La pregunta sobre qué constituye lo verdadero cobra una dimensión urgente en una época en que la computación alcanza una escala planetaria y sus infraestructuras entrelazan la Tierra.
En ese sentido, la exposición inaugurada en el Museo Emilio Caraffa plantea un recorrido donde las metodologías científicas se combinan con la especulación poética y los relatos de origen, desafiando la visión de que la tecnología responde únicamente a una lógica occidental y extractivista.
En efecto, los creadores convocados utilizan los sistemas informáticos no sólo como herramientas operativas, sino como agentes activos y colaboradores capaces de modelar nuevas cosmologías.
En el marco de la inauguración, Lívia Nolasco-Rózsás interpeló a los asistentes al cuestionar las certezas sobre el entorno tangible. “¿Creen en la realidad?”, preguntó la curadora y citó los planteos del sociólogo francés Bruno Latour. “Con motivo de una exposición que aborda la cuestión de la realidad en una época en la que se pueden generar mundos enteros de forma digital, me gustaría invitarles a replantear su relación con la naturaleza y la tecnología”, expresó para dar marco al horizonte conceptual de la muestra.
De Kandinsky y Schönberg a la escena local: un cruce entre arte abstracto y paisajes sonoros
A través de esa convergencia, las piezas examinan el concepto de cosmotécnica, acuñado por el filósofo Yuk Hui, para demostrar que las herramientas digitales están impregnadas de valores culturales específicos.
Las obras apelan así a ficciones especulativas, tradiciones de pueblos originarios y análisis de datos para ofrecer contra narrativas frente a la denominada ideología californiana, arraigada en la exclusión y el extractivismo. De este modo, la investigación estética se convierte en un terreno de indagación política donde lo humano, lo no humano y los entornos virtuales coexisten e influyen sobre la percepción de la vida cotidiana.
Asimismo, Nolasco-Rózsás remarcó la importancia de utilizar los marcos conceptuales del proyecto como herramientas de análisis crítico. “La cosmotécnica propone que las tecnologías siempre están integradas en cosmologías específicas. En el arte, esto se convierte en una forma de cuestionar la supuesta universalidad de la técnica occidental moderna, al poner de relieve imaginarios tecnológicos plurales y culturalmente situados”, detalló.
Además, sostuvo que las prácticas artísticas operan como “espacios para experimentar con configuraciones alternativas, en los que las herramientas, las narrativas y los materiales se reconfiguran para articular diferentes relaciones entre los seres humanos, los no humanos y el mundo”.
Miradas globales para un diálogo transnacional
El mapa de participantes refleja una diversidad de geografías y perspectivas que enriquecen el debate sobre la condición virtual. La nómina internacional es amplia y abarca propuestas como las de Juan Covelli de Colombia; Nolan Oswald Dennis y Noa Mor de Zambia; el colectivo Hollow de Hungría; Sybille Montet de Francia; Rudá Babau de Brasil; Sahej Rahal de India; Miriam Simun de Estados Unidos, y Yehwan Song de Corea del Sur, entre muchos otros. Cada uno aporta un enfoque singular sobre cómo las tecnologías reconfiguran los límites de sus propios territorios e historias localizadas.
Respecto a la metodología de esta plataforma híbrida y colectiva, la curadora enfatizó el rol de la especulación narrativa en las obras presentadas, ya que “‘Are You for Real' reúne a artistas que usan a las computadoras como herramientas, colaboradoras y agentes de la creación del mundo; y para desarrollar sus ficciones especulativas, se inspiran tanto en la investigación y las metodologías científicas como en los mitos y las narrativas”, precisó.
Ejes temáticos que estructuran la experiencia
El recorrido físico por las salas organiza las producciones en seis núcleos conceptuales que desglosan la relación entre el soporte físico y el universo inmaterial. El primer bloque, denominado “No existe el software”, toma la premisa del teórico de los medios Friedrich Kittler para analizar la dependencia física del código informático, recordando que incluso los objetos digitales más etéreos precisan de servidores, cables e infraestructura terrestre para existir.
La segunda sección, articulada bajo el concepto de “Regeneración”, aborda la capacidad de los entornos virtuales para simular y recuperar espacios o ecosistemas alterados, proponiendo colaboraciones entre humanos y máquinas que desafían las fronteras entre naturaleza y cultura.
Carlos Alonso: entre la trazabilidad del dolor y la condición humana
Por su parte, el eje “Rituales de mundos nacientes” explora las manifestaciones del pensamiento mágico como un sistema alternativo a la técnica, valiéndose de la realidad aumentada y los motores de juego para proponer cosmogonías no binarias y espacios de conexión colectiva.
La indagación continúa en la sala que alberga “Esto también es un territorio”, donde los dominios digitales son examinados como campos proclives a dinámicas de colonización y extractivismo orientados a la monetización de datos personales.
En tanto, “Agentes de predicciones fluidas” se enfoca en la dimensión prospectiva del software, comparando el funcionamiento de los modelos de inteligencia artificial con antiguas prácticas de adivinación sobre la tierra para cuestionar cómo se construyen las certezas del futuro.
El itinerario concluye con “Futuros muertos”, un espacio volcado a las historias de resistencia y la hauntología, concepto filosófico que describe cómo el presente convive con los espectros de proyectos o ideologías que no llegaron a concretarse, y donde la memoria histórica, las miradas feministas y los saberes ancestrales se articulan para reactivar debates silenciados y confrontar las omisiones de la era digital.

Obras. Diferentes instalaciones y entornos interactivos ponen de relieve imaginarios tecnológicos plurales y culturalmente situados.