SOCIEDAD
sensores y camaras hasta en el altar

Por la inseguridad, cada vez más iglesias cuentan con alarmas y personal de vigilancia

Contratan servicio de monitoreo para alertar sobre la presencia de intrusos en el templo o la casa parroquial. Ya hay casos en los barrios porteños de Caballito y La Paternal, y en la localidad de Ingeniero Maschwitz.

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No se salva nadie. El cura Rodolfo Arroyo, de la Parroquia del Buen Pastor de Caballito, cuenta que sufrieron cuatro robos y que en el último los autores sedaron a una perra. Algunos templos, como el de la Santísima Cruz del barrio porteño de La Paternal o Sagrado Corazón de Ingeniero Maschwitz, tienen dispositivos de monitoreo las 24 horas con sensores, cámaras de seguridad, reflectores y alarmas sonoras. | Nestor Grassi
En la fachada color cemento de la Parroquia del Buen Pastor del barrio porteño de Caballito se destaca un cartel rectangular y naranja. Allí se lee “Protegido 24 hs”, junto al nombre de la empresa de seguridad que instaló el sistema de alarmas. No se trata de un caso aislado: en el último tiempo, varias iglesias católicas instalaron sistemas de seguridad para hacerles frente a los constantes robos. Las alarmas, cámaras y hasta personal de vigilancia privada ahora se entremezclan con las figuras sagradas.

“Sufrimos cuatro robos, y en el último los ladrones entraron a la casa sacerdotal, sedaron a la perra y se llevaron todo lo que teníamos, que no era mucho: algunos objetos y lo que habíamos recaudado en un locro por el 9 de Julio que habíamos organizado”, cuenta a PERFIL el padre Rodolfo Arroyo.

“Ya teníamos rejas pero no fueron suficientes y luego que se dio a conocer ese último robo se acercaron de una empresa de seguridad y nos ofrecieron el sistema. Y no nos quedó otra alternativa que sumarlo como medida de seguridad”, se lamenta el sacerdote, que hace más de ocho años vive en esa parroquia.

La Parroquia del Buen Pastor no es la única que decidió blindarse por la inseguridad. En la iglesia Sagrado Corazón de Jesús de Ingeniero Maschwitz, al norte de la provincia de Buenos Aires, la iniciativa se repite. El sacerdote contrató los servicios de una empresa de seguridad para ponerle alarma a la capilla y proteger los objetos de valor que hay en su interior, mientras el padre no se encuentra allí. Igual resolución tomaron en la parroquia Santísima Cruz del barrio porteño de La Paternal, y además sumaron un sistema de cámaras.
“No nos quedó opción. Las iglesias no deberían tener alarmas, porque uno piensa que deberían ser lugares sagrados, respetados y que no sufrieran robos. Pero la inseguridad nos llevó a esto”, se lamentan en diálogo con PERFIL desde la secretaría parroquial de la iglesia Santísima Cruz.

En el frente de la parroquia se divisan los sensores de movimiento que conforman el sistema de alarmas y las cámaras de seguridad que registran los movimientos las 24 horas.“Por suerte, hasta ahora, la alarma no se activó”, cruzan los dedos mientras habla una de las colaboradoras del lugar.

Por su parte, la Catedral de Flores (en donde el papa Francisco decidió, a los 17 años, ser sacerdote) sumó un condimento: contrató vigilancia privada (ver aparte).
Costos. Los sistemas de alarmas oscilan entre los 2 mil y los 10 mil pesos, valores que varían según la sofisticación de la tecnología instalada, los servicios adicionales y la empresa que se contrate. A eso hay que sumarle una cuota mensual que supera los 300 pesos para estar conectado a la estación de monitoreo de la empresa de seguridad, en donde se recepcionan los alertas cuando se acciona el dispositivo.

“La chicharra de la alarma evitó un nuevo robo”, dijo hace más de un año el padre Emilio Almeida, a cargo de la parroquia Inmaculada Concepción de Ringuelet, en la ciudad de La Plata. El sacerdote, cansado de los robos, había decidido sumarse a esta iniciativa de instalar un sistema de seguridad. Y aquella vez le dio resultado. Además, por los robos de reliquias, donaciones, dinero y hasta manteles, muchas iglesias optaron por limitar el horario de apertura de las puertas del templo,
que en algunos casos se abren pocas horas antes de la misa.

 “La Iglesia no es ajena a la inseguridad reinante en la sociedad. En la actualidad, la situación no mejoró. Por ejemplo, en este momento estamos modificando las alcancías de la parroquia porque las rompen para robar el dinero que hay adentro, y las estamos adaptando para dificultarles un poco más el asunto”, ejemplifica el padre Arroyo. “Los sacerdotes y la Iglesia subsistimos con los aportes de los fieles. Sus donaciones y sus limosnas son nuestro sustento, y cada vez esas donaciones son menores. Dios no nos hace faltar nada, pero los recursos cada vez son más escasos. Y el sistema de seguridad también es pagado con lo que donan los fieles”.