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SOCIEDAD / hay equipos mixtos y un torneo nacional
domingo 4 agosto, 2019

Con liga propia, el hockey sobre hielo suma fans en pistas porteñas

Lo eligen porque resulta un ejercicio completo en un ámbito diferente. Practicarlo cuesta unos $ 3 mil por mes, y entrenan grandes y chicos.

En acción. Hay clases para todas las categorías, y los equipos se compran o alquilan (der. arr.). En el Cerro Castor, una pista al aire libre es la sede del campeonato local (der. ab.). Foto: mario keltia - marcelo silvestro - gza. fahh
domingo 4 agosto, 2019

En la Ciudad sobreviven solamente dos pistas de hielo después de su furor en los 80: una en Caballito y la otra en Flores. De día están repletas de niños que dan vueltas sobre sus patines. Pero a la noche, Winter y Alpina Skate siguen abiertas para unos pocos fanáticos de un deporte atípico en el país. “¡Deslizate más rápido! ¡Dale que nos vamos a Ushuaia, trabajamos mucho para este torneo!”, alienta Alejo Elvira (35), uno de los pocos entrenadores nacionales de hockey sobre hielo, que prepara a su equipo para la Copa Fin del Mundo, un torneo de seis clubes que termina este fin de semana con todos los clubes que practican esta disciplina y se disputa desde hace 9 años.

Este deporte, que para muchos es una rareza y que se desarrolla en Canadá, Estados Unidos y Europa, es un fenómeno que crece cada vez más. No solo existe una federación, sino que hace pocas semanas por primera vez un argentino firmó un contrato profesional en el extranjero (ver aparte).

“Siempre hice rollers y un día fuimos con unos amigos a patinar sobre hielo. Entonces vi un cartel que decía ‘Clases de hockey sobre hielo’ y vine a probar”, cuenta Leonel Torre (36), que es abogado y hace dos años que practica este deporte todas las semanas. “Como hay gente que todos los miércoles juega al fútbol, nosotros hacemos esto. De día ejerzo la procuración y de noche me descargo con el disco”, dice Torre.

Su compañero de equipo, Manuel Fedorovsky (19), estudia sistemas informáticos y afirma que “lo mejor del hockey sobre hielo es su dinamismo”. Este juego es el que más lo convenció después de probar otros “deportes raros”, como lacrosse o frisbee.

“Cuando viajé a Nueva York, fui a ver un partido de la NHL (National Hockey League) y es un show impresionante”, dice Fedorovsky. De hecho, la liga profesional que se juega en Estados Unidos y Canadá tiene distintas reglas de aquellas con las que se juega en Argentina, donde no se permiten los golpes de puño. “La NHL es mucho más violenta, porque está pensada como un show televisivo”, explica el entrenador Alejo Elvira.

Para empezar a jugar al hockey sobre hielo, una persona necesita al menos $ 5 mil para equiparse con los patines, el palo y las protecciones, que varían desde el casco hasta las canilleras. Sin embargo, los clubes tienen un stock de equipos que les prestan a las personas que no tienen y dentro de los propios jugadores nacionales hay un mercado interno en el cual se venden los equipos usados. Además, hay que abonar una membresía anual de $ 450 a la Federación Argentina de Hockey sobre Hielo y los aranceles para los entrenamientos. “En promedio, el deporte sale unos $ 3 mil por mes”, dice Elvira.

Crecimiento. “El quiebre del hockey sobre hielo sucedió cuando fundamos la Federación Argentina de Hockey sobre Hielo”, dice su actual presidente, Diego García, sobre la institución –que no está reconocida por el Comité Olímpico nacional– y que fue creada en 2010. “Yo juego desde 1986 y no había nada. Había un equipo en Ushuaia y otro en Buenos Aires, que viajábamos dos veces al año para jugar entre nosotros”, recuerda García.

Pero precisamente aquel 2010 en la ciudad austral se inauguró una cancha municipal con dimensiones profesionales, que funciona ocho meses al año. “Desde ese entonces disputamos todos los años la Copa del Fin del Mundo. En la primera edición eramos solamente tres clubes y treinta jugadores. Hoy hay 297 jugadores distribuidos en seis clubes y categorías infantiles, femenino y masculino”, detalla García, quien aclara que hasta los 16 años los equipos son mixtos.

García cuenta que “los que más se enganchan son los de 40 años en adelante, y después llevan a sus hijos”. Aún hay 80% de varones. Además, hay casos de extranjeros que toda su vida jugaron al hockey y, como ahora viven en el país, se dedican a fomentar el juego. Como Adam Burger (48), un canadiense que fue profesional durante 15 años y es profesor en Alpina Skate. “En Canadá, el hockey es como el fútbol en Argentina. Cuando éramos chicos, cada vez que volvíamos del colegio armábamos nuestro potrero en las calles que se congelaban y jugábamos durante horas”, dice.

El primer argentino que juega en las grandes ligas

Al igual que la mayoría de los niños que juegan hockey sobre hielo, Iván Schrtzman comenzó interesándose por el deporte porque, después de patinar varias veces sobre una pista, comenzó a aburrirse. Entonces, a los 10 años empezó a practicar el deporte en el equipo de Winter, a pocas cuadras de su casa de Caballito. Pero ahora, con 18 años, se convirtió en el primer argentino que firmó un contrato profesional en esta disciplina con el club Stuttgart Regles, en Alemania. “Tengo trabajo por dos años por unos 2 mil euros por mes. Tengo que asistir a todos los entrenamientos y no puedo consumir alcohol ni drogas”, cuenta el joven.

La historia de Schrtzman con el equipo alemán sucedió porque él, a los 16 años, se fue a probar a un equipo de Canadá, donde vivió durantre tres años. “Sabía jugar, pero no tenía la experiencia del resto de mis compañeros porque yo siempre había practicado en canchas más chicas”, dice el joven, que solo alcanzó un nivel “semiprofesional”. En ese país, conoció a una chica alemana con la que formó pareja. Entonces, durante el receso de invierno en el norte, viajó a Alemania junto a su novia y aprovechó para probarse en el equipo de Stuttgart, y finalmente lo ficharon.

“El entorno es difícil, porque la gente es arrogante y extraño mucho a mi país y amigos”, dice Schrtzman, que también cuenta que después de cuatro meses en Alemania logró adaptarse gracias a la compañía de su novia. “Me esforcé mucho para llegar a este nivel. Ahora quiero seguir progresando y me levanto todos los días a las 7 de la mañana para hacer entrenamiento extra”, cuenta.


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