SOCIEDAD
Marcador invisible de aprobación social

Qué significa ‘farmear aura’: la tendencia de la Gen Z que nació en los videojuegos y se apoderó de las calles

Detalles del fenómeno social que saltó de los videojuegos a las plazas y se viraliza cada vez más en las redes. Cómo la Generación Z convirtió la compostura, la actitud y el carisma en un puntaje digital que hoy define el estilo en redes y marca las reglas del reconocimiento en el mundo real. Las diferencias con las antiguas tribus urbanas. Qué hay detrás de “farmear aura”, la tendencia que obsesiona a los más jóvenes y desafía a la psicología entre la búsqueda de autoestima y la presión narcisista de las pantallas. Qué opinan los expertos sobre este tipo de conductas sociales.

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Con aura propia. El niño indonesio Ryan Ankaraan (foto arriba) fue uno de los primeros en farmear aura. Los gestos fueron replicados en las redes por quienes buscan “estilo”. | capturas de instagram

Si en los últimos meses escuchaste a alguien decir que un gesto elegante “le dio 10.000 de aura” o que una situación vergonzosa en la vía pública “le hizo perder aura”, no se trata de una moda mística ni de esoterismo contemporáneo. Se trata del último gran fenómeno sociocultural de la Generación Z, una lógica conceptual tomada del universo de las pantallas que transformó la actitud personal, la desenvoltura y el carisma en una métrica cuantitativa.

La expresión nace de la combinación de dos mundos aparentemente lejanos. Por un lado, el concepto farmear proviene del verbo en inglés to farm, un término clásico del lenguaje del gaming –popularizado en videojuegos como League of Legends o Pokémon Unite– que describe la acción sistemática de realizar tareas repetitivas para acumular puntos, nivel o recursos. Por otro lado, el aura representa la presencia, la serenidad y la magnética seguridad que proyecta un individuo hacia su entorno.

Así, farmear aura no es más que la ejecución consciente de acciones –tanto en la cotidianeidad física como en el entorno digital– destinadas a sumar “puntos de estilo” y estatus simbólico ante la mirada ajena.

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En plataformas como TikTok, Instagram y X (antes Twitter), la tendencia opera como un marcador imaginario y colectivo. La comunidad interviene activamente asignando o restando valores numéricos según la destreza o el tropezón de los involucrados.

Sumar aura (+1.000 o +10.000 puntos) implica resolver un momento imprevisto o de alta presión con absoluta templanza, lograr una jugada o hacto complejo sin aparentar el menor esfuerzo, o sostener la compostura con elegancia impecable. Por el contrario, restar aura (-5.000 o -50.000 puntos) es el castigo simbólico para situaciones cotidianas de vulnerabilidad: devolver un saludo a alguien que miraba a otra persona, tropezar en la calle o correr de manera torpe para alcanzar el transporte público.

Las “batallas de aura”. El fenómeno cruzó con rapidez la frontera del algoritmo para instalarse en el espacio público. En plazas y parques de Argentina, Brasil, Perú, Bolivia y Paraguay, grupos de jóvenes organizan competencias cara a cara donde miden su presencia escénica sin necesidad de contacto físico.

En estas llamadas “batallas de aura”, los participantes buscan proyectar la máxima templanza posible a través de miradas fijas, caminatas rítmicas y estudiadas (aura walk) y gestos virales como el mewing, la postura sigma o el famoso six-seven –un movimiento de palmas alternadas vinculado al rapero Skrilla y popularizado en las transmisiones de la NBA–. Un jurado o la propia multitud decide al ganador según los aplausos y la destreza del competidor para mantenerse imperturbable sin romper el personaje.

Carisma y narcisismo. Para comprender la raíz psicodinámica de esta conducta, la mirada de los especialistas resulta clave. Según explica el doctor Harry Campos Cervera, médico psiquiatra, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), la tendencia es “una moda surgida y popularizada en la red social TikTok, teniendo como detonante inicial la figura viral del joven indonesio Ryan Ankaraan. Él fue el ejemplo de farmear el aura”.

Para Campos Cervera, este comportamiento guarda similitud con códigos de épocas pasadas, aunque con un giro conceptual: “Es el viejo ‘hacer facha’ de décadas anteriores, pero sin llamar la atención. Es fomentar el carisma. Es una reacción a todo lo que era antes llamar la atención, fotografiar la comida, ser ruidoso; esto es todo lo contrario”.

El especialista desglosa esta actitud en tres niveles operativos: “Tiene un nivel del cuerpo, que es caminar lento, como hacían los compadritos de antes, la espalda recta, no encorvados. Un nivel social, que es mostrar seguridad, no ser Figuretti; y un nivel mental, que es hacer lo propio, hacer lo de uno, sin pensar en si le va a gustar al otro o no”.

Lejos de calificarlo como una conducta patológica, el psiquiatra remarca que “es no importar la opinión del otro, hacer la propia. Es fomentar la autoestima, tenerla alta y un carisma elevado”, diferenciándolo de tribus urbanas previas que promovían riesgos físicos.

Para Alejandra Doretti, médica psiquiatra, psicóloga y especialista en adolescentes integrante de APA, la práctica “representa algo que subyace detrás de las redes que es la seducción, como una aspiración narcisista. Ser maravilloso, perfecto. Farmear aura es un ejemplo más que concita este anhelo narcisista”.

Doretti advierte sobre la rigidez con la que se juzgan estas interacciones en la actualidad: “La lógica es binaria. O sos eso, un winner, o sos un desecho. Antes te podías cortar o no el pelo como el músico que te gustaba, pero no eras un fracaso si no lo conseguías. Ahora está todo muy polarizado”.

La búsqueda de pertenencia es un motor histórico en la juventud, que hoy encuentra en el lenguaje digital su principal vehículo. “Todos los adolescentes imitan a alguien”, señala Doretti. “En la adolescencia, vos tenés que pertenecer a alguna tribu que no sea la de tu familia. Farmear aura no es una tribu, es una conducta que imitan todos los adolescentes. El adolescente está mirando para afuera a ver en qué puede identificarse, y ahora todos farmean aura”.

“No necesariamente esta práctica es patológica; es normal en un formato de la adolescencia que dan las redes”, alerta sobre los costos emocionales de la exposición continua: “El riesgo que entraña es la avidez que cada uno pueda tener de reconocimiento. Farmeas aura, te sacás en un video creyendo que sos cool y te destruyen con los likes y los no likes. Si no tenés seguidores y no te lo likean, ¿cómo lo vivís en esta lógica de ganadores y perdedores que se exacerba en las redes?, concluye la especialista en salud mental.