SOCIEDAD
Refugiado en la espiritualidad

Chabán, el "mártir" que pide amor a padres de Cromañón

Desde la cárcel, el productor insiste en que la tragedia de Once fue producto de una interna entre fans de Callejeros. Afirma que la Justicia lo discrimina y se siente una epecie de Gandhi.

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| Gentileza: La Cornisa Producciones
Con la barba crecida y desprolija, el ex empresario Omar Chabán insiste desde la cárcel que la tragedia que lo llevó tras las rejas fue la consecuencia de una pelea entre “dos grupos de seguidores del grupo Callejeros”. Después se refugia en su espiritualidad para hablar de cómo lleva la tragedia en la que murieron 194 personas atrapadas en su boliche República de Cromañón, el 30 de diciembre de 2004.

En un reportaje al Luis Majul para su programa La Cornisa, Chabán aseguró que la Justicia lo discrimina y reconoció que se dejó crecer la barba para emprender una nueva forma de resistencia, pacífica, a lo Gandhi "porque la sociedad fue desconsiderada" con él.

"Pensé, como esto sucedió en el primer minuto del concierto, que era un acto de debilidad –resaltó Chabán en la entrevista–. En aquel momento yo pensé: “Bueno, es un acto machista”. Este grupo quería manifestar una especie de virilidad social, como decir “acá estamos nosotros”. Nunca vi en la historia del rock que en el primer minuto pasara algo. A partir de una grabación, hay una especie de líder o alguien que coordinaba uno de los grupos de seguidores, “La familia piojosa”, y se llama Sebastián. Después está “El fondo no fisura”, que originalmente sus integrantes pertenecían a “La familia…” y después se dividieron (....).

—Usted me está contando todo esto porque cree que lo que pasó fue producto de una pelea…
—Sí, después de pensar tres años, sí… Entonces este señor Sebastián dijo que había gente nueva en “El fondo no fisura” que le “sacaba el rostro” (hablaban cosas malas sobre él), y a su vez le habían escrito unos grafittis cerca de un lugar que se llama “El Hangar” y parece que en ese lugar se pelearon ambos grupos en la calle. Otra cosa que me aterrorizó al leer esa desgrabación es que estas facciones estaban peleadas entre sí, pero también lo estaban con el representante y con la banda.

—¿Por qué se dejó la barba?
—Fue una forma de resistencia, pasiva, como Gandhi. Porque la sociedad fue desconsiderada conmigo. Las imputaciones que yo tengo son contravenciones: es un juicio contravencional. El juez me debe interpelar y, clausuran el lugar, o yo pago una multa. Entonces, ¿qué es lo que hace que no sea entendido como contravención? La Justicia dice “está bien lo que usted dice”, pero acá hubo 194 muertos. Acá ya es la sordera de la Justicia, una sordera de la que hay que aterrorizarse.

—¿Usted siente que no tuvo ninguna responsabilidad de lo que sucedió en Cromagnón?
—Por supuesto que no, yo no soy el dueño de la habilitación. El lugar no es lo que dicen, era muy bueno, pero estaba mal habilitado. ¿Se entiende, después de casi tres años, que acá hubo humo tóxico y cómo actuó sobre la gente? Es decir, cuando corté el sonido fui a buscar la manguera, la gente se abrió y quedaron estos tres chicos tirando candelas al techo. Ellos no bajaron las manos, no dudaron, es decir que el acto fue intencional. Cuando bajé a buscar la manguera, en ese minuto que había luz y la gente había empezado a salir, el que se pudo salvar fue gracias a que yo corté el sonido. Hay un punto en el que también tendrían que tener gratitud hacía mí, porque si yo no hago eso morimos todos.

—¿Y cómo entraron esas cosas ahí?
—La Justicia no ha investigado. Por ejemplo, había 30 seguridades esa noche, dos carros de policía dando vueltas en la zona. En la esquina había otro carro de policía y en la mitad de la plaza había un coche. Estaba el cartel indicador: pasaban de a cinco personas, los palpaban, las chicas entraban por otro lado y también eran palpadas. Cuando se entraba al lugar había seis socorristas por cualquier cosa. Yo estuve de 20 a 40 minutos diciendo que estaba prohibida la pirotecnia, y en una forma clara. Cuando la gente salió, todos dijeron: “Chabán lo decía”. Es decir, lo decían con consciencia de culpa.

—Pero entraron…
—La prohibición era clarísima, para mí eso era una gran prohibición. Ahora, si el público tiene una actitud perversa o formas muy retorcidas, y metió material estando la prohibición… Yo diría, en esta cuestión que usted me dice de las culpas, que el público tiene que tener un llamado de atención porque tuvo una actitud abusiva. Entonces que, ¿hay un clientelismo social? ¿Como el público paga las entradas no se tiene en cuenta esa actitud?

—¿Tiene la sospecha de quiénes fueron los que tiraron las candelas?
—Mire, yo hice tres presentaciones en la causa, que fueron las mejores: por exhaustivas y específicas. En ningún caso fueron tomadas en cuenta por ninguno de los jueces que pasaron por la causa. Es decir que hay una sordera por parte de la Justicia, porque nunca citaron mi testimonio en ninguna acusación. Y yo expliqué específicamente cómo estaban las personas, las posiciones, todo… Una vez soñando me di cuenta, dado que yo vi a estas tres personas y además corté el sonido, que la gente en la situación de pánico sólo pudo ver a una de las tres personas.