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Luis D´Elía trajo de Cuba un millón de dólares en un bolso para financiar la cumbre anti-Bush

Así lo afirman fragmentos de la investigación del periodista Gerardo Young publicada en su libro Negro contra Blanco. El encuentro con Fidel.

02-10-2026 | 18:32

Luis D’Elía llegó a La Habana en un avión de línea, vía Panamá, el 19 de octubre del 2005. Enel aeropuerto lo esperaba un chofer negro, junto a un lujoso y brillante Mercedes-Benz, tambiénnegro. Lo trasladaron directo a la casa de huéspedes oficiales. Fue guiado hasta un amplio salóntípicamente caribeño, con sus baldosones rojos, macetas inmensas recubiertas por cerámicas, rejasen negro con sus dibujos, plantas, palmeras, ventiladores girando en los techos.

Un negro de impecable traje de lino se apareció de pronto y le anunció que enseguida llegaríasu contraparte, el hombre con el que debía organizar la cosa. Cuando D’Elía lo vio entrar,no podía creerlo. Era Silvio Rodríguez, el famoso cantautor cubano, el tipo al que había tarareadomillones de veces, uno de los pocos que se habían arrimado a su querido Cafrune. Silvio Rodríguezlucía gordito, con anteojitos aburguesados, pero era el mismo de siempre.

Pasaron juntos horas y horas, bajo un ventilador silencioso, de impecable coordinación,rodeados de plantas y un calor suavecito, jarras de agua helada servidas por las manos morenas delos sirvientes. Ahí estaba D’Elía, de faena en el poder, por fin en la organización, por finen la superestructura en favor de lo que creía una causa justa. En esa charla se decidió el eslogande la contracumbre, Stop Bush, una frase made in de D’Elía, tan adepto a los eslogans gancheros, pero también acorde con el contenido de losdiscursos que se iban a preparar, porque el eje de la contracumbre debía ser el rechazo al proyectode los Estados Unidos de crear un Tratado de Libre Comercio para toda la región.

Las ideas esbozadas por Silvio Rodríguez, D’Elía las volvería a escuchar esa mismanoche en boca de Fidel Castro, el viejo, interminable Fidel, en una oficina del Consejo de Estadocubano. D’Elía contaría luego que el líder de la isla lo recibió con una inquietud.

–¿Y cómo anda El Tambo? ¿Habrá sido así? ¿El indestructible Fidel, el tipo que desdeesa pequeña isla había desafiado al mundo durante más de cincuenta años, le preguntó realmente porel humilde Tambo de La Matanza? Digamos que es posible, que es un viejo truco de los líderesmostrarse interesados en los pequeños mundos de sus interlocutores.

Pero además no hay testigos que puedan desmentirlo, así que nos conformaremos con el relatoque más tarde haría D’Elía para todos los suyos. Digamos que Fidel le preguntó por El Tambo yluego, sí, le contó que Kirchner lo había sugerido a él para organizar la contracumbre y que para eso lohabían citado, porque debían ajustarse logística y contenidos.

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