una sábana, donde los peritos de la policía científica le pasaban el detector de metales.

Fue en el cuarto balde cuando se produjo el esperado hallazgo. El detector sonó y fue el mismo John Hurtig, que había participado de la decisión de tirarlo, quien lo levantó y lo entregó a un experto balístico, quien estableció que era un "proyectil de plomo desnudo compatible con una bala calibre 32 largo".